Tras la masacre en la ciudad kurda de Suruç la semana pasada, el gobierno del AKP lanzó “operaciones antiterroristas” en varias ciudades arrestando más de 900 personas, como preludio de una verdadera ofensiva militar contra las posiciones de la guerrilla kurda.

En la operación policial, además de militantes del prohibido “Partido de Trabajadores” kurdo PKK y la organización clandestina DHKP-C, se detuvo también a activistas de movimientos sociales que habían protestado contra la política represiva del AKP.

Al mismo tiempo, solo se detuvo una pequeña cifra de militantes del “Estado Islámico” (EI) para encubrir esa “caza de brujas” contra la izquierda turca y kurda. Ya durante las recientes elecciones -que terminaron por poner fin a 13 años de gobierno indiscutido del AKP-, el partido islámico-neoliberal había agitado y provocado contra la izquierda y el movimiento kurdo.

Después de que murieron dos soldados tras un atentado a un convoy militar en territorio kurdo en el sureste de Turquía, las fuerzas aéreas turcas empezaron a bombardear las posiciones del PKK en las montañas de Kandil en el noreste iraquí, en la noche del viernes 24 al sábado 25.

Como respuesta a la ofensiva turca, el PKK declaró el fin del “proceso de paz”. “El armisticio quedó sin significación tras los graves bombardeos”, destacó en un comunicado. Hasta el lunes por la tarde, los 50 aviones de combate turcos habían bombardeado casi 400 posiciones del PKK. Según las “Unidades de Defensa del Pueblo” kurdas YPG, la fuerza aérea también bombardeó posiciones de los kurdos en Siria.

El partido kurdo HDP también está siendo atacado fuertemente. Cientos de militantes han sido detenidos y en los medios de comunicación y desde el partido de ultra-derecha MHP se exige la prohibición del HDP. El AKP apunta a impedir una nueva entrada del HDP en el parlamento si se realizarán nuevas elecciones, para volver a tener mayoría absoluta y gobernar sólo.

El fin del armisticio

El armisticio, que duró desde marzo del 2013 y se convirtió en la cuestión política central en Turquía, era una concesión concreta al PKK para iniciar un “proceso de paz”. Tanto la burguesía turca como los imperialismos saludaban esa iniciativa. Pero lo que impusieron como condición fue nada menos que la capitulación completa del movimiento kurdo y la consolidación de la región kurda como colonia interna del Estado turco. Mientras tanto, el movimiento kurdo fomentó ilusiones en ese “proceso de paz”, con el cual se podría “democratizar” al Estado turco.

En la noche del 24 de julio, se mostró claramente que el gobierno del AKP nunca tuvo el objetivo de lograr una verdadera paz en interés de las masas kurdas. Bajo el pretexto de atacar al “Estado Islámico”, las FFAA reabrieron la guerra contra los kurdos. Hasta la fecha, el gobierno sigue negando que quiera mandar enviar terrestres, pero los bombardeos hablan un lenguaje claro.

El ataque contra el “EI” es un camuflaje

La colaboración del gobierno turco con los bandidos del “Estado Islámico” ya no se pudo ocultar en el último tiempo.

El presidente de EEUU, Barack Obama, había acusado al gobierno turco durante la cumbre del G7 en Alemania de graves deficiencias en la supervisión de su frontera con Siria. Tras el atentado de Suruç, se presionó al gobierno turco hacia una posición más ofensiva contra “EI”.

Si bien Turquía forma parte de la alianza liderada por EEUU contra “EI”, se había negado hasta ahora a poner su base militar en Incirlik en la ciudad de Adana a disposición para ofensivas aéreas de la alianza – cuestión que se resolvió a favor recién a fines de la semana pasada.

Asimismo, los bombardeos turcos contra el “EI” constituyen una señal hacia sus aliados occidentales. Según informa el “New York Times”, EEUU y Turquía acordaron imponer una zona liberada del “EI” de cien kilómetros en el norte de Siria a lo largo de la frontera con Turquía. Aún no se habla de tropas terrestres, pero sí de apoyar al Ejército Libre Sirio (ELS).

Con ese acuerdo, el Estado turco pretende por un lado aliviar la presión de los poderes occidentales, y por otro impedir la fundación de un estado kurdo en su frontera austral. Por lo cual su verdadero foco no es “EI” sino el combate contra el movimiento kurdo.

La posición de Occidente

El gobierno en Ankara justificó sus bombardeos ante las Naciones Unidas apelando a su derecho a autodefensa, refiriéndose al artículo 51 de la Carta de la ONU.

Asimismo exigió a la OTAN una reunión extraordinaria para ese martes 28 de julio. El ministerio de Asuntos Exteriores de Ankara anunció que se trataría de deliberar sobre la asesoría y el apoyo a la ofensiva militar. La OTAN confirmó que se reunirán los 28 Estados miembros de la organización militar.

El gobierno turco se remite al artículo 4 del tratado de la OTAN previendo consultas en caso de amenaza a la seguridad o al territorio de un país miembro. Ankara no espera un apoyo directamente militar, pero si una legitimación diplomática y un apoyo político a sus acciones.

El Secretario General de la OTAN, Jens Stoltenberg, afirmó que “Turquía tiene derecho a defenderse contra los atentados terroristas.” A su vez, advirtió al gobierno turco de que no ponga en riesgo al “proceso de paz” con ataques contra el PKK.

“Es importante que las medidas sean proporcionales y no contribuyan innecesariamente a una escalada del conflicto. Un ataque terrorista no debe obstaculizar los esfuerzos por encontrar una solución pacífica y política al conflicto.”

La posición del gobierno alemán es idéntica. El pasado domingo 26 de julio, el ministro de Asuntos Exteriores alemán, Frank-Walter Steinmeier, declaró su “comprensión” por las acciones militares del Estado turco contra las “organizaciones terroristas”. Al mismo tiempo subrayó también la necesidad de continuar con el “proceso de paz” con el movimiento kurdo. Sin embargo, el PKK kurdo sigue en la lista de “organizaciones terroristas” en Alemania y en la mayoría de los países europeos, lo que muestra la hipocresía de los gobiernos europeos.

La ofensiva turca comenzada esta semana, contra las organizaciones del pueblo kurdo y organizaciones de izquierda, legitimada por la OTAN y la UE, debe ser repudiada por todos los pueblos de Europa.