Un revival de 2009 pero sin mucho filo

Las recientes decisiones de la FED y el BCE y las autoridades chinas confirman el estado peligroso de la economía mundial. Una doble recesión se instala en Europa donde la eurozona sigue en riesgo de fracturarse; la economía norteamericana sigue con un crecimiento anémico al tiempo que las ganancias de las empresas caen; China bordea un aterrizaje forzoso a la vez que se postergan las decisiones para marchar a otro patrón de crecimiento , mientras los países productores de materias primas que se jugaron a la perspectiva de un crecimiento chino sostenible e imparable deben adaptarse brutalmente en el próximo periodo a este dato estructural del fin del crecimiento fácil en el gigante asiático se cómo se dé la transición a un nuevo equilibrio económico. A la vez en todas estas regiones crece el descontento social, en especial en los países capitalistas centrales y crece el temor en los medios dominantes a explosiones sociales.

En otras palabras, todas las grandes economías mundiales están entrando simultáneamente en recesión o en una desaceleración de su crecimiento, arrastrando al sector financiero mundial a una probable nueva y fuerte sacudida. En este marco las respuestas monetarias -aunque distintas- de la FED y del BCE pueden aumentar la brecha entre la economía real y la especulación que va a pegar un nuevo salto en los próximos meses aumentando el riesgo de crack financiero y bursátil mayor al 2009, a la vez que el plan de estímulo chino solo puede agravar aún más los desequilibrios masivos de la economía china dejando como única alternativa salidas cada vez más traumáticas tanto para ésta como para el resto de la economía mundial, en especial los países semicoloniales productores de materias primas. El dislocamiento de la economía mundial que comenzó con el colapso del Lehman Brothers entra en una nueva etapa, la de “El fin de las ‘soluciones milagrosas’ de 2008/9 y el aumento de las rivalidades en el sistema mundial”, como anticipamos en Estrategia Internacional N°28.

QE3: ¿Hasta cuándo se puede patear la crisis hacia adelante?

El rol del dólar como moneada de reserva mundial, que ha permitido a Estados Unidos gozar de un “señoreaje monetario” planetario, es decir dejar correr sus déficits presupuestarios y pedir prestado en el extranjero sin sufrir ataques contra su moneda, ha posibilitado que este pueda patear las decisiones más difíciles de la crisis hacia adelante. El QE3 es un paso más en este camino: este programa consiste en la “compra de títulos respaldados por hipotecas por valor de 40.000 millones de dólares al mes”, lo que sumado a la “Operación Twist”, ya en marcha, de canje de bonos de corto por largo plazo, supondrá una inyección de liquidez de cerca de 85.000 millones de dólares al mes. De lo que se trata, según la ingeniería de la FED, es de arrastrar primero a los mercados financieros y justo después a los segmentos menos dañados de la economía real.

Pero este rescate de títulos hipotecarios inmobiliarios que intenta hacer revivir este sector clave para la economía y, a través de éste, el empleo y el consumo, confunde los problemas de liquidez con los problemas de solvencia, ya que la cuestión central es que la población ya no tienen más dinero para comprar o construir viviendas (y la caída de las tasas de interés de los prestamos no va a cambiar esta situación). Mientras tanto la forma de la operación marca un giro importante: es que en lugar de comprar bonos del Tesoro, la FED va a intervenir para comprar “activos de agencias basados en hipotecas” (1) en mano de los bancos y casas de inversión, lo que permitirá a estos deshacerse de algunos de los “activos tóxicos” que sirvieron de detonante de crisis. Junto a la decisión de no subir las tasas de interés hasta mediados de 2015 esto disparará una nueva ronda especulativa en el mercado de bonos y en la bolsa, inflando las ganancias de los bancos… cada vez más desconectada del verdadero estado de salud de la economía real, la cual se hunde cada vez más en la deflación, a la vez que crece la fragilidad financiera en la medida que el sistema de crédito sigue rápidamente expandiendo su deuda no productiva. Los riesgos de un crack y una gran depresión como en 1929 son cada vez más reales.

En conclusión, Bernanke gana tiempo hasta 2013(o más precisamente un impulso a la reelección de Obama), pero más temprano que tarde el camino se estrecha para la administración norteamericana: o continúa manteniendo a su bancos “zombis” pero a costa de un estancamiento a la japonesa o reestructura y sanea una parte de sus finanzas internas alejándose de su dependencia total de la financiarización de su economía e invertir la tendencia a una relocalización de la producción –algunos de cuyos síntomas comienzan a verse- lo que implicara a la vez un fuerte roces y enfrentamientos con China y otros países dependientes y semicoloniales. Una segunda opción como esta solo es concebible producto de un salto en la crisis y una nueva relación de fuerzas, después que el mismo Obama insinuara a comienzo de su presidencia una variante de este tipo pero la clausurara raudamente por presión de Wall Street.

