El 28 de abril es el Día Mundial de la Seguridad y Salud en el Trabajo y según la OIT (Organización Internacional del Trabajo), cada año mueren 2,3 millones de trabajadores y trabajadoras por enfermedades o accidentes laborales.

 

Los datos de la OIT son escalofriantes: cada 15 segundos, un trabajador o trabajadora muere a causa de accidentes laborales o enfermedades ocasionadas por el trabajo. Cada 15 segundos, 153 trabajadores tienen un accidente laboral.
Además, “Cada día mueren 6.300 personas a causa de accidentes o enfermedades relacionadas con el trabajo – más de 2,3 millones de muertes por año. Anualmente ocurren más de 317 millones de accidentes en el trabajo, muchos de estos accidentes resultan en absentismo laboral”, anuncia la OIT.

Sin embargo, esta organización inmediatamente se preocupa por otro dato. Según Guy Rider, el director general de la OIT, el “Cuatro por ciento del producto interior bruto mundial, cuya astronómica cifra asciende a 2,8 billones de dólares de los Estados Unidos, va a parar cada año a sufragar los gastos relativos a la pérdida de tiempo de trabajo, los cortes de producción, el tratamiento médico, la rehabilitación y las indemnizaciones”.

Es decir, para esta agencia especializada de la ONU, lo preocupante es el coste que estos datos significan para la patronal, más allá de las miles de vidas que se pierden.

Ante ello, hacen campaña llamada ’SAFE-DAY’ llamando a que se invierta en medidas de seguridad laboral y a “construir entre todos” una “cultura de prevención en el ámbito de la seguridad y salud en el trabajo”. Como si la causa de los 2,3 millones de muertes de trabajadores y trabajadoras fuera la “falta de cultura” y además la responsabilidad fuera de patrones y trabajadores por igual.

No es responsabilidad de los trabajadores y trabajadoras de la salud morirse contagiados de enfermedades mortales, ni de los mineros en los pozos bajo tierra o de los obreros de la construcción colgados de los andamios. Tampoco de las mujeres trabajadoras, enfermarse de la explotación laboral en las maquilas, en las fábricas de la industria o en los trabajos de limpieza.

Es responsabilidad de los capitalistas que buscan ahorrarse los costos de la salud y seguridad de la clase trabajadora. Y arrancarles de sus propias vidas si fuera necesario, las ganancias para llenar sus arcas.

Hoy en el Estado español, los trabajadores técnicos de Telefónica-Movistar están en huelga indefinida luchando por sus condiciones de precariedad laboral. Entre ellas, lo altamente peligroso que es realizar instalaciones arriba de una escalera, sin equipos técnicos apropiados, sin acompañante, como marca el convenio laboral. “Además de los accidentes, cada año mueren entre tres y cuatro compañeros”, denuncia Oton, trabajador técnico en huelga. También Silvia, trabajadora contratista, nos explica lo difícil que fue para ella trabajar arriba de una escalera cuando estaba embarazada.

“Nuestra lucha, es una lucha de toda la clase trabajadora que sufre nuestras mismas condiciones de precariedad y falta de seguridad laboral”, dice Josue, joven trabajador contratista.

Se acerca el Primero de Mayo y sobran motivos para salir a las calles a manifestarse. Este es otro más: el de dejar de “morir trabajando”.

Cynthia Lub

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