Después del 8M: unificar la lucha de las mujeres, la clase trabajadora y la juventud

El 8M del 2018 tuvo algo extraordinario. La huelga de mujeres en el Estado español superó todas las expectativas y abre el interrogante sobre qué puede venir después.

Hace varios meses ya se podía percibir que iba a ser enorme. Las movilizaciones espontáneas de miles de mujeres en varias ciudades contra la “justicia patriarcal” en el caso de la “Manada”, las marchas del 25N, el Encuentro estatal de cientos de mujeres en Zaragozay la multiplicación de numerosas asambleas de mujeres en ciudades, barrios, colegios y facultades, lo anunciaban. Pero fue más, mucho más.

A nivel mundial, el movimiento #MeToo amplificó la visibilidad del movimiento de mujeres, que con la convocatoria a una huelga internacional de mujeres se expresó este 8M con acciones en varios países del mundo.

El Estado español fue, junto con Argentina, uno de los lugares donde el movimiento fue más activo y masivo, como lo destacaron los principales diarios del mundo. La convocatoria a una huelga de 2 horas por turno por parte de los sindicatos mayoritarios (CCOO y UGT) y una huelga de 24 horas por parte de la izquierda sindical, marcó la impronta de una jornada que caló hondo entre la clase trabajadora y la juventud. Los sindicatos cifraron en 5.6 millones de personas las que secundaron los paros parciales, junto a miles que hicieron huelga de 24 horas. Las huelgas estudiantiles paralizaron institutos y universidades, y las movilizaciones sumaron varios millones en las calles en todo el Estado español, con epicentro en Madrid, Barcelona, Valencia, Bilbao, Zaragoza y Sevilla.

La huelga de mujeres se transformó en un canal masivo para la expresión de un profundo descontento social, especialmente entre los sectores que han sido más afectados por la última década de crisis y recortes: las mujeres, la clase trabajadora y la juventud.

Las razones profundas de la huelga de mujeres

El aumento de los casos de violencia machista y feminicidios es uno de los motores profundos de la movilización, sembrando la indignación generalizada del movimiento. Un clamor que se expresó en el “Ni una menos” que nació en Argentina de forma masiva y dio lugar a grandes manifestaciones en el Estado español.

El otro foco de la indignación es la feminización de la pobreza o la precarización del trabajo y la vida de las mujeres. Los trabajos peor pagos y con peores condiciones son ocupados por mujeres, como el trabajo doméstico, donde el 98% son trabajadoras. En el caso de los contratos de trabajo parcial, el 75% corresponden a las mujeres. Las mujeres son más en el paro (18,4%) respecto a los hombres (un 15%), y la brecha salarial (que promedia un 13%) se mantiene a lo largo de toda la vida, afectando también a las pensiones.

En las universidades, las mujeres son el 58% de las estudiantes, pero solo el 22% de las catedráticas, enfrentando la subida de las tasas, el trabajo no pago mediante becas y los contenidos patriarcales de las asignaturas. Las estudiantes y sus compañeros de clase saben que cuando terminen los estudios difícilmente podrán conseguir empleo, ya que el paro juvenil sigue siendo alto, o terminan ocupando los trabajos más precarios.

En este contexto, la jornada del 8M encabezada por las mujeres permitió también expresar el malestar social de una parte importante de la clase trabajadora junto a la juventud precaria y estudiantil que sufre las consecuencias de la crisis capitalista.

Después de varios años de reflujo de la lucha de clases y pasivización social -con lo que colaboraron las burocracias sindicales y el neorreformismo de Unidos Podemos-, desde la irrupción del movimiento democrático catalán hasta la masiva huelga de mujeres del 8M, pasando por la lucha de los pensionistas y multiplicidad de pequeños conflictos, estamos viendo un resurgir de la conflictividad social que al calor de la crisis del Régimen del 78 promete quedarse.

¿Y ahora qué?

Un día después del histórico 8M se abren las hipótesis sobre cómo continuar. Desde el gobierno, el PP y Ciudadanos, que enfrentaron la huelga de mujeres, dicen haber tomado “nota”, pero se trata de una hipocresía absoluta, ensayando un pseudo discurso feminista liberal en boca de Cospedal o Arrimadas. En el caso del PSOE, intentará proponer algunas tibias medidas parlamentarias, buscando instrumentalizar el movimiento de mujeres para revivir el viejo bipartidismo.

Partidos como Podemos o Los Comunes llamaron a apoyar la huelga y las movilizaciones, pero ahora se preparan para intentar capitalizar electoralmente el descontento expresado en las calles. Sin embargo, tras varios años de “gobiernos del cambio” en las principales ciudades españolas, nada ha cambiado realmente para la vida de millones de mujeres trabajadoras, precarias, inmigrantes que siguen padeciendo la doble o triple opresión y explotación. Si la fuerza del movimiento se subordina a las estrategias electorales de los partidos para el 2020, solo quedarán nuevas frustraciones.

