“Estamos en guerra” ¿De quién es la culpa?

Comité de Redacción de Revolution Permanante

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“Estamos en guerra”, esto es lo que nos repiten sin cesar los políticos, desde el presidente François Hollande, hasta su adversario Nicolás Sarkozy. Pero, ¿de qué guerra se trata y quiénes son los responsables de ella?

 

“Es culpa de Hollande, es culpa de su presidente, no hay que intervenir en Siria” habría gritado uno de los atacantes del Bataclan esa dramática noche del 13 de noviembre según un testigo. De allí hay que preguntarse las razones que hacen que Francia se haya convertido en el blanco principal de esta monstruosa aberración que es Daesh [acrónimo de Estado islámico].

Ayer aliados, hoy enemigos

Desde principios de los años 2000, el Estado francés multiplicó su participación en intervenciones imperialistas en Oriente Próximo y en África. La llegada de Hollande y del Partido Socialista al gobierno no ha hecho más que empeorar las cosas, con un promedio de una nueva intervención por año. Francia se convirtió así, junto a Estados Unidos y Gran Bretaña, en el país más implicado en conflictos y ocupaciones militares en esa región.

Y la guerra tiene sus lógicas propias, los aliados de ayer se transforman en los enemigos de hoy. Se ha hablado muchas veces de cómo los Estados Unidos armaron contra la URSS a quienes iban a convertirse en Al Qaeda a fines de los años 1980, antes de que se den vuelta contra ellos más tarde. Igualmente, es imposible concebir el surgimiento del Estado Islámico sin las guerras en Irak, Siria y Libia. En lo que respecta a Libia, la intervención militar francesa ha sumergido al país en conflictos étnicos y políticos, después de haber exportado su arsenal a toda África. El Estado islámico no existiría sin la destrucción de Irak por la coalición dirigida por los Estados Unidos y la dislocación de los sectores sunnitas de todas las esferas del poder, después de un conflicto con los chiítas instrumentalizado por Estados Unidos para contrarrestar el fracaso de la ocupación militar.

En todo el Cercano Oriente, la ruptura del equilibrio geopolítico histórico y el fracaso de las intervenciones imperialistas provocan así el caos actual. De manera directa o indirecta las potencias imperialistas y sus aliados regionales (Turquía, Qatar, Arabia Saudita) han armado y entrenado a cada uno de los grupos terroristas en un momento dado para sublevarlo al servicio de sus propios intereses y contra sus adversarios en la región, en particular Irán.

A este panorama se agrega el apoyo sin reservas de Francia a la política de la ultraderecha israelí en la guerra de Gaza en 2014 o también el hecho de que París venda armas de guerra y le abra los brazos a los inversores de las petromonarquías del Golfo, con Arabia Saudita a la cabeza, incluso cuando éstas financian históricamente organizaciones terroristas sunníes. Podemos pensar también en el régimen de Erdogan en Turquía, que no duda en bombardear, con total impunidad, a aquellos que en Kobane combaten al Estado islámico con las armas en la mano. El objetivo es, para Francia como para las demás potencias imperialistas y sus aliados regionales, obtener un nuevo equilibrio reaccionario, una salida contrarrevolucionaria a la primavera árabe.

Esta guerra no es la nuestra

Por lo tanto, no es consecuencia de los trabajadores ni de las clases populares si Francia vuelve a ser blanco de los ataques del Estado islámico, es el resultado de la política llevada adelante en el extranjero por los mismos que en Francia atacan los derechos y las condiciones de vida de los explotados. Los mismos que desde hace meses llevan adelante aquí su propio “terrorismo” contra los inmigrantes que huyen de las guerras.

Sus guerras son un juego de engaños en donde cada gesto está determinado por intereses que no tienen nada que ver con los intereses de los trabajadores. Estar en primera línea para contener y desviar la primavera árabe, luego en Siria para asegurarse un lugar en la mesa de negociaciones, mientras ponen atención a que los golpes “quirúrgicos” sobre el Estado islámico no terminen beneficiando a Rusia e Irán. Y aquí como allá son mayoritariamente los civiles los que pagan la cuenta (no olvidemos que en Siria por ejemplo el promedio de muertos por día desde 2011 equivale a un atentado como el del 13 de noviembre en París).

Nuestra unión es de clase e internacional

Ya se ven venir los llamados a “la unión nacional”, la defensa de los “valores republicanos”, la búsqueda de chivos emisarios. Las primeras reacciones en la derecha y en la extrema derecha muestran hasta qué punto tienen la intención de transformar su “guerra” en guerra contra los migrantes y las poblaciones de origen musulmán.

No nos equivoquemos de combate. No hay choque de civilizaciones, sino una respuesta bárbara a intervenciones militares también bárbaras. La única respuesta que puede ser nuestra es la de la unidad de nuestra clase más allá de los orígenes y confesiones, contra aquellos que llevan adelante una verdadera guerra social contra nosotros y ahora se atreven a hablarnos “de intereses comunes”.

La respuesta guerrerista e imperialista no hace más que agravar las cosas, como lo demuestran trágicamente los sucesos de este 13 de noviembre. No habrá salida a la crisis que atraviesa el Cercano Oriente sin la retirada de las tropas imperialistas, el fin de los regímenes bárbaros “amigos” de Occidente como la monarquía saudí o la dictadura egipcia y sin resolver el problema palestino mediante la conclusión de la ocupación y del estado sionista. En otras palabras, se necesita una nueva “primavera” de los trabajadores y de las clases populares del mundo árabe, que combata a la vez la barbarie imperialista y sus imitaciones descompuestas. Y en todo caso, es de este lado donde se sitúan nuestros “intereses comunes” y desde donde buscamos construir “la unión”.

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