Pablo Iglesias y los “pequeños y medianos empresarios”

El eurodiputado y líder de Podemos, Pablo Iglesias, fue entrevistado este domingo en el programa español“Viajando con Chester”, conducido por Risto Mejide y transmitido por Cuatro. La entrevista –que puede verse íntegramente aquí-, recorrió los temas más variados: Podemos, el PSOE, Joaquín Sabina, la “casta”, Venezuela, la relación de Iglesias con la diputada de IU Tania Sánchez. Curiosamente, no se habló de Catalunya, “el” eje político de la semana, sobre el cual el eurodiputado se ha vuelto un experto… en evitarlo.

Pero ahora lo que interesa es el momento de “tensión” entre Risto e Iglesias cuando se habló de los empresarios. Mejide elogió a los grandes patrones, como el finado Isidoro Álvarez (presidente de El Corte Inglés) o Amancio Ortega (dueño del grupo textil Inditex) o el también difunto banquero Emilio Botín.

“Cuando hablas de los políticos aún, pero cuando hablas de los empresarios se me revuelve todo. Yo soy empresario de una pyme. Los empresarios al final son los que generan empleo, generan riqueza… Algunos empresarios son verdaderos héroes”, dijo el presentador.

“Los grandes empresarios de este país han ganado dinero, salvo pequeñísimas excepciones, por estar cerca del poder y por concesiones administrativas”, alegó –y con razón- el eurodiputado.

Pero “los empresarios son los que generan empleo”, insistió Mejide. “Claro”, respondió Iglesias. Aunque precisó:“los pequeños y medianos empresarios, son los que sacan este país adelante”.

Es inobjetable diferenciar a las pequeñas empresas comerciales, agrarias, artesanales, de los grandes monopolios empresariales y financieros, como Alvarez, Ortega, Botín, los representantes de la “marca España”, en tanto son estos grandes monopolios privilegiados los que estrangulan y liquidan permanentemente a las pequeñas empresas. Pero repetir el lugar común -algo a lo que Pablo Iglesias nos tiene bastante acostumbrados-, de que las PYME son el motor del país, tiene más recorrido del que parece.

¿De qué hablamos cuando hablamos de los pequeños y medianos empresarios?

Las pequeñas y medianas empresas no son un segmento homogéneo. Por ello el término “PYME” es problemático. El criterio que se ha impuesto es el del tamaño de la empresa según el número de trabajadores empleados, que va de 0 a 249 asalariados.

Este criterio deja a un lado muchas cosas (la organización del trabajo, la productividad, la composición orgánica del capital, etc.), pero lo central es que el término PYME suprime la diferencia específica entre la “pequeña-burguesía” y la “clase capitalista”. Porque, al fin y al cabo, no es lo mismo un pequeñoburgués (en un sentido amplio, las “clases medias”), que un burgués pequeño… y mucho menos mediano! Por poner un ejemplo, no es lo mismo el comercio de una familia en la que trabajan entre todos para sostenerlo, o una cooperativa de trabajadores… que una “PYME” con 250 empleados que factura millones de euros por mes.

Sobreexplotación, bajos salarios, precariedad, reforma laboral

En enero de 2013 había en el Estado español 3.142.928 empresas, de las cuales 3.139.106 (99,88%) son PYME. Según el estudio “Retrato de las Pyme 2014”, del total de los 13.5 millones de asalariados, las PYME (“micro”, de 0 a 9 asalariados; “pequeñas”, de 10 a 49; y “medianas”, de 50 a 249) emplean a 8.504.902 (el 62,8%). Entre las “pequeñas” y las “medianas”, emplean un 32.6% del total.

Nos es cosa de aburrir con estadísticas, pero más de la mitad de las empresas catalogadas como PYME en el Estado español, son empresas capitalistas hechas y derechas, que explotan nada menos que a 4.414.500 trabajadoras y trabajadores en unidades de producción o servicios que van de 10 a 249 asalariados.

Por la propia lógica de la competencia capitalista, en las PYME la sobreexplotación del trabajo es el pan de cada día. Si el gran capital quiere liquidar al pequeño, el pequeño descarga esa presión sobre sus trabajadores. ¿Cómo? Reduciendo personal, flexibilizando las tareas, aumentando los ritmos de trabajo, extendiendo la jornada laboral, y sobretodo, pagando los peores salarios, cuando los trabajadores no están directamente “en negro” o currando gratis mediante el lucrativo negocio de las pasantías. Todo lo que sea necesario para asegurar “niveles aceptables de productividad” para sobrevivir en el mercado.

