Una manifestación del partido ultraderechista alemán NPD contra la llegada de cientos de refugiados a Dresde terminó el sábado con violentos disturbios. Los ataques racistas contra albergues de refugiados se han multiplicado en el último año, llegando ya a 200 casos, tres veces más que en 2013.

Este nuevo ataque xenófobo se saldó según la prensa local de Dresde (este de Alemania) con un detenido y al menos tres personas heridas tras el ataque a varios funcionarios que buzoneaban información sobre el establecimiento del campo temporal de refugiados y del intento de atropello a un voluntario de la Cruz Roja.

Alrededor de 350 activistas de izquierdas se concentraron en las cercanías del campo para dar la bienvenida a los refugiados y enfrentar a los cerca de 200 ultraderechistas que acudieron a la convocatoria del NPD.

Según los medios locales, la tensión creció con el enfrentamiento de los dos grupos y el lanzamiento de piedras y botellas por parte de los neonazis, que abandonaron el lugar antes de que llegaran ya por la noche los primeros autobuses con los primeros 470 solicitantes de asilo (de los 1100 que acogerá el centro).

Las autoridades de Sajonia, estado federado cuya capital es Dresde, decidieron levantar las tiendas de campaña para alojar de forma temporal a los numerosos solicitantes de asilo que llegan a la región y evitar que se vean obligados a dormir al raso.

Según cifras de las autoridades de Sajonia, en el primer semestre del año se recibieron en el estado más de 10.500 solicitudes de asilo, frente a las 3.800 registradas en el mismo periodo de 2014, y cada día se presentan entre 200 y 300 nuevas.

En declaraciones al diario “Südwest Presse”, el presidente de la Oficina Federal para las Migraciones y los Refugiados, Manfred Schmidt, auguró que Alemania puede recibir este año hasta 400.000 solicitudes nuevas de asilo, el doble que el pasado y cuatro veces más que en 2010.

Oleada de ataques racistas

Los incidentes de Dresde se suman a un largo listado de ataques a albergues de refugiados en los últimos meses en Alemania, que ha incluidoincendios y hasta ataques con armas de fuego.

El mismo día del ataque en Dresde, tres jóvenes presuntamente neonazis fueron detenidos en la localidad alemana de Greiz, en el estado federado de Turingia (este), después de atacar a cuatro refugiados de origen sirio que se dirigían al albergue en el que se encuentran alojados.

El ministro alemán de Interior, Thomas de Maizière, mostró hace un mes su “preocupación” por el incremento de los ataques a albergues de refugiados en el país, al presentar el último informe de la Oficina Federal de Protección de la Constitución. Según ese documento, el año pasado se registraron 170 delitos contra esos albergues (desde delitos de propaganda a daños), frente a los 55 del año anterior; en el primer semestre del año, se habían contabilizado ya 150 ataques.

Atentado contra un líder municipal de Die Linke

Pero los ataques a los centros de refugiados parecieran haber pegado un nuevo salto en los últimos días, con el presunto atentado contra un líder político municipal del partido Die Linke (La Izquierda) en la localidad de Freital (este del país), según informó la policía este lunes, después de que la pasada madrugada se registrara una explosión en su coche aparcado junto a su domicilio.

La policía se limitó a señalar que investiga en todas las direcciones, pero Die Linke tachó de “racista” el ataque a su compañero, Michael Richter, que había recibido amenazas de muerte por organizar actos a favor de los refugiados.

“No podemos dejar las calles ni el liderazgo de opinión a quienes propagan abiertamente el odio”, subrayó Richter.

Freital es una ciudad de apenas 40.000 habitantes en el estado oriental de Sajonia, que ha aparecido en las últimas semanas en los medios de comunicación nacionales por las protestas xenófobas contra la decisión municipal de convertir un antiguo hotel en centro de acogida.

Xenofobia y solidaridad

La creciente oleada de ataques contra refugiados (y ahora también políticos de izquierda) en Alemania, no se explica por fuera del clima reaccionario y xenófobo que recorre Europa en los últimos años al calor de la crisis capitalista y sus desoladoras consecuencias sociales, el cual se ha acentuado especialmente desde los atentadosperpetrados en enero pasado contra la revista satírica Charlie Hebdo y un supermercado Kosher en París.

Aunque por la fuerza de las evidencias está comenzando a cambiar, el discurso del estado alemán y la mayor parte de la prensa contra los “delitos políticamente motivados” ha reducido en el último período la violencia política de la derecha fascista a simples actos de violencia sin contenido político por parte de “pandillas”.

La contracara discursiva de la tesis que demoniza y estigmatiza a los extranjeros en general y a los musulmanes en particular. Un discurso que, a pesar de la “preocupación” expresada por las autoridades ante el aumento de las cifras de ataques xenófobos, en general tiende a relativizar la violencia nazi a la vez que exige mano dura hacia “los extranjeros criminales” y los “vándalos de izquierda”.

El discurso imperialista alemán contra los inmigrantes se sustenta en una creciente polarización de las capas medias hacia la derecha lo que se expresa en movilizaciones de la extrema derecha como Pegida, fenómenos más locales y las continuas agresiones contra los inmigrantes y centros de refugio.

Al mismo tiempo se está viviendo un reflujo del movimiento de los inmigrantes que se han movilizado desde 2012 con huelgas de hambre, marchas, ocupaciones de plazas, etc. y constituyeron el movimiento democrático más importante y dinámico, a la vez que recibió fuertes represiones estatales y ninguna respuesta del gobierno.

Pero la contracara de este fenómeno es el desarrollo de un gran movimiento solidario, extendido sobre todo en la juventud – que ya organizó dos huelgas estudiantiles en solidaridad el año pasado – y en sectores de base de los sindicatos, a pesar de la oposición de las cúpulas sindicales burocráticas intoxicadas por décadas de patriotismo imperialista.

A fines de abril, cuatro mil estudiantes secundarios y universitarios se movilizaron junto a grupos de inmigrantes en Berlín, en rechazo a la política racista y asesina del imperialismo alemán. Exigieron derechos democráticos para los inmigrantes, en el marco de una huelga estudiantil. Fue una gran acción de solidaridad estudiantil. En Dresde, 350 se movilizaron el pasado sábado.

En el desarrollo de este movimiento, especialmente si se extiende entre sectores obreros que ven en los inmigrantes a sus hermanos de clase, puede estar la clave para que las respuestas a los ataques racistas y xenófobos de los grupos neonazis pasen de una ubicación defensiva a una ofensiva, con el objetivo de derrotar en las calles a los fascistas.