Todos los días se anuncia al menos un caso más de feminicidio. Mientras, Podemos propone un “Pacto de Estado” contra la violencia de género con los partidos del régimen que más recortaron derechos a las mujeres.

Tras un “verano negro”ya han ascendido a 63 las mujeres víctimas de la violencia machista en lo que va de año. Los 37 asesinatos ocurridos durante los meses de junio, julio y agosto han provocado la indignación y la rabia de miles de mujeres que, bajo la consigna de Nos queremos vivas, se han manifestado a lo largo y ancho de todo el Estado en múltiples ocasiones.

Sin embargo, son recibidos con una grosera indiferencia por el gobierno, mientras Podemos exige un “Pacto de Estado” contra la violencia machista y la creación de un protocolo de emergencia inmediato sin especificar qué medidas proponen, siendo cómplices de los partidos del Régimen que gobernaron y gobiernan con tal desinterés político ante un drama que culmina con la muerte de decenas de mujeres cada año.

Es necesario preguntarnos si acaso es posible pretender pactar con quienes durante años no han hecho más que negar que la muerte de mujeres sea un problema grave, urgente de solucionar, y han invertido hasta día de hoy una gran cantidad de esfuerzos en quitarles a las mujeres sus derechos, tanto bajo el gobierno del PP como de PSOE.

“Pactos de Estado” contra el feminicidio: pacto con los partidos cómplices de la violencia de género

Sabemos que las medidas destinadas a acabar con la violencia machista son insuficientes. No lo sabemos porque las organizaciones feministas “especulen”, tal como dicen los medios o los ataques por las redes sociales, sino porque cada año aumentan las listas de mujeres muertas en manos de sus parejas o ex parejas. Y porque cada vez más informes apuntan a que el machismo no para de crecer, con especial incidencia en la población joven y adolescente. Sabemos también que pese a los intentos del gobierno y los medios de comunicación a sueldo de los grandes empresarios y partidos políticos de decir los contrario, esta violencia no es casual, esporádica ni circunstancial: se trata de una violencia arraigada estructuralmente en este sistema capitalista y patriarcal.

Las medidas de prevención son cada vez más necesarias y urgentes: todas las mujeres somos vulnerables de padecer violencia machista, cualquier mujer se encuentra en riesgo de ser humillada, insultada, golpeada o asesinada. Y porque todas corremos ese riesgo también todas tenemos el derecho y la necesidad de ser informadas a tiempo de qué es y cómo salir de una relación de pareja con elementos de violencia machista. Identificar la violencia y detectar las posibles situaciones de riesgo es un paso previo urgente y necesario para poder poner fin a un ciclo de violencia que en el peor de los casos nos quita la vida, algunas de las veces no solo a nosotras sino también a nuestras amigas y nuestros hijos e hijas -muchas veces durante el régimen de visitas-.

Prevención en buena parte significa educación e información: es necesario aplicar programas contra la violencia machista en los colegios e institutos que incluyan sensibilización continua en la que participen activamente los jóvenes a la vez que se les informa de los mecanismos con los que se cuentan para poder romper con las situaciones de violencia, y que estén integrados en los propios centros mediante profesionales y comisiones de género especializadas.

Sabemos que las mujeres jóvenes denuncian más, y también que son la mayoría de las mujeres asesinadas lo cual quiere decir que la denuncia no evita el desastre y que en muchas ocasiones la ruptura desemboca en tragedia. Pero pese a eso ¿a cuántas de nuestras compañeras más jóvenes se les ofrecen herramientas en los centros en los que estudian? ¿Cuántas adolescentes son sensibilizados activamente sobre qué es y cuáles son las consecuencias de la violencia machista? Quiénes hayan tenido más suerte habrán acudido a un taller, una tutoría o se les habrán regalado algunos materiales, cualquiera de esas medidas la realidad nos dice que son insuficientes y que cada vez más los celos, el control, las humillaciones y los insultos se normalizan.

Por eso, el “Pacto de Estado” que propone Podemos con los partidos de los gobiernos que en última instancia han sido cómplices de esta dramática situación de opresión de género, es otra de sus posiciones de continuidad con el Régimen del 78’, esta vez sobre uno de los problemas más graves que ataca a la mitad de la población: las mujeres.

