Avancemos en la unidad de la izquierda anticapitalista y revolucionaria junto a los trabajadores

Hace dos años las imágenes de las plazas del Estado español repletas de miles de jóvenes recorrieron los periódicos, informativos y redes sociales de todo el mundo. El llamado movimiento de los indignados era la primera expresión del divorcio entre el Régimen político nacido de la Transición de 19’78 y amplias masas populares. La juventud fue entonces el primer sector en expresar este divorcio, que en estos 24 meses no ha hecho otra cosa que profundizarse y extenderse a millones de trabajadores y otras capas populares golpeadas por la crisis capitalista.

El segundo aniversario del 15M se da pues en un momento en el que las principales instituciones del Régimen del ‘78 están en una crisis profunda -desde el bipartidismo y sus representantes, hasta la misma Corona-, se han avivado con fuerza las demandas por el derecho de autodeterminación de vascos y catalanes y una miríada de luchas sociales y del movimiento obrero salpica todo el país.

Dos años de incremento en los ataques a los trabajadores, la juventud y los sectores populares

En estos dos años, lo que ya en 2011 se nos planteaba como la peor crisis desde los años 30, no ha hecho más que agravarse, y con ella además todas las políticas que los distintos Gobiernos de Zapatero antes y el de Rajoy ahora están impulsando -con el aplauso de la troika- para hacernos pagar la crisis capitalista mientras se siguen salvando banqueros y la patronal amasa millonarios beneficios.

Los datos son más que conocidos, y sobre todo padecidos, pues el desempleo de masas supera del 27%, el auge de los desahucios (más de 35.000 sólo en el año pasado), la degradación de la sanidad pública, la expulsión de ésta de miles de inmigrantes, el desempleo juvenil del 55%… nos tocan de lleno a las mayorías trabajadoras y populares. El Gobierno del PP ha redoblado el ataque iniciado por Zapatero, y las Comunidades Autónomas le siguen el paso, desde las “populares” hasta en las que Gobierna el PSOE -algunas también con IU, como Andalucía-, pasando por supuesto por las que están en manos de CiU, PNV y CC.

Dos años de retrocesos históricos que amenazan con barrer años de conquistas de la clase trabajadora. El caso más claro es la Reforma Laboral del PP, que además de facilitar el despido y el empeoramiento de condiciones, puede llevar a la pronta desaparición de miles de convenios colectivos. Dejando a millones de trabajadores sujetos al miserable Estatuto de los Trabajadores, que si ya era malo cuando se aprobó, después de todas las contra-reformas del PSOE y el PP -algunas con el aval de la burocracia sindical- hoy es un código de ultra-explotación.

También se nos quiere tirar para atrás en materias como la enseñanza, donde con la Ley Wert se pretende que volvamos a una educación nacional-católica, exclusivamente en castellano y con los crucifijos “velando” por nuestra rectitud moral. También en algunos derechos democráticos básicos, como con la próxima contra-reforma de la Ley del Aborto que promete hacer volver a la mujer a una situación cuasi franquista respecto al derecho a decidir sobre su propio cuerpo. Y por supuesto con un incremento de las políticas contra los inmigrantes, con más presión policial cotidiana, su exclusión del sistema sanitario que ya está causando las primeras muertes-asesinatos, el endurecimiento de los trámites de extranjería, los CIEs…

Dos años de aumento de la indignación y de extensión de la conflictividad social

La “salida” de las plazas en el verano del 2011 no significó en absoluto una vuelta a la paz social de la que hasta el 15M disfrutaba el Régimen y el Gobierno, gracias sobre todo a la pérfida actuación de colaboración con el PSOE de los dirigentes de CCOO y UGT. No olvidemos que ellos firmaron el Pensionazo que alarga la edad de jubilación hasta los 67 años, así como otros acuerdos con la patronal que abrían la puerta a la rebaja de salarios y condiciones. Después del 15M se abrió la espita de la movilización de más sectores sociales. La juventud fue la principal protagonista de aquella primavera de hace dos años, y ha seguido en pie de guerra. Pasó a organizarse en muchas facultades e institutos en el curso 2011-2012, llevando adelante algunas movilizaciones y huelgas importantes, sobre todo en Barcelona y Valencia. Este curso la situación es más contradictoria, pues si bien en la universidad no se ha logrado reactivar el movimiento estudiantil como el anterior, el relevo lo han tomado sobre todo los estudiantes de secundaria con 7 jornadas de huelga general estatal, la última de ellas junto a los universitarios y los trabajadores de la enseñanza.

