Tsipras capitula ante la Troika y se abre una crisis en Syriza

Las nuevas concesiones del gobierno griego, que aceptó recortar pensiones y subir el IVA, acercan un acuerdo entre Grecia y la Troika. Ante el abandono de los puntos más importantes de su programa electoral, Syriza ha entrado en una profunda crisis.

El acuerdo que está negociando Tsipras con la Troika hace cinco meses, y que ahora se encuentra más cerca de concretarse, implica la aceptación por parte de Grecia de la mayoría de las exigencias de la Troika, abandonando casi todas sus promesas electorales. Una actitud que ya muchos, dentro y fuera de Syriza, consideran una capitulación.

El acuerdo del 20 de febrero fue la primera gran concesión, al aceptar la prórroga del rescate, el control de la Troika sobre las cuentas griegas y el compromiso de no tomar “medidas unilaterales”. A este primer retroceso, le siguió un aumento de las presiones del Eurogrupo y el FMI para imponer la continuidad de las políticas de recortes y “austeridad”, en el marco asfixiante del pago de la deuda.

El gobierno de Tsipras se ubicó en una posición absolutamente defensiva, retrocediendo con cada nueva propuesta. Las últimas semanas, las negociaciones se ha desarrollado en medio de un constante chantaje desde el BCE, el Eurogrupo y el FMI, amenazando con el fantasma del “Grexit” y la quiebra de Grecia.

La última propuesta presentada por Tsipras, recibida favorablemente por la Troika como base para un acuerdo, acepta finalmente una reforma en el sistema de pensiones, con una eliminación paulatina de las prejubilaciones, aumento de la edad jubilatoria y mayores cargas en las contribuciones sociales para los pensionistas. También se aplicarán aumentos en impuestos regresivos como el IVA (que afectan especialmente a la población trabajadora y de menos recursos). El acuerdo incluye otras medidas como un aumento en el impuesto de sociedades, a bienes de lujo y a la publicidad en TV, y una pequeña reducción del presupuesto de defensa.

Sectores afines a Syriza, dentro de Grecia o en el Estado español, lo presentaron como “un buen acuerdo”, diciendo que Tsipras “ha cedido muy poco”. Así lo afirmó el líder de Podemos, Pablo Iglesias, al valorar este martes en la televisión española el principio de acuerdo.

Sin embargo, la realidad es diferente. A lo largo de estos cinco meses, se han cruzado casi todas las “líneas rojas” que se había fijado Syriza durante la campaña electoral. Se aceptará una nueva prórroga del rescate, la reforma de pensiones, un aumento de impuestos a la población, se congela el aumento de salarios, se mantiene el proceso de privatizaciones. Llamar a esto un “buen acuerdo” es difícil de defender.

Crisis en Syriza

En un artículo publicado el 23 de junio, uno de los referentes de la Plataforma de Izquierda de Syriza, Stathis Kouvelakis, aseguró que “la lista de medidas del nuevo paquete de austeridad propuesto por el gobierno de Syriza es absolutamente deprimente.”

El vicepresidente del Parlamento e integrante de Syriza, Alexis Mitrópulos, dijo a su vez que estas propuestas “no se pueden votar, porque son extremas y antisociales”. “Creo que este paquete no puede entrar así en el Parlamento”, aseguró.

Mientras que el diputado de Syriza Yanis Mijeloyanakis sostuvo que estas medidas serán una “lápida para Grecia”. Mijeloyanakis calificó las nuevas propuestas como un plan “peor que el primer rescate”, que aumentará la miseria social en Grecia. “¿Cómo se puede hacer un acuerdo que aumentará los suicidios y empobrecerá a la gente?”, preguntó.

Estas declaraciones pusieron en duda la posibilidad de que el gobierno logre una votación favorable en el Parlamento. Sin embargo, Tsipras cuenta con otras opciones. La primera, el apoyo que pueden dar al acuerdo otros partidos, como los diputados de To Potami, un partido liberal de centro que ha ofrecido a Tsipras un acuerdo “de salvación nacional” para aprobar un acuerdo con el Eurogrupo.

La otra posibilidad, que no puede descartarse, es que el gobierno se vea obligado a llamar a un referéndum, o incluso a elecciones anticipadas, para ratificar el acuerdo. Si bien esto abriría un período de incertidumbre política, el gobierno cuenta a su favor con un importante grado de apoyo entre la población, según las últimas encuestas, ante el temor que genera en amplios sectores la posibilidad de un “Grexit”, con el miedo a un “corralito” y la devaluación de la moneda que llevaría una espiral de inflación. No por nada, entre los líderes imperialistas de la UE, esta variante se ha visto como una salida viable en las últimas semanas.

Para justificar el acuerdo, Tsipras está intentando arrancar a la Troika el compromiso de que en el futuro se evaluará una reestructuración de la deuda. Una línea similar a la que tuvo en 2012 el entonces primer ministro y líder de Nueva Democracia, Antonis Samarás, que consiguió una promesa semejante, pero nunca se concretó en la realidad.

En su artículo del martes, Kouvelakis llama a la movilización contra un nuevo ajuste: “Este espiral de retrocesos tiene que terminar antes de que sea demasiado tarde”, dice. ¡Ya es hora de que los movimientos sociales y las fuerzas combativas de la izquierda reaccionen y luchen!”

¿Está planteada la ruptura de Syriza en lo inmediato? No está claro todavía, aunque es una posibilidad. Lo que es indudable es que los sectores críticos de Syriza han desperdiciado un tiempo valioso en “debates parlamentarios” dentro del irrelevante Comité Central de Syriza, durante el cual no solo se negaron a impulsar la movilización en las calles, sino que llamaron a confiar en el gobierno, del que siguen formando parte.

Mientras se negociaba y se abandonaba cada una de las promesas de su ya limitado programa electoral, las condiciones para enfrentar a la Troika han empeorado constantemente. Por ello, lo que hacía falta eran menos declaraciones a la prensa y más acciones para desarrollar la organización de los trabajadores y la lucha de clases. Pero para ello, la “izquierda” de Syriza debería haber roto hace tiempo con el Gobierno y con su propio partido, que es justamente lo que no está dispuesta a hacer.

En estos primeros 150 días de gobierno, el gobierno de Syriza ha transitado una importante prueba, en la que se ha demostrado la impotencia de su estrategia reformista de conciliación con la Troika y los acreedores imperialistas europeos.

Para evitar que el pueblo griego sea condenado a la miseria por generaciones, se hace más urgente que nunca la necesidad de imponer mediante la lucha de clases un programa que enfrente a la Troika, planteando la ruptura de todos los acuerdos y memorándum, el no pago de la deuda, la nacionalización de la banca y el control obrero, en una perspectiva de movilización obrera y popular, independiente del gobierno.

Josefina Martinez

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