Plan Draghi: Armisticio momentáneo entre EE.UU. y Alemania

Es en este contexto que debe inscribirse el aumento de la presión de Washington a Berlín y la resistencia alemana correspondiente. El “plan Draghi” es en cierta manera un compromiso en la guerra financiera velada entre estos dos potencias imperialistas: mientras Draghi avanza en un plan de compra de bonos (OMT, o Outright Monetary Transactions) mismo con la oposición del Bundesbank, el mismo a insistencia de Alemania es fuertemente condicionado. La asimetría de la respuesta transatlántica con el estimulo monetario amplio del QE3 puede verse en los siguientes elementos: 1) La acción inmediata queda descartada. El BCE sólo se moverá cuando los países hayan subscrito sus programas de ajuste estructural, y eso llevará su tiempo. A más de una semana de anunciado, tanto Alemania-con la ayuda de Finlandia- a la vez que Rajoy por motivos opuestos están postergando la aplicación efectiva del mismo: para Merkel es políticamente más fácil no pedirle al Bundestag aprobar el programa español, a la vez que el primer ministro español quiere evitar la humillación nacional de un plan de rescate y someterse a la disciplina del imperialismo alemán. Francia por su parte presiona a España para que acepte. 2) El BCE desplegará su potencia de fuego para que bajen los tipos de interés de los préstamos pedidos por aquellos partícipes de la moneda única en problemas, siempre y cuando los gobiernos de los estados solicitantes se avengan a condiciones “estrictas y efectivas”, en otras palabras un reforzamiento de sus planes de austeridad. Esto último es el precio que Draghi debió pagar para lograr la aquiescencia a su plan de Alemania y otros países acreedores, en otras palabras un racionamiento de la deuda por los países de la periferia bloqueando un posterior crecimiento de la misma que abriría la puerta a las finanzas transnacionales.

Que este “armisticio momentáneo” sea posible se explica por la necesidad de Obama de tener el escenario tranquilo hasta las elecciones, las mismos cálculos de Merkel en 2013, el reforzamiento del bloque pro-keynesiano financiero en la UE con Monti y Hollande a la vez que la constatación alemana que una salida precipitada de Grecia del euro la pondría frente a un escenario catastrófico en el cual para evitar el caos debería levantar todas sus reticencias a la mutualización de las deudas, exigidas por el bloque EE.UU./Wall Street.

Pero la pelea de fondo no hace más que comenzar. Es que como decimos en la nota de Estrategia Internacional, al programa de un nuevo ciclo de endeudamiento europeo comandado por Wall Street, el Gobierno alemán está en algún modo oponiendo –sin querer ir al choque abierto con Washington– una línea de mediación. Merkel apunta a una distribución concertada de parte de los “excesos” de deudas/créditos existentes, mientras busca preservar su base industrial y los vínculos económicos con Rusia y China. La divergencia creciente entre Washington y Berlín, más allá de los resultados, es un indicador importante de la profundidad de la crisis en curso, portadora de convulsiones en la relación transatlántica que no se veían desde la Segunda Guerra Mundial, brecha mucho más profunda por el momento que la relación entre Estados Unidos y China (el otro eje fundamental de la geopolítica de la crisis mundial). Lo que está en discusión es una reestructuración de la relación entre producción y financiarización de la economía, fundamental para saber quien carga con la desvalorización de la masa de capital ficticio que se ha creado en estas décadas. En consecuencia sólo estamos a principios de un proceso de violenta reestructuración de los equilibrios globales y de destrucción de capitales. El viejo equilibrio capitalista está acabado, aun no se ve los contornos del nuevo.

El parate chino se concretiza: los precios de las materias primas podrían sufrir una brutal caída en los próximos años

La economía china no está sana. Atrás quedaron los tiempos donde algunos bancos de inversión señalaban cifras de 9% de crecimiento para 2012. Ahora la casi totalidad de las previsiones apuntan a un 7%-8%.Todos los indicadores señalan un crecimiento pobre para este año: las exportaciones crecen mínimamente; las importaciones caen, en particular el petróleo; el margen de ganancias de las principales empresas –según un informe del Boston Consulting Group- viene rezagándose desde 2009, cayendo al 11% el año pasado en comparación con 18% de sus pares globales; algunos bancos como Nomura piensan que China va a tener un déficit de cuenta corriente en 2014.

