Finalizadas las fiestas de San Fermin, se abrió una polémica sobre la agresión sexual de la joven de 19 años, ante los medios de comunicación que niegan la gravedad de los hechos. Mientras tanto, las organizaciones feministas siguen denunciando más casos de agresión y acoso sexual.

Como ya nos referimos en otro articulo el pasado 10 de julio una chica de 19 años fue agredida en los baños de un bar del Casco Antiguo de la ciudad de Pamplona. Poco después de lo ocurrido la víctima presentó la denuncia en la Comisaria de la Policía Nacional.

El caso fue desvelado días más tarde por la Plataforma Mujeres contra la Violencia Sexista y Gora Iruñea, que denunciaron que una chica había sufrido una grave agresión sexual. El mismo día que se conoció la noticia estas organizaciones convocaron una concentración en repudio a los hechos a las 20.00h de la tarde. La convocatoria fue masiva, miles de personas llenaron la plaza del Ayuntamiento de la ciudad,una de las consignas más gritadas fue “Ni una agresión sin respuesta”.

Recientemente se conocieron las declaraciones que presuntamente hizo la chica en su denuncia. Según fuentes de la Policía parece ser que la joven puntualizó que no fue agredida y por lo tanto no recibió asistencia médica ni exploración forense. A ello se refería que la agresión no llegó a lo físico.

Según las mismas fuentes, la joven, se encontraba en el baño con otro chico, cuando otros jóvenes irrumpieron en el aseo con los pantalones bajados y mostrando sus genitales. Por ahora la víctima no ha podido precisar si estos eran amigos del chico que estaba en el baño con ella.

Las organizaciones feministas que denunciaron los hechos afirman que dos amigos de la víctima, al darse cuenta de la situación, tuvieron que forzar la puerta para poder sacar a la joven de ahí. Y explican que si nadie hubiera acudido en su ayuda las consecuencias podrían haber sido aún más graves. El caso ha sido tipificado como tentativa de agresión sexual y sigue bajo investigación policial. Por el momento no ha habido detenidos.

Tras desvelarse esta información, los medios de comunicación ya no hablan de agresión sexual sino solo como un “intento de ello”, rebajando o casi anulando de este modo, el grado de violencia sexual que la joven había sufrido.

Esto desató una polémica, que también ha llegado a las redes sociales, contra las organizaciones feministas y de mujeres que se movilizaron contra estos graves hechos. Incluso, algunas organizaciones que en su momento denunciaron los hechos han recibido graves ataques con críticas y insultos por parte de algunos usuarios. Lo peor de todo: una vez más otro caso de violencia sexual dejó de considerarse como tal y probablemente los hechos quedarán impunes. Y además, cada será más difícil para las mujeres romper el miedo a la hora de denunciar agresiones sexuales.

Como sabemos, este no es un caso aislado en las fiestas de San Fermín. Año tras año se denuncian múltiples casos de agresiones sexuales que parecen darse como una “normalidad” o “tradición” propia de las fiestas. Así mismo, las organizaciones feministas denuncian esa sensación y percepción social de que en los Sanfermines “todo vale”. Una percepción legitimada muchas veces por las propias instituciones, como se demuestra en casos como el ocurrido.

La legitimación de las múltiples formas de violencia sexual

Son alarmantes las cifras de casos de acoso, abusos y todo tipo de violencia sexual que sufren las mujeres día a día en los entornos más cotidianos ya sea en nuestros centros de trabajo o estudio, en la calle, en las redes sociales, en nuestro círculo de amistades, pareja, ligues de una noche, etc.

Sin embargo, en muchos casos ese tipo de abusos no se reconocen como tal, incluso por parte de las propias mujeres. Ante un sistema patriarcal que prepondera la desvalorización de la mujer y la cosifica como objeto sexual, se “naturalizan” este tipo de conductas.

Esa cadena de abusos llega a la violación, una de las forma más extrema y más graves de violencia sexual. Pero también existen otro tipo de agresiones que no son menos importantes. Como por ejemplo el caso al que nos referimos en este artículo.

La Fundación Aspacia que trabaja en materia de prevención, sensibilización y atención a las víctimas de violencia de género, define que “la violencia sexual de género se puede dar en múltiples formas (acoso, abuso y agresión sexual) independientemente del tipo de coerción, lo que incluye intimidación y violencia física, o violencia no física. Así mismo, no sólo se consideran como tal los actos que impliquen contacto físico, también las mutilaciones, los tocamientos, las amenazas sexuales o la desnudez forzada entre otros”.

Según datos oficiales, en el año 2013 se denunciaron al menos 1.298 violaciones y otras 1.807 agresiones sexuales en todo el Estado Español Balance de la criminalidad 2013, Ministerio de Interior, Secretaría de Estado de Seguridad, España, 2014: . Pero si las estadísticas estremecen la realidad es mucho peor. Distintas organizaciones llevan tiempo manifestando que la mayoría de agresiones no se denuncian – datos que no aparecen en los estudios oficiales. Desde la Fundación Aspacia señalan que aproximadamente solo se denuncia un 20 % de las agresiones sexuales.

Muchas veces las víctimas no denuncian por miedo, vergüenza y/o culpabilidad que provocan los perjuicios sociales existentes. La actuación del Estado y sus instituciones no ayuda a cambiar esa percepción social, sino todo lo contrario. La falta de estudios oficiales más rigurosos al respeto es una prueba de ello.

Ante una legislación insuficiente que solo contempla como casos de violencia de género aquellos que se ejercen dentro de la relación de pareja, muchos delitos de violencia sexual son considerados sencillamente como hechos criminales puntuales. Esto hasta que la muerte por asesinato machista aparece con toda su crueldad.

A su vez, bajo el supuesto de presunción de inocencia hacia los agresores, la víctima siempre tiene múltiples trabas y dificultades para poder probar la agresión ante la justicia. Esto se traduce en una amplia impunidad hacia los culpables.

No podemos esperar otra cosa ante un sistema basado en las desigualdades sociales y las múltiples formas de opresión hacia las mujeres. Donde se retrocede cada vez más en nuestros derechos, aumenta la precariedad y la discriminación laboral de las mujeres, cada vez hay más mujeres que se quedan sin empleo, aumentan los recortes y los desahucios, donde la mujer es tratada como inferior y es visibilizada constantemente en los medios como mero objeto sexual.

Porque son cada vez mas las mujeres que mueren en feminicidios. Ante ello es vital denunciar que este sistema capitalista y patriarcal no solo es cómplice, sino también uno de los principales responsables de la violencia que sufrimos día a día las mujeres.

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