Otros sectores populares también han fortalecido su respuesta, como los usuarios de la sanidad y la educación, junto a los trabajadores públicos de estos sectores, en las distintas mareas. Y sobre todo el movimiento de las PAH que ha logrado poner en la agenda política la cuestión del crimen inmobiliario, gracias a su constancia en la pelea por evitar nuevos desalojos y a su campaña de escraches que ponía rostros y nombres a los responsables políticos y financieros de este drama.

La burocracia sindical continúa siendo el principal obstáculo

La clase trabajadora también ha aumentado su respuesta a la crisis, si bien en el movimiento obrero es donde el Régimen ha construido durante todas estas décadas las herramientas de control que hasta ahora más perduran como mediación. Las ganas de luchar de los trabajadores se han expresado en innumerables huelgas y conflictos -sólo en 2012 las huelgas aumentaron un 120% respecto a 2011-, en las dos huelgas generales del 29M y el 14N y en conflictos muy duros como el de los mineros. Sin embargo la burocracia sindical de CCOO y UGT se está empleando a fondo para intentar controlar y mitigar la fuerza de la clase trabajadora, o bien frenando las luchas, conteniéndolas, o llevándolas al aislamiento, el desgaste y al derrota. El último episodio lo pudimos ver el mismo 1 de mayo. Después de no mover ni un dedo desde la huelga general del 14N no tuvieron mejor idea que ofrecerle la mano a Rajoy para negociar un gran acuerdo económico-social. ¡Bonita manera de defender a los trabajadores!, tenderle la mano al verdugo.

Todo el esfuerzo de estos burócratas tiene su porqué. Aunque muchos pseudo-intelectuales no se han cansado de repetir que la clase obrera ya no existía como sujeto de transformación -cantinela desgraciadamente muchas veces repetida por algunas corrientes de izquierda- lo cierto es que en el movimiento obrero es donde más esfuerzos se están poniendo -por medio de los Toxo y Méndez- para evitar que salga a escena con todas sus fuerzas. Somos los trabajadores los que hacemos funcionar todo, los que generamos la riqueza, esto nos convierte en el sujeto capaz de poder herir de muerte al Gobierno, al Régimen y el sistema capitalista, y por ello mismo en la clase que puede ponerse a la cabeza de las reivindicaciones del resto de sectores oprimidos, las cuales sólo se pueden resolver hasta el final sobre las ruinas del Régimen del ‘78 y el capitalismo y sus gobiernos. En Bolivia, estamos siendo testigos del potencial de nuestra clase para poder poner en jaque por izquierda a un Gobierno como el de Evo Morales, que quiere continuar con algunas de las políticas neoliberales y anti-obreras del Régimen anterior, y para -si logra desembarazarse de las direcciones burocráticas del movimiento obrero- poder encabezar al resto de sectores populares asumiendo las demandas que ni Evo ni ningún gobernante respetuosos con los capitalistas nacionales y extranjeros van a satisfacer.

Lograr que los trabajadores defenestren a las direcciones sindicales vendidas, que desarrollen formas de democracia directa y auto-organización, que levanten un programa con las reivindicaciones de todos los sectores de nuestra clase y el resto de sectores oprimidos… es una tarea clave para lograr que toda la fuerza que día a día expresan las miles de movilizaciones que llenan las calles pueda lograr una victoria, una salida de la crisis de los trabajadores y el pueblo.

El Régimen y el Gobierno están tocados, hay que hundirlos

Y es que una salida a escena de la clase trabajadora es lo peor que le podría pasar al Gobierno de Rajoy, al Rey, la patronal, los partidos de “turno” y sus satélites regionales, la casta judicial, policial… y hasta a la misma burocracia sindical que es consciente de que -como ya pasara con el sindicato vertical franquista- un ascenso de las luchas obrera no respeta las estructuras burocráticas que pretenden atar a los trabajadores para salvar al Régimen.

Toxo y Méndez están haciendo todos los esfuerzos por frenar un ascenso obrero, que es lo que los millones de despidos, el paro, los cierres, el desprestigio de todas las instituciones… están abonando. Ellos son los principales apoyos del Gobierno de Rajoy puesto que dejan pasar todos los ataques de la derecha. Y es que éste podría convertirse -como ya le pasara a la Dictadura con el ascenso obrero de 1976- en la puntilla de un Régimen que está cada vez más tocado.

Ya no solamente se cuestiona el bipartidismo y la Ley electoral, sino que ahora están entrando en barrena sus dos principales beneficiarios, el PP y el PSOE, en caída libre en todas las encuestas. La corrupción les salpica a ellos y todos los demás, y aparecen como lo que siempre han sido, aparatos electorales serviles a las necesidades de banqueros y empresarios – “los que dejan el sobre”-. Esto golpea de lleno a diputados, alcaldes y concejales, y también al Presidente del Gobierno y algún ex-Presidente. Toda una situación, que junto con los apuros financieros de las cuentas públicas, lleva a que la “oposición” al Gobierno le esté saliendo en casa, con Aznar y algunos barones regionales.