Es en este contexto que se anuncia un nuevo plan de estimulo. Las cifras están sujetas a controversia. Algunos hablan de un “bazooka” fiscal, otros opinan que las cifras abultadas que se anunciaron son un mero espejismo, en gran parte planes de construcción de carreteras y trenes urbanos ya en ejecución. Lo que sí, sin embargo, está claro es que toda masiva intervención estatal puede agravar los desequilibrios estructurales de la economía china: es que la economía ya ha sido “sobrestimulada” y volver por el mismo camino solo llevaría a los mismos problemas que se viven actualmente pero con consecuencias mucho más severas. Digamos primero que nada garantiza los mismos resultados de antaño, puesto que el anterior plan de estimulo no solo fue la intervención directa del estado, sino también créditos fáciles y masivos, la burbuja inmobiliaria. Pero sobre todo después de esta orgía de inversiones y especulación se estima que la utilización de capacidad productiva ha pasado del 80% en momentos previos a la crisis al 60% actualmente, los beneficios como vimos son cada día son menores, al igual que los “profits warnings”, especialmente en acero, construcción, materiales, empresas públicas ,etc. ¿De qué serviría otro estímulo basado en inversión si actualmente sobra prácticamente la mitad de la capacidad del país y las ganancias caen? La racionalidad económica de algunas SOEs (empresas públicas) que a pesar de operar en sectores en caída libre, como el acero, no paran la producción porque sería demasiado perjudicial para el empleo sería desde el punto de vista capitalista cada vez más contraproducentes.

Agreguemos a esto la misteriosa desaparición durante semanas de Xi Jinping, vicepresidente chino y posible futuro líder del Partido Comunista, a un traspaso de mando ya complicado por el escándalo en torno a la caída de Bo Xilai, como explicamos en Estrategia Internacional N°28. No sorprende que con todas estas incertidumbres continúe la salida de capitales, sobre todo proveniente de las altas esferas. En otras palabras, esta fuga de capitales parece ser una especie de seguro de sectores bien informados, una cobertura en caso de que la transición de poder de 10 años en octubre vaya muy mal, el temor a estallidos sociales revolucionarios como ha sido la tradición china en todo el siglo XX o incluso en el caso de que una “guerra” envuelva la región del Pacífico -como el secretario de Defensa de EE.UU., Leon Panetta, advirtió este fin de semana.

Conclusión: así como en Europa y EE.UU., en 2012 China puede evitar lo peor retrasándolo con más estímulo monetario, fiscal y crediticio. Pero no solo un aterrizaje forzoso resulta más probable en 2013 -cuando se disipe el estímulo, aumenten los créditos morosos, se acelere la reducción de las inversiones y ya no se puedan poner parches ante el problema de refinanciación de las deudas de las administraciones provinciales entre otras cuestiones que se vienen acumulando- sino que en forma más estructural y preocupante “el modelo de crecimiento fácil” se terminó. Si las tasas de crecimiento chino bajan drásticamente en el próximo periodo, los países productores de materias primas que han significativamente sobreestimado la sustentabilidad del “patrón de crecimiento” chino pueden ser duramente afectados. Tomemos en cuenta que mientras China representa sólo el 11% o menos de la economía global, representa un porcentaje muchísimo más grande a nivel mundial de la construcción de puentes, líneas ferroviarias, sistemas de metro, rascacielos, instalaciones portuarias, diques, instalaciones de construcción naval, carreteras, y así sucesivamente. Es este modelo de crecimiento el que está llegando a su fin y el que explica la desproporcionada proporción de China en la demanda mundial de hard commodities. Agreguemos la acumulación de stock y la especulación en estos materiales que se desarrolló en los últimos años de crecimiento de los precios de estas materias primas. A la vez que, del lado de la oferta y, después de un comienzo timorato después de dos décadas de niveles históricamente bajos de las materias primas, aún se siguen concretizando o finalizando los planes de inversión para aprovechar el inesperado aumento de la demanda de la última década, agregando enormes capacidades de producción suplementaria. Todos estos elementos, pueden provocar una fuerte baja en los precios de las materias primas que sea un golpe de gracia a los grandes países productores (en especial países semicoloniales aunque también Australia o Canadá entre los países imperialistas) más expuestos al viejo modelo de crecimiento chino.

La destrucción de fuerzas productivas que la sobreacumulación en China anticipa en este país y en los países productores de commodities, así como el nuevo golpe que sufriría la producción en importantes ramas industriales de los países centrales que se vinieron expandiendo al calor del crecimiento chino, son la otra pata de la masiva desvalorización de capitales productivos y ficticios que estamos en tren de comenzar a presenciar a nivel global y que aseguran un panorama convulsivo de la economía mundial en los próximos meses, años.

Notas: 1. En inglés agency mortgage-based securities, o “agency MBS securities”

Corriente Revolucionaria de Trabajadores y Trabajadoras (CRT)

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