El “sueño europeo” de mujeres y niñas refugiadas: explotación sexual y pobreza

El peligro para las mujeres y menores refugiadas durante el trayecto hacia Europa empieza desde el primer momento. El abuso sexual cotidiano y la explotación sexual se convierten en una terrible pesadilla para las mujeres que escapan de la guerra y la miseria de sus países.

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Con la continua llegada de centenares de miles de personas desplazadas desde Oriente Próximo hasta las fronteras europeas huyendo de la guerra y la pobreza, la llamada “crisis migratoria” se convierte hoy en una catástrofe social y humanitaria de dimensiones sin precedentes desde la Segunda Guerra Mundial.

Los datos recogidos en los informes de las organizaciones internacionales presentes en el terreno, como ACNUR o Save the Children apuntan a que el número de refugiados que han llegado a Europa durante este 2015 se acerca al millón. Más de 400.000 lo hicieron cruzando el mar, la mayoría a través de la frontera entre Turquía y Grecia, un trayecto enomermente arriesgado en el que perdieron la vida más de 3.257 personas.

Sin embargo, el riesgo empieza mucho antes, especialmente para mujeres y menores. Según la ONU una de cada cuatro personas desplazadas son mujeres, otros tantos son niños y adolescentes, que en muchas ocasiones se ven obligados a realizar una parte del trayecto, o todo el trayecto solos. Colectivos que se encuentran en claro riesgo.. La conocida como “prostitución de supervivencia” se ha convertido en un fenómeno cada vez más extendido, de dimensiones desconocidas todavía y que afecta a miles de mujeres y niños ante la mirada impasible de la Unión Europea, que bajo el falso pretexto de la “falta de recursos” contempla con cinismo su barbarie imperialista.

En los últimos informes recogidos por ACNUR se recopilan varios testimonios de mujeres y menores que afirman haberse visto en la necesidad de permanecer en situación de prostitución debido a la falta de recursos económicos. En muchos casos al no poder enfrentar el coste del viaje buscan la oferta más barata entre una amplia gama de traficantes. La deuda que pesa sobre sus espaldas, sumada a la imposibilidad de encontrar trabajo y la escasez de recursos durante el trayecto las acaba sometiendo a la explotación sexual.

En otros casos, los robos y saqueos que padecen durante el viaje son el desencadenante de este destino. La falta de infraestructuras e iluminación en los caminos, así como la saturación de los “campos de acogida” para refugiados, obligan a muchas mujeres, niños y niñas a buscar cobijo en zonas no adecuadas, dejándolas totalmente expuestas a mafias y proxenetas; lo que lleva a que muchos menores y mujeres sean captadas para la explotación sexual.

En otros casos, la necesidad de encontrar dinero rápido para poder enviarlo a su familia se convierte en una pesada carga que las lleva directamente a los brazos de sus prostituidores, que actúan como intermediarios prometiéndoles trabajo y dinero.

Estos mismos informes, dan cuenta de cómo muchas familias se ven forzadas a confiarles sus hijos e hijas a amigos o conocidos que unas veces los acaban abandonando, otras vendiéndolos a traficantes. Se estima que una gran parte de esos niños y niñas acaban desapareciendo y que probablemente se encuentran sometidos en redes de explotación sexual o de comercio de droga.

Sin duda, la crisis migratoria internacional está poniendo de relieve la contracara más horrible del capitalismo, que en estrecha alianza con el patriarcado obliga a miles de mujeres y menores a la prostitución como consecuencia de la pobreza. Las miles y miles de desplazadas se convierten en el mejor recurso para las corrientes del crimen organizado.

Pero mientras esto ocurre, políticos y dirigentes de la “Europa fortaleza” siguen imponiendo medidas cada vez más restrictivas. Una política profundamente reaccionaria que deja a miles de personas, a miles de mujeres y menores en el absoluto desamparo sin más alternativa que ser prostituidas. Una realidad que contradice de raíz el discurso humanitario de la Unión Europea y que tan solo se podrá revertir con la apertura de la totalidad de las fronteras para todas las personas desplazadas, así como la posibilidad de acceder a un trabajo, a una vivienda y a servicios sanitarios y educativos.

Tan solo la más amplia unión de la clase trabajadora, tomando como propia la demanda de los derechos de los miles de refugiados e inmigrantes podrá levantarse como única alternativa realista a la “crisis migratoria” internacional.

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