La cúspide del Estado, la Corona, también está salpicada por los escándalos de corrupción y “borbonaje” -”vivir como un Borbón”-. La Judicatura y su “independencia” no se la cree nadie, sobre todo desde que para la Infanta la Justicia es “más igual” que para el resto. Y la sacro-santa unidad de España se pone en cuestión por millones de catalanes y vascos que no se resignan a que se les siga negando el derecho a la autodeterminación como pueblo. La utilización que quiera hacer la burguesía catalana o vasca de estas aspiraciones no va tener fácil hacer tragar de nuevo una salida que mantenga la opresión nacional a cambio de sus “buenos negocios”.

Hasta la Policía ya no es vista como la garantía de la seguridad ciudadana, sino como los defensores armados de los privilegios de unos pocos, que rompen cabezas, ojos y costillas a trabajadores, jóvenes y desahuciados, mientras protegen a los corruptos.

Luchemos por un proceso constituyente revolucionario

Esta situación de crisis de Régimen tiene su expresión directa en todas las discusiones abiertas en el 15M y otros movimientos sociales en torno a la necesidad de abrir un proceso constituyente, desde el 25S hasta las distintas plataformas e iniciativas al respecto que surgen por todo el Estado.

Muchas de las propuestas que se están lanzando, y con las que venimos estableciendo un debate en la páginas de Contracorriente, plantean este proceso como una combinación de movilización social en general y conseguir imponerle a las actuales instituciones, por medio de una candidatura unitaria, la convocatoria y apertura de dicho proceso.

Para nosotros sin duda la movilización social es la clave, pero no entendemos ésta “en general” o como movilización ciudadana sin más. Una movilización que logre doblarle el brazo a la Monarquía y el Régimen del ‘78 debe estar encabezada por la clase trabajadora, paralizando la producción, haciéndola suya, y levantando las demandas del resto de sectores, desde el derecho de autodeterminación hasta el fin de la Corona. Por ello es tan importante la pelea contra la burocracia sindical, por recuperar los sindicatos, imponer métodos de democracia directa en las luchas obreras… una tarea que creemos que queda subvaluada todavía en muchas de las corrientes que hablan de proceso constituyente. Y es que justamente una visión ciudadana de la lucha lleva al equívoco de que es lo mismo que un trabajador luche diluido como un ciudadano más en una manifestación, a que lo haga desde su puesto de trabajo, que es donde más fuerte puede golpear a los capitalistas y su Gobierno.

Será pues sobre esta lucha sobre la que podremos tirar abajo el Gobierno y el Régimen actuales, algo fundamental para que el proceso que se abra no nazca “atado y bien atado” como el que dio origen a la Constitución del ‘78. Ningún proceso emanado de las actuales Cortes, consentido por el Monarca, auspiciado por el Gobierno del PP o uno del PSOE, vigilado por los jueces y policías de esta democracia para ricos… va a permitir que podamos discutir y resolver los grandes problemas sociales como el paro, los desahucios, la liquidación de los servicios públicos… o que podamos optar por el fin de la Monarquía o la consecución del derecho de autodeterminación de las nacionalidades. Es decir, no permitirá resolver las grandes demandas y aspiraciones de millones imponiendo una salida que haga pagar la crisis a los capitalistas. Una salida que entre otras medidas urgentes permita la expropiación bajo control de los trabajadores de las empresas que cierren o despidan y el reparto de las horas de trabajo manteniendo el salario, para acabar con el paro; expropie toda la banca y el sistema financiero para paralizar los desahucios, liquide las hipotecas usureras y abra el crédito a los pequeños comerciantes y productores; o imponga impuestos confiscatorios a las grandes fortunas y nacionalice las principales empresas, para con sus beneficios, poder financiar suficientemente la educación y la sanidad.

Amerita pues luchar por un proceso constituyente revolucionario, que sea abierto por la lucha de los trabajadores y el pueblo, poniendo en pie organismos de auto-organización desde los cuales poder derribar el Gobierno antiobrero de Rajoy y todas las instituciones de éste Régimen reaccionario e imponer la convocatoria de una Asamblea Constituyente Revolucionaria, elegida por sufragio universal y en una sola circunscripción estatal, capacitada para discutir y resolver sobre todas las grandes demandas democráticas y sociales.

Para hacerla posible será necesaria una gran movilización obrera y popular que retome y profundice el camino de las huelgas generales, con la unidad de los trabajadores, la juventud indignada y los sectores populares afectados por los desahucios y el paro. Dicho en otras palabras, será necesaria la intervención decidida de la clase obrera para dirigir la lucha contra el Estado hasta terminar con el Gobierno, la Monarquía y el Régimen del ’’78, y lograr imponer un Gobierno de los trabajadores y el pueblo.