Esto explica por qué los representantes de las PYME no se opusieron a la Reforma laboral, el peor ataque a los derechos de los trabajadores en las últimas décadas. Al contrario, abrazaron con gusto sus detalles más picantes, como la vía libre para hacer despidos colectivos (EREs), o poder despedir por faltas de asistencia al trabajo con sólo 20 días por año, o la reducción de la cuantía en los despidos improcedentes. La lista sigue, pero de conjunto fue un chollo, como se dice.

En sólo un aspecto las PYME se opusieron a la Reforma laboral: la eliminación del Fondo de Garantía Salarial, por el cual cuando una empresa con menos de 25 trabajadores despedía a un empleado, el Estado se hacía cargo del 40% de la indemnización. El mecanismo se terminó el 1 de enero de 2014. ¿Qué hicieron muchos de los patrones “pequeños y medianos” al enterarse de la inminente reforma? Echar gente a la calle antes del 31 de diciembre.

Lo más probable es que si uno le preguntase a cualquier “pequeño o mediano empresario” cómo deberían regularse los despidos, este respondería: despido libre. Despedir y contratar trabajadores como le venga en gana, sin pagar indemnizaciones. Uno de los sueños de todo capitalista.

A su vez, la organización sindical en las pequeñas empresas es una realidad marginal, que sólo varía un poco en las medianas. A esto no sólo colabora la natural propensión antisindical de los empresarios, sino también que en empresas de menos de 50 trabajadores no es obligatorio legalmente tener representación sindical.

Recuerdo una entrevista publicada en El Economista en mayo de 2011 a Francesc de Paula Pons, Secretario general de la patronal española de la madera -una patronal formada esencialmente por Pymes-, en el que decía“Yo no soy partidario de la sindicalización de las pymes”. Y esta no es la excepción, es la norma.

Hay que decir que CCOO y UGT no han luchado ni poco ni mucho por sindicalizar a las PYME, un inmenso territorio en el cual la gran mayoría de los trabajadores sobreviven a merced de la prepotencia patronal. Pero lo que es seguro es que el otro gran sueño del empresario, quizá el mayor, es poder explotar a sus trabajadores sin ningún sindicato de por medio.

Esta es la verdadera cara del “empresario emprendedor”, la flor y nata del futuro del país, que reivindica Pablo Iglesias.

¿Quiénes pueden “sacan el país adelante”?

La visión idílica de un pequeño empresariado que representa el futuro del país, como la que pregona Pablo Iglesias, no es fortuita. Es parte de una estrategia política.

En la entrevista con Risto Mejide, Iglesias habla de los parados y de los empresarios, pero no de los trabajadores. De hecho, no he oído ni leído una sola vez a Pablo Iglesias hablar de las luchas obreras, ni siquiera de algunas tan importantes como las de Coca Cola Fuenlabrada o Panrico Santa Perpetua.

En mi opinión, este interés en negar la lucha de clases se corresponde con una estrategia en la cual la mayoría de los empresarios “dignos y decentes” (como los llamó otra líder de Podemos, Carolina Bescansa), son los aliados naturales del resto de los “ciudadanos” para construir un proyecto de “unidad popular” para “democratizar el país” y “recuperar la soberanía”.

La desconfianza en la potencialidad trasformadora de la clase trabajadora y la negación de toda posibilidad de superación del sistema capitalista, lleva a Iglesias y la dirección de Podemos al campo de la “unidad popular”… pero con los empresarios. Eso sí, con los que “sacan este país adelante”.

El problema, es que no hay un solo caso en la historia en que se haya encontrado un espécimen de ese tipo. Lo que si se ha encontrado es que cada vez que los trabajadores y los pobres ataron su destino al de algún sector capitalista, lo pagaron muy caro.

Por más que la derecha despotrique, en la cabeza de sus líderes, Podemos es un nuevo proyecto de conciliación de clases. Afortunadamente, no todos los integrantes de Podemos sostienen esta perspectiva.

Una política para salir de la crisis capitalista a favor de las mayorías sociales, sin lugar a dudas tiene que considerar a los pequeños propietarios arruinados por los monopolios. Pero el problema es si la economía, en primer lugar la industria, los transportes, los servicios, están puestas al servicio de los intereses vitales de los trabajadores y el pueblo pobre. Y eso no puede hacerse si no se supera el capitalismo.

Lejos de la vieja idea liberal de que son los empresarios los que “sacan el país adelante”, cada vez que estos progresan como clase lo hacen contra la mayoría social del país. Por eso, los únicos que pueden dar una salida progresiva a la crisis, son los trabajadores y los sectores populares que no viven del trabajo ajeno.

Pablo Iglesias insiste en que él es “de izquierdas”, pero defiende que “lo que nosotros estamos proponiendo no es de izquierdas ni de derechas, es una cosa de sentido común”. El problema es que el sentido común no suele ser de izquierdas. Más bien lo contrario.