Un debate a tres donde ganó la regeneración del Régimen del 78

El debate entre Pedro Sánchez del PSOE, Albert Rivera de Ciudadanos y Pablo Iglesias de Podemos estuvo marcado por la ausencia de Mariano Rajoy y por un mensaje de regeneración del régimen político del Estado Español.

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El diario El País emitió ayer online el primer debate de los candidatos a la presidencia del gobierno con mayores opciones a alcanzar la Moncloa el próximo 20D, con la ausencia anunciada de Mariano Rajoy. Pedro Sánchez, Pablo Iglesias y Albert Rivera expusieron a lo largo de más de 90 minutos su visión y propuestas sobre diferentes asuntos de actualidad. El debate se estructuró en torno a cinco ejes temáticos; 1) La amenaza yihadista, 2) Economía y empleo, 3) Política social y estado del bienestar, 4) Política territorial y 5) Reforma y regeneración política.

Pactos de Estado y moderación económica

Con los focos y toda la atención puesta en los candidatos, el presentador, Carlos Vega, abrió el debate con una pregunta directa sobre la lucha contra el yihadismo; “¿España debería formar parte de una coalición internacional contra el yihadismo?” Las respuestas de los candidatos se mantuvieron en la línea que ya han expresado ante los medios en los días posteriores a los brutales atentados del 13 de noviembre en París.

Albert Rivera, el líder de Ciudadanos, aseguró que el Estado español debería intervenir y apoyar a Francia en el marco de un pacto internacional y con el beneplácito de la ONU. En la misma línea el candidato del Partido Socialista aseguró que “Francia puede contar con la solidaridad de España, del mismo modo que nosotros hemos contado con la suya en la lucha contra ETA”.

Ambos candidatos han mostrado así su total apoyo a la política del presidente francés, François Hollande, de crear una coalición internacional para luchar contra el Estado Islámico (EI). Tanto Rivera como Sánchez han obviado, como era de esperarse, la responsabilidad que las potencias occidentales han tenido en el surgimiento del EI y en la actual situación de Siria, Irak o Afganistán. Sus coincidencias también alcanzaron para rechazar un posible referéndum para preguntar a los ciudadanos la posibilidad de intervenir militarmente o no en este conflicto, tal y como defiende Iglesias.

Por su parte el líder de Podemos se ha mostrado reacio a una intervención militar en Siria, asegurando que “las bombas ya han demostrado que no sirven de nada”. Si bien en este punto se ha llegado a la primera divergencia, el mensaje de Iglesias no ha ido acompañado de una crítica a la injerencia imperialista en la zona, sino más bien de un mensaje pacifista y algo ambiguo, asegurando que lo necesario es “atacar las vías de financiación de los terroristas”.

Iglesias citó además al ex presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, que hace pocos días apuntó que “las intervenciones bélicas para España habían sido contraproducentes”. Pero se le olvidó decir que el ex presidente del gobierno socialista destinó gran parte de los recursos económicos y militares que retiró de Irak para aumentar la presencia militar del ejército español en Afganistán.

Ya en el punto económico, tanto Iglesias como Pedro Sánchez encontraron en la propuesta del “contrato único” de Rivera, el blanco de sus acusaciones. Esta propuesta del líder de Ciudadanos fue aprovechada por el líder socialista para definir a Rivera y a su formación como un partido abiertamente de derechas, etiqueta que Ciudadanos intenta rechazar firmemente. Pero este intento de Sánchez de ubicarse “al centro” y a la izquierda de Ciudadanos tenía corto vuelo. El candidato socialista cuenta como herencia las reformas laborales del PSOE y la reforma constitucional del artículo 135 pactada con el PP para aplicar de forma taxativa los recortes impuestos por la Troika. Lejos de proponerse cuestionar las reformas laborales existentes, Pedro Sánchez sólo busca modificar los contratos actuales, pero manteniendo lo fundamental de la reforma del 2012.

El candidato socialista ha vuelto a apelar a la burocracia de los sindicatos, a quienes se propone otorgar más poder en las “negociaciones colectivas”, pero en detrimento de los comités de empresa y delegados de personal, que para Sánchez deberían seguir existiendo pero sin funciones de negociación. Una medida que es parte del decálogo de reformas que el PSOE ha presentado con el aval de UGT.