Los desafíos del movimiento de mujeres y la juventud

Para acabar con todas las opresiones es necesario un cambio profundo que lo cuestione todo, el patriarcado y el capitalismo. La jornada de ayer así lo comenzó a plantear. El movimiento de mujeres, tiende a poner sobre la mesa una agenda política que cuestiona las estrategias electoralistas de los partidos del Régimen. También puso en jaque a las direcciones sindicales de CCOO y UGT, que se vieron obligados a llamar a paros parciales para contener el movimiento, sin poder evitar que en importantes centros de trabajo la huelga fuera más que eso, como en las universidades e institutos o el transporte.

Las mujeres respondieron con fuerza a quienes subestiman esta lucha como un “problema sólo de mujeres” que dura un día, el 8 de marzo, porque demostraron que sus demandas pueden despertar la simpatía de millones de oprimidos y explotados.

Por primera vez las mujeres en el Estado español, se propusieron convocar una huelga. Y a pesar de los enormes debates que han cruzado al movimiento feminista y de mujeres -sobre qué huelga y con qué sectores de la sociedad hacer o no alianzas-, “pararlo todo” significa tocar las ganancias de los capitalistas, de los empresarios. Es decir, paralizar la producción, los transportes, los medios de comunicación con el conjunto de la clase trabajadora. Es decir, que, tras seis años sin huelga general, el movimiento de mujeres volvió a plantear su necesidad.

A pesar de que las burocracias sindicales abandonan a los sectores más vulnerables de la clase trabajadora, las mujeres demostraron que pueden organizarse. Y durante estos meses supieron generar pequeños espacios de autoorganización para ir preparando la “huelga de mujeres” este 8M. Encuentros estatales, asambleas, charlas, actos, comisiones de trabajo, manifestaciones, piquetes en las facultades, en los centros de trabajo, en los barrios. Un importante desafío para el movimiento de mujeres y feminista es que esto tenga continuidad, y que los encuentros estatales, las asambleas y comisiones de mujeres se sigan desarrollando, para debatir y decidir sobre cómo continuar.

Otro gran reto del movimiento de mujeres hoy es sumar a más compañeros trabajadores, estudiantes, jóvenes para que luchen contra el machismo. Si nuestros compañeros levantan nuestras banderas, estaremos más fuertes para cuestionar un sistema patriarcal y capitalista basado profundas desigualdades. La participación de miles de varones en las manifestaciones y en las huelgas, es alentadora en este sentido.

El capitalismo está recreando una vez más sus futuros sepultureros tras una crisis que descarga de manera dramática sobre las mujeres. Pero también sobre las personas migrantes y refugiadas, sobre la juventud, pensionistas, trabajadores y trabajadoras precarias. El movimiento de mujeres se superpone y cruza con una clase trabajadora crecientemente feminizada, integrada por nativos e inmigrantes.

Este 8M la fuerza de las mujeres demostró su capacidad de encabezar una gran movilización que puede canalizar la rabia de toda la juventud y el movimiento estudiantil. La gran tarea es que esta fuerza se sume a la lucha de los pensionistas, las trabajadoras y trabajadores en lucha como Las Kellys, los trabajadores precarios de Amazon que preparan su primera huelga y múltiples luchas contra la precariedad, los despidos y los recortes, la lucha por los derechos de las personas inmigrantes, los derechos democráticos contra las leyes mordazas, la lucha contra la represión al pueblo catalán y todas las demandas sociales que pongan en cuestión al Régimen del 78, sus instituciones y sus partidos. Esta potencial alianza del movimiento de mujeres con el conjunto de los sectores en lucha de la clase trabajadora y la juventud puede hacer temblar al sistema patriarcal y capitalista, empezando por el decadente régimen del 78, monárquico y reaccionario.

Impulsar esta potencial alianza es una tarea urgente del movimiento, para no quedarse en una propuesta que se limite a “visibilizar” las opresiones, sino que busque el camino para terminar con ellas. Que no se limite a los “cambios individuales” haciéndonos creer se trata es de lograr cambios culturales o personales en los marcos del capitalismo. Esto implica polemizar con las estrategias de sectores del movimiento de mujeres que quieren separar la lucha antipatriarcal de la lucha anticapitalista o con aquellos sectores del feminismo “separatista” que considera al feminismo como una lucha contra todos los hombres, en vez de buscar conquistar a gran parte de ellos como aliados.

Si el movimiento quiere dar el paso de la resistencia al combate generalizado, debe fortalecerse buscando aliados en la clase trabajadora y la juventud combativa, para lograr llevar al triunfo nuestros reclamos, contra el patriarcado y el capitalismo. Es por eso que las mujeres de Pan y Rosas junto a nuestros compañeros de la CRT fuimos parte activa de este movimiento, impulsando la organización de las mujeres de forma independiente de los gobiernos y partidos capitalistas. Por eso impulsamos asambleas, debates, actos y apoyamos activamente las luchas de las mujeres trabajadoras y los trabajadores, peleando por poner en pie un gran movimiento de lucha, en alianza con la clase obrera. Es la única forma de enfrentar el machismo y pelear contra un sistema social que realimenta jerarquías y prejuicios patriarcales, mientras explota a mujeres y hombres para su beneficio.

Te invitamos a dar esta lucha junto con nosotras, para fortalecer un feminismo anticapitalista, combativo y de clase, construyendo Pan y Rosas en tu lugar de trabajo o de estudio.

Josefina Martinez

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Josefina Martínez | @josefinamar14 :: Madrid