No culpabilizar a la víctima, decir las cosas como son:

La Macroencuesta sobre el estado de la violencia de género 2015 nos revela varios datos sobre los que es necesario pararse a reflexionar. Uno de ellos es el que nos dice por qué una parte importante de las mujeres que sufren violencia de género no denuncian: no conceder suficiente importancia a la violencia sufrida, el miedo o la vergüenza, auto-inculpación o la falta de recursos económicos son los motivos principales.

Los cuatro primeros, tienen una estrecha relación con lo que planteábamos anteriormente, mientras el último podría decirse que tiene que ver con la alarmante brecha salarial y la precariedad laboral que afectan a una gran parte de las mujeres, y que además se ha profundizado con la crisis en gran parte gracias a la última reforma laboral. En cualquier caso, el desconocimiento de la violencia y la aceptación de la desigualdad como elementos naturales en las relaciones de pareja son fuertes obstáculos a la hora de poder salir de la violencia machista.

La todavía extendida idea de la mujer como cuidadora y protectora del hogar familiar, así como el estigma asociado a las mujeres que no disponen de una pareja masculina son elementos que nutren ese imaginario colectivo fuertemente ligado al patriarcado que hace que una mujer sea juzgada cada vez que rompe con aquello que se supone debería cumplir: ser sumisa y mirar por el bien común-ya sea el de su pareja o el de sus hijos e hijas-.

Por eso es tan difícil dar el paso hacia el reconocimiento de la violencia y continuar con la ruptura, ya sea mediante o por fuera de la denuncia: eso implica romper con la idea de sumisión con la que durante siglos de patriarcado nos han educado para empezar una arduo camino de preguntas, acusaciones y sospechas a través del cual el sistema buscará demostrar que pese a ser las agredidas también hemos tenido algo de culpa, por no decir toda la culpa.

Con la denuncia, se da lugar a un impersonal trámite judicial en el que el hecho de si hemos sido verdaderamente agredidas se pondrá en cuestión repetidamente. Dentro y fuera de las instituciones del Estado la mujer es una potencial mentirosa, capaz de destrozarle la vida a un pobre hombre sin motivos: antes de aceptar que la palabra de una mujer que dice ser agredida es cierta, ella tiene que demostrar que no es una histérica, ni una embustera. Si ese proceso se da por fuera de la vía judicial, entonces se convierte automáticamente en una farsante, ¿si es cierto que la maltrataba, entonces por qué no ha denunciado antes?, ¿y si es verdad que la pegaba, entonces por qué seguía con él?. Una larga lista de cuestiones que sitúan a las mujeres agredidas en el rol de “también culpables”, “parcialmente culpables” o “totalmente culpables”, se tienen que responder convincentemente.

A la vez, tanto dentro como fuera de las instituciones se invierten grandes dosis de energía en buscar la explicación de la agresión una vez que esta traspasa los límites de los privado y se hace pública. El cinismo de los medios con Sergio Morate, que asesinó a su expareja, a una amiga que la acompañaba y que además ya había estado en la cárcel por secuestrar a una ex pareja anterior y abusar de ella en su piso y que después del crimen se fugó a Rumanía con la ayuda de un amigo a quien conoció mientras estaba preso, ha sido un insulto para todas las mujeres víctimas de feminicidio: un narcicista, un psicópata, una mente perturbada, un ególatra sin límites…pero la verdad es que Morate como cualquier otro feminicida por encima de todo es un machista, y acabo siendo un agressor y un asesino.

La explicación a la muerte de mujeres, por sádica y cruel que sea no puede buscarse fuera de los límites de un sistema patriarcal que lejos de poner límites a la desigualdad entre hombres y mujeres alimenta las diferencias. La muerte de 66 mujeres y menores este 2015 no han sido el producto de hombres perturbados, fríos, calculadores y enfermizos, sino el resultado de la falta de medidas efectivas contra la violencia machista, de recortar en la ayudas para la violencia de género y negar, una y otra vez, que existe una sociedad machista y que el machismo que mata es un problema de Estado, en gran medida porque está sostenido por todas sus Instituciones (Justicia, medios de presna, Iglesia, partidos, etc…).

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