El debate sobre la necesidad de un frente o candidatura unitaria de la izquierda

A la par que la discusión sobre el proceso constituyente, también se están extendiendo las discusiones sobre la necesidad de un agrupamiento de la izquierda política, el 15M y otros sectores sociales en una candidatura para las siguientes elecciones europeas y/o autonómicas.

Nosotros no nos oponemos a utilizar la contienda electoral como escenario de lucha política, pero creemos que la participación en las elecciones debe servir para popularizar y dar a conocer un programa y una perspectiva como la que hemos definido más arriba.

Hoy por hoy los proyectos políticos en los que está embarcada gran parte de la izquierda no apuntan en esta dirección. Por un lado IU viene tratando de impulsar un agrupamiento hegemonizado por ella, que busca cooptar a todo lo que esté a su izquierda y a buena parte de los movimientos sociales en la perspectiva de conquistar un “Gobierno de izquierda” con el PSOE, como está haciendo ya en Andalucía. Por otro lado, tanto el proceso constituyente de Forcades-Oliveras en Catalunya, como propuestas como la de “Alternativas desde abajo” que impulsan algunos dirigentes y militantes de Izquierda Anticapitalista e Izquierda Unida, ponen el eje en conformar candidaturas detrás de programas de reforma política y económica, con una estrategia claramente electoral, que concibe la movilización en términos de “ciudadana” y como complemento a su estrategia de ocupar espacios institucionales y también llegar a formar un “Gobierno de izquierdas” en los marcos del actual régimen.

No compartimos el apoyo acrítico que le dan a estos proyectos, y otros capitaneados por fuerzas de la izquierda independentista del mismo signo -como las CUP o BILDU-, la mayor parte de las organizaciones que se reivindican anti-capitalistas o revolucionarias. Es el caso de En Lucha o Revolta Global en Catalunya con el proyecto Forcades-Oliveras, o sectores de Izquierda Anticapitalista en Madrid siendo parte activa de “Alternativas desde Abajo”. Corriente Roja por su parte mantiene una línea contradictoria. Mientras en Catalunya saluda con entusiasmo el Proceso Constituyente de Forcades y Oliveras, en el resto del Estado critica correctamente los intentos de IU de hegemonizar los agrupamientos que se están produciendo, motorizados por las elecciones europeas y plantea algunos ejes programáticos para un posible Frente de Izquierda que podemos compartir; como la apuesta por el no pago de la deuda y no su auditoria, por la nacionalización bajo el control de los trabajadores de toda la banca o la perspectiva de luchar por un Gobierno de trabajadores. Ocurre algo parecido con el grupo Lluita Internacionalista, con el que compartimos buena parte de las críticas al proyecto Forcades-Oliveras -como su llamamiento a sumarse a ICV e incluso independentistas de derechas- , pero mantiene un apoyo muy poco crítico a las CUP, aún a pesar de su deriva hacia “la mano extendida” hacia el Govern de CiU en la cuestión nacional.

La extrema izquierda se debate pues entre posiciones que apuestan abiertamente por el total seguidismo y adaptación a “lo posible” o “existente”, y otro sector que mantiene por momentos una actitud más crítica que desde nuestro punto de vista debería llevar hasta el final. Para nosotros es preciso desechar tanto “los cantos de sirena que vienen de la dirección de IU” -como bien señala Corriente Roja en su declaración “Por un Frente de Izquierdas”- como los que puedan venir de otras figuras como la monja Forcades o Julio Anguita, que más allá de que en tal o cual punto de su programa puedan usar un verso más de izquierda esconden también proyectos de carácter reformista y de clara conciliación de clases.

Para nosotros es necesario que todas las organizaciones y militantes que buscamos una salida revolucionaria a la crisis, demos pasos en constituir un gran frente de los trabajadores junto a la izquierda anticapitalista y revolucionaria. Un Frente que pelee por una estrategia y un programa de ruptura revolucionaria -y no de reforma o de la ya ensayada y utópica “ruptura democrática”- encabezado por la clase trabajadora, que pueda usar el terreno electoral como un escenario más de denuncia y lucha política contra el Régimen, pero ponga el eje en la intervención en la lucha de clases, el lograr que las actuales peleas del movimiento obrero, estudiantil y popular se conviertan en escuelas para derribar el Régimen del ‘78 y poder barrer con él al capitalismo español. Un Frente que sirva para avanzar en una tarea que sigue siendo clave para garantizar el triunfo de las actuales luchas y las crisis revolucionarias que puedan abrirse en el próximo tiempo, la construcción de un Partido de Trabajadores Revolucionario.

 

Santiago Lupe

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