Este aniversario fue singular por muchos aspectos. En primer lugar, los líderes occidentales boicotearon el desfile del Día de la Victoria en Moscú. A su vez, por primera vez, las fuerzas militares chinas marcharon en la Plaza Roja.

 

Estos dos países son los que más muertos militares y civiles tuvieron durante todo el conflicto: más de 25 millones de muertos en el caso de la ex Unión Soviética sometida a la invasión nazi (aunque la cifra exacta se desconoce, es la que tuvo la mayor carga, casi un 15% de su población) y unos 15 millones en China, sometida al agresivo imperialismo japonés.

El presidente chino Xi Jinping llevó la delegación extranjera más grande a Moscú, incluyendo representantes del sector de la defensa, del área económica, energética y equipos financieros. La asistencia de Xi es también en preparación para la visita de Putin para las propias celebraciones del Día de la Victoria de China en septiembre.

En el marco del aislamiento occidental a Rusia a consecuencia de la guerra en Ucrania, la presencia del principal dirigente chino junto a Putin en este día histórico para los rusos, la participación de los militares chinos en el desfile y la presencia de buques de la Marina del Ejercito de Liberación del Pueblo junto a la Flota del Mar Negro de Rusia, es un mensaje directo y de gran alcance para las principales potencias imperialistas.

Un despliegue de fuerza

El desfile de este año destacó los logros de la industria de defensa rusa. Una serie de vehículos de combate de reciente desarrollo se robaron el show. El tanque de nueva generación T-14 Armata estuvo indudablemente a la vanguardia, así como el vehículo de infantería de combate Kurganets-25, el sistema de artillería autopropulsado Koalitsiya y tres misiles balísticos intercontinentales Yars mejorados que también participaron de la exhibición, entre otros. Mostrando éste armamento el Kremlin emite una señal clara sobre sus ambiciones de reformar y modernizar todo el ejército ruso.

Según expertos militares el tanque Armata tiene una torreta no tripulada equipada con un cañón de ánima lisa de 125 mm que puede disparar tanto proyectiles convencionales como misiles teleguiados. La tripulación de dos hombres, tiene una mejor protección que la existente en cualquier tanque convencional. Estarán protegidos por una cámara reforzada separada de la torreta que es controlada remotamente. El sistema de computación de nueva generación, la velocidad a campo traviesa y maniobrabilidad son superiores a las del tanque T-90, versión estándar que equipa actualmente a las fuerzas blindadas rusas. A su vez, según un informe de la Agencia de noticias de RT de Rusia, el tanque tiene “dentro de su plan operativo” la capacidad de “convertirse en un vehículo de combate totalmente robótico.”

Para el año 2020 las fuerzas armadas rusas contarán con 2.300 Armata T-14 operativos, que reemplazarán a los tanques cuyos diseños originales datan de la era soviética.

Las fuerzas armadas rusas están pasando por una serie de cambios, incluyendo actualizaciones de doctrina, de reestructuración de personal en el ejército y la adopción de una amplia gama de tecnologías de reciente desarrollo. Estos cambios son necesarios para que el Ejército Ruso pueda mantener su relevancia y para reforzar la posición de Rusia en Ucrania y contra la OTAN.

En efecto, el mayor desfile militar desarrollado en Moscú en toda su historia pinta una imagen de Rusia como una potencia militar masiva, desarrollando equipamiento militar de primer nivel en medio de una revisión de su equipamiento militar que va a cambiar la cara de las fuerzas rusas en la tierra, en los mares y en el aire.

El siempre presente y aún no terminado conflicto ucraniano

Las perspectivas de una solución pacífica de la guerra civil ucraniana son poco probables, como ya adelantamos al momento de la firma de los acuerdos de Minsk II, que detuvieron frágilmente la última escalada de la guerra. No por casualidad, aunque no estuvo presente -al igual que los otros líderes de los países imperialistas- el día del desfile, la canciller alemana, Angela Merkel, asistió sin embargo a la ofrenda floral el día después.

Es que Merkel es la principal negociadora entre Kiev y Moscú, así como entre Moscú y Occidente, y su asistencia a la colocación de la ofrenda floral ilustra el papel continuo de Berlín como mediador en el conflicto ucraniano.

Pero el éxito de su mediación es cuestionable. Es que el deterioro de las condiciones en el terreno en las últimas semanas, las continuas provocaciones de Washington y sus aliados en Kiev y la demostración de fuerzas de Moscú, auguran no solo nuevas escaladas en el teatro de operaciones ucraniano, sino que los choques entre las grandes potencias sigan desarrollándose hasta niveles desconocidos desde la implosión de la ex URSS.

Para los pueblos de Europa las perspectivas de guerra, incluso nuclear, son cada vez más una posibilidad lamentablemente presente.

Juan Chingo

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