Avanza el pacto Podemos-IU: ¿cuál será su hoja de ruta post 26J?

Los equipos de ambos partidos se muestran optimistas. Su contenido en el papel es una incógnita, pero los últimos cuatro meses ilustran cual será la hoja de ruta de Iglesias y Garzón.

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Foto: EFE

Cada día se confirma más que el próximo 26J Podemos e Izquierda Unida concurrirán juntas a esta “segunda vuelta” de las elecciones generales. Las negociaciones entre ambas formaciones siguen su curso y, de la misma manera que las vividas en los pasados meses entre estos dos partidos y el PSOE y Ciudadanos, en un total secretismo.

A pesar de que el contenido del posible acuerdo es una incógnita, ayer se conoció que las bases de IU (un 28% de sus afiliados y simpatizantes, 20.067 personas) dieron vía libre, con un 84,5%, a la dirección de Alberto Garzón para llegar a “una coalición electoral con Podemos y otras fuerzas de cara a las elecciones del 26 de junio”. Con esta victoria la dirección de IU aclaró que se sentía legitimada tanto para que el pacto fuese aprobado en el Consejo Político Federal de la formación del próximo sábado y de que no sería necesario volver a consultar a las bases una vez se conociera el contenido del acuerdo. Nada dijeron de la otra cifra no tan favorable, el 68% de abstención en la votación.

Fuentes de ambas formaciones aseguraron que el pacto esta ya logrado en un 75 u 80% y es previsible que se cierre en los próximos días. Podemos ha anunciado que realizará una consulta telemática para refrendarlo entre sus inscritos la semana próxima. Y es que el viernes 13, concluye el plazo para la presentación de candidaturas de coalición.

Las conversaciones encabezadas por los secretarios de organización de ambos partidos, están abordando cuestiones como el tipo de campaña, las listas, el respeto a la identidad de ambas formaciones o el reparto de los fondos a los que tengan derecho, en función de los escaños resultados, si finalmente concurren juntos. Este último punto es uno de los más sensibles, sobre todo para IU, que se encuentra realmente en quiebra financiera después de su descalabro en escaños del pasado 20D.

Del programa y la hoja de ruta para las siguientes elecciones no ha transcendido apenas nada, a pesar de que Pablo Iglesias sostuviera ayer en una entrevista a la COPE que de lo que estaban discutiendo era sobre todo de política. Sin embargo, lo visto en los últimos cuatro meses demuestra que en este terreno el grado de acuerdo entre ambas formaciones es muy alto.

Sobre el papel, en diciembre ambas presentaron para el 20D sendos programas con, por un lado una batería de reformas sociales bastante tímido, que excluía específicamente demandas tan básicas como el no pago de la deuda, la expropiación de las viviendas vacías en manos de la banca o cualquier propuesta que afectara a los derechos y privilegios de los grandes capitalistas para combatir el paro, los salarios de miseria y la precariedad.

Por el otro, algunas propuestas de regeneración democrática desde dentro del mismo Régimen del 78, pero que no entraban en abordar directamente como imponer demandas democráticas esenciales que afectan a sus pilares, como son el derecho de autodeterminación, el fin de la Corona o el acabar con la propia “casta política”. Muchas de ellas aparecían mencionadas – la Corona, ni eso en el caso de Podemos- e incluso se hablaba de abrir un proceso constituyente, pero limitándolas a los estrechísimos márgenes de los mecanismos de reforma constitucional que se prevén en la Carta Magna del 78. Es decir, encerrándolas en los mecanismos que han impedido resolverlas en estos casi 40 años.

La moderación programática, aunque era un acervo común entre ambos partidos, fue llevada más lejos por Podemos. El partido morado, que se veía con opciones de ser partido de gobierno, se encargó de dejar claro por medio de renuncias de programa, gestos y declaraciones, que no venía a romper la baraja, ni con el Régimen y sus instituciones, ni con los grandes capitalistas.

IU por su parte no tenía por qué ir tan lejos. Pudo desplegar una campaña identitariamente más de izquierda -que no de contenido- y recibir el voto de casi un millón de jóvenes y trabajadores que la vieron como una opción algo más radical que el Pablo Iglesias que regalaba Juego de Tronos a Felipe VI y se llenaba la boca de “patria”. IU no tenía que demostrar con moderación discursiva que no venía a romper la baraja, su historial es su mejor credencial de ello, siendo heredera de uno de los partidos fundadores del Régimen -el PCE- y socio de su pata izquierda -el PSOE- en muchos gobiernos municipales, autonómicos y el del mismo Zapatero.