En materia económica Pablo Iglesias ha apostado por un plan de creación de empleo, ligado a la creación de un plan nacional transición energética, que según estima, servirá para crear más de 300.000 puestos de trabajo. Además añadió la necesidad de priorizar las medidas contra la corrupción y el fraude fiscal, y volvió a la carga con su paquete de medidas neo keynesianas. Lo que no aclaró el líder de Podemos es cómo llevaría a cabo toda la inversión pública requerida para sus programas económicos con las imposiciones de la Troika y con la voluntad de pago de la deuda a los acreedores, agentes a los que no se propone enfrentar de ningún modo. Su apoyo a Tsipras en Grecia, después de haber aceptado las imposiciones de la Troika, muestra las graves contradicciones de su discurso. Esto obviamente no fue cuestionado por el resto de los candidatos, ya que comparten el mismo respeto por las “instituciones” europeas y están comprometidos con el pago de la deuda.

¿Qué hacer con la cuestión catalana?

Ya en el plano de la política territorial el debate giró en torno a Cataluña y el proceso dirigido por Artur Mas. A la hora de abordar este asunto de vital importancia para el Régimen, los tres candidatos estuvieron de acuerdo en un punto: que el inmovilismo de Mas y la intransigencia de Rajoy habían llevado a esta situación. A partir de aquí, las lecturas políticas comenzaron a divergir.

Tanto Albert Rivera como Pedro Sánchez apostaron por “no ceder” frente a las demandas democráticas del pueblo catalán. El líder de Ciudadanos se escudaba en su escueto eslogan “ante el independentismo, la ley”, mientras que la fórmula del líder socialista pasaba por “una reforma constitucional que reconozca la singularidad catalana y sirva para renovar España”. Palabras vacías que esconden en última instancia la misma voluntad de inmovilismo españolista que la del Ejecutivo actual cuando se pone sobre la mesa la unidad nacional territorial.

Pablo Iglesias volvió a quedarse solo en este asalto. En su intervención volvió a defender, tal y como hiciera su candidatura en las elecciones catalanas, el derecho a decidir del pueblo catalán mediante un referéndum, aunque dijo también que esta posibilidad dependía de una reforma constitucional que debía ser antes votada por todos los españoles. Defendió esta alternativa en el marco de una “España plural y diversa”, antes de apostillar que él es “alguien que no quiere que Cataluña se marche de España”.

La propuesta de Iglesias ya encontró su techo en las elecciones catalanas. Para los catalanes que luchan por su derecho a la autodeterminación, un referéndum en el marco de la legislación española, con sus actores e instituciones, es algo irrealizable. Si la idea de convencer a tres cuartas partes del Congreso de los Diputados de votar a favor de un referéndum en Cataluña ya resulta una tentativa irrisoria en los marcos del Régimen del ’78, una reforma constitucional votada “por todos los españoles” en todo el Estado para resolver la cuestión catalana significa de antemano que se resuelva en contra de su derecho a decidir.

“Muchas gracias 1978, hola 2016”

El debate finalizó con una intervención de un minuto de los tres candidatos, destacando la de Pablo Iglesias, que sonriente, agradeció a la Transición y al Régimen del ’78 todo lo dado, para darle la bienvenida a la renovación política. “Muchas gracias 1978, hola 2016”, fueron las palabras del líder de Podemos.

También Albert Rivera aprovechó para volver a repetir su intención de fortalecer “el Estado de Derecho y las leyes”, un mensaje rancio que en ausencia del Partido Popular, supo defender también el líder de Ciudadanos.

Pedro Sánchez cerró su intervención alabando las buenas maneras del Partido Socialista y “el progreso”, que según él, había aportado al bienestar en el Estado español. Quizá el líder socialista valoró que la herencia que deja el ejecutivo de Mariano Rajoy es suficiente para olvidar las reformas laborales de Zapatero y sus millones de parados, o la inclusión en la OTAN, los GAL o las políticas de reestructuración industrial que dejaron a millones en paro, los grandes hitos del gobierno de Felipe González.

Los más de 90 minutos de debate mostraron las tendencias a la estabilización política del Régimen, que no sin esfuerzo e incluyendo nuevos agentes dentro de la fórmula bipartidista, ha conseguido, al menos por el momento, cerrar fisuras y frenar seísmos. Ninguna de las candidaturas representa una ruptura con el statu quo actual, ni pone en entredicho ninguna relación de fuerzas surgida de la transición, ni en el plano social, ni en el político ni en el económico.

¿Quién ganó el debate? Esta es siempre la pregunta del día después en un debate presidencial, que analizan periodistas, sociólogos y encuestadores. Más allá de los matices políticos y discursivos de los candidatos, lo seguro es que ganó la regeneración continuista del Régimen.

Ivan Borvba

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