Si reprimen y encarcelan a cientos, nos organizamos miles

El grito de Alfon, es el de toda la juventud, de los trabajadores por hacer huelga y de una larga lista de represaliados por luchar que se acrecienta y que impone la necesidad de organizarse contra la represión del Estado y el Régimen del ’78.

“Ya podéis venir a por Alfon, porque Alfon somos todos y todas”, decía una foto y texto de los bukaneros, que mostraba un muro humano para impedir que se lleven al joven del barrio obrero de Vallekas. Todos somos Alfon, Roger y Mercader, Aitzol, Idrissa Diallo, Patricia Heras y cientos más.

Son los rostros de las represalias, penas de cárcel, detenciones, sanciones económicas y montajes policiales que, si se extienden como una mancha de aceite contra la clase trabajadora, la juventud y el pueblo, se hace necesario responder con un gran movimiento estatal contra la represión.

Luchar contra la represión, es luchar contra la patronal y los capitalistas que reprimen a la clase trabajadora cuando ejerce el derecho a huelga, como los casos de Laura Gómez, Isma y Dani, Roger y Mercader, Aitzol de Movistar, los trabajadores del caso Expert, entre muchísimos otros. Las cajas de resistencia, de sostener las huelgas, pasan a financiar las múltiples sanciones económicas, como en la época del franquismo.

Luchar contra la represión es enfrentarse a una de las instituciones más reaccionarias como la Justicia, cuyos jueces aplican leyes que retrotraen a la época del franquismo. Como la Ley Mordaza que actúa contra los luchadores y las manifestaciones en las calles. Contra los jóvenes del 15M. Los anarquistas de la ’operación piñata’, los que luchan contra los desahucios. La leyes represivas contra los presos del País Vasco. La represión y multas a las organizaciones y mujeres feministas. O el Reglamento de Disciplina Académica, elaborada por el caudillo Franco en 1954 y aplicada en 2013 contra el movimiento estudiantil que luchó contra el Plan Bolonia.

Luchar contra la represión es enfrentarse a alcaldes y políticos cómplices de los mega casos de corrupción junto a banqueros y empresas constructoras. Éstos necesitan ’limpiar’ de jóvenes, ocupas y pobres que ’ensucien’ la imagen de ciudades como Barcelona, para darle la bienvenida a las empresas turísticas y de hostelería para sus lujosos hoteles. Esta cadena de corrupción formada por alcaldes, políticos, jueces y empresarios acabó con uno de los casos más terribles de represión a la juventud: el 4F con el suicidio de Patricia Heras y toda una ’Ciutat Morta’ para la juventud precaria, quitándole hasta el derecho a divertirse. Y también la respuesta de los jóvenes de Can Vies.

Luchar contra la represión significa enfrentarse a las leyes de extranjería y las políticas migratorias racistas de la Unión Europea, que encierra a los inmigrantes “sin papeles” en los CIEs, luego expulsados y hasta asesinados. Como las muertes de Samba Martine en el CIE de Madrid (diciembre de 2011) o de Idrissa Diallo en el CIE de Barcelona (enero de 2012). O los 15 inmigrantes asesinados por la Guardia Civil en la Playa de Tarajal de Ceuta. Además, son comunes las redadas policiales y el racismo institucional contra las personas migrantes.

Todos estos casos convierten la lucha contra la represión policial y judicial en un asunto central y muy sentido por amplios sectores populares. Algo que sin duda contrasta con la actitud que mantienen ante esta cuestión muchos de los representantes de los nuevos proyectos políticos como Podemos o las candidaturas ciudadanas.

Su discurso hacia la justicia y a las instituciones policiales es de absoluto respeto. Y es uno de los rasgos de continuismo que más rechazo ha producido entre muchos jóvenes y activistas. Las declaraciones de la número dos del Ayuntamiento de Madrid son una buena prueba de ello, “No valoramos la sentencia de Alfon, para eso están los tribunales, pero que reciba esa ola de apoyo es significativo”, twiteaba mientras en el Madrid obrero se colgaban cientos de pancartas por la libertad de Alfon. El silencio y pasividad de Manuela Carmena y Pablo Iglesias ante un caso como éste también es significativo. Muestras de “respeto” a la justicia represiva y toda una posición de mantenimiento y continuismo de los nuevos gobiernos hacia los cuerpos represivos municipales que ahora estarán bajo su mando. Pablo Iglesias ya había lanzado vivas a los militares, policías y guardias civiles en un acto de campaña, diciendo que se sentía “orgulloso” del trabajo que realizan.

Luchar contra la represión implica luchar hasta el final con la organización y la movilización en las calles, contra las instituciones del Estado y de un Régimen con grandes rasgos continuistas con la dictadura franquista. Contra los cuerpos policiales y represivos. Los casos de brutalidad policial, torturas y asesinatos a manos de las distintas policías van en aumento. Así como también la impunidad absoluta, con jueces que se niegan a investigar las denuncias y el indulto de agentes, si en algún caso llegan a ser juzgados y condenados.

Si reprimen y encarcelan a cientos, nos organizaremos y responderemos miles con la movilización en las calles, para que no haya: Ningún preso detenido por luchar. Por la absolución y libertad para todos los presos luchadores. Así como el desmantelamiento del aparato represivo heredado del franquismo. Se torna urgente formar un gran movimiento contra la represión, contra las últimas leyes y medidas represivas y contra las prácticas comunes de represión política y social.

Cynthia Lub

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