Que las diferencias de campaña no pasaban del marketing electoral -Podemos pensando en captar voto moderado del PSOE e IU voto a la izquierda de Podemos- ha quedado demostrado en las negociaciones con el PSOE de estos cuatro meses. Es aquí donde debemos mirar, más incluso que al contenido programático del pacto, para saber cual será la hoja de ruta de Iglesias y Garzón después del 26J.

En un primer momento fue Garzón quien se mostró como el “campeón” de los intentos para lograr un acuerdo con el PSOE. Su mediación fue clave para que Iglesias pudiera justificar el sentarse a negociar con un PSOE que a la vez lo hacía con la nueva derecha cool, Ciudadanos. En todo el proceso IU ha jugado el rol de Celestina entre Iglesias y Sánchez, sin demasiado éxito. Después, cuando los plazos comenzaban a apurarse, fue Iglesias quien adelantó por la derecha a Garzón con sus renuncias programáticas para facilitar el pacto con el PSOE y Cs.

Esta recta final de las negociaciones puso sobre la mesa lo que entienden ambas formaciones por “gobierno de progreso”: ni una palabra de los 15.000 millones de euros que la Comisión Europea exige de recorte extra, aceptación de la política de cumplimiento de déficit que proponía el acuerdo PSOE-Cs, de la reforma laboral de Zapatero, el pensionazo de los 67 años, las puertas giratorias a partir del quinto año después de dejar el cargo público… Todo puesto por escrito en las 20 renuncias que Podemos ofreció al PSOE, y a las que IU no ha emitido ni una mínima crítica. Por supuesto, de proceso constituyente, derecho de autodeterminación o fin de la Monarquía, ni una letra.

El pacto que se prevé confirmar en los próximos días seguramente no se presentará con este perfil, ni mucho menos. El marketing político de Iglesias y Garzón ahora parece coincidir más que en diciembre. Ambos lo van a querer presentar con un acuerdo de todo lo que queda a la izquierda del PSOE, como algo mucho más de izquierdas pues que lo que ambos han estado haciendo estos cuatro meses. Aun así los guiños al PSOE y la ausencia de cualquier denuncia a este partido ya son parte del acervo de la futura marca, pues como declaró ayer mismo Iglesias están llamados a ser aliados.

Reflotar una ilusión que ha quedado devaluada y tocada con las negociaciones con el partido de la “cal viva”, las puertas giratorias y los primeros ajustes, combatir la posible abstención de muchos los que votaron por ambas formaciones el 20D y rascarle algo al PSOE apareciendo como los “campeones” de la apuesta por un “gobierno de progreso”, estos son los elementos de la nueva ecuación discursiva del tándem Iglesias-Garzón.

Una operación que, más allá de si resulta o no electoralmente, deja claro que por el momento el 26J no se presentará ninguna candidatura que asuma una hoja de ruta de independencia y combate a los distintos partidos y agentes del Régimen del 78 y un programa de clara ruptura política con éste y con medidas concretas para hacerle pagar la crisis a los capitalistas. En definitiva, no hay por ahora una opción que se comprometa a pelear por acabar con este régimen podrido imponiendo desde la movilización un proceso constituyente realmente libre y soberano, donde poder abordar sin límites tanto demandas democráticas como el derecho a decidir o el fin de la Corona, hasta las medidas necesarias para acabar con el paro, la pobreza, la falta de vivienda o la precariedad laboral.

Ante este vacío cabe resaltar el llamamiento público que ayer realizó el joven agrupamiento No Hay Tiempo Que Perder, del que quienes escribimos en Izquierda Diario y Clase contra Clase somos parte, para construir una candidatura anticapitalista y de clase que sea una alternativa a la ilusión devaluada de Podemos e IU. Un llamamiento que está dirigido a todos aquellos sectores de jóvenes, trabajadores, mujeres y organizaciones de la izquierda anticapitalista, que son conscientes de que la hoja de ruta del “gobierno de progreso” sólo promete nuevas y mayores frustraciones -como las que produjo la hoja de ruta del “gobierno de izquierda” en Grecia con Syriza- y que se debe empezar a poner en pie una alternativa política al nuevo y clásico reformismo.

 

Santiago Lupe

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