Estancamiento secular, tiempo libre y marxismo

Según una nota reciente de Financial Times, el debate sobre estancamiento secular es una de las discusiones económicas más importantes de la actualidad. El articulista agrega que el otro gran debate es el referido a las fuentes de la desigualdad. Estamos de acuerdo aunque consideramos que los temas están más ligados de lo que parece.

Dedicamos a un asunto y a otro, múltiples artículos de esta columna. Nos interesa esta vez retornar sobre las cuestiones demográficas que los mentores del estancamiento secular enarbolan como una de las causas explicativas centrales de su tesis.

Como señalamos en Lo que es bueno para la humanidad no lo es para el capital, el escaso crecimiento poblacional en los países centrales, resulta para los economistas, una de las explicaciones más exhaustivas del bajo crecimiento económico durante las últimas décadas. La cuestión está adquiriendo cada vez mayor lugar como problema estructural del crecimiento económico capitalista. Veamos algunos ejemplos en términos -si se quiere- prácticos. Dice Financial Times, que Japón intenta escapar a dos décadas de deflación y el denominado programa de tres flechas -por sus facetas monetaria, fiscal y estructural- impulsado por el primer ministro Shinzo Abe, estaría fallando fundamentalmente en su aspecto estructural. Según el diario, los principales problemas estructurales que Japón afrontó débilmente y necesita enfrentar se encuentran en el mercado laboral y el sistema de seguridad social. Se trata por un lado de impulsar el alcance y la productividad de una fuerza laboral que disminuye y por otro, de controlar los costos a medida que la población envejece. Por otra parte, en una nota reciente The Economist, esta vez sobre Estados Unidos, se afirma que la salud del mercado laboral estaría entre las preocupaciones centrales de la Fed. El dilema consistiría en que la participación de la fuerza laboral en el mercado de trabajo que se incrementó en forma constante desde mediados de 1960 hasta finales de los ‘80, se habría aplanado durante la década del ‘90 decreciendo después del 2000 y encontrándose, actualmente, muy por debajo de su nivel pre-crisis. El problema consistiría en que si la escasez de la fuerza de trabajo es efectivamente una cuestión estructural y no cíclica, un ejército de reserva débil, podría no contribuir a disminuir los salarios en términos “suficientes”. Por el contrario, la escasez de mano de obra impulsaría los salarios hacia arriba. Si esto es así, la inflación se aceleraría pronto por lo que la fed debería elevar las tasas interés rápidamente. En el campo “teórico”, además del espacio que otorgan al problema Summers, Gordon y periodistas económicos como Davies, entre otros, recientemente Stephen Cecchetti y Kermit Schoenholtz escribieron en Una guía sencilla del estancamiento secular, que la razón más convincente que explica la baja de la producción potencial de Estados Unidos, es el envejecimiento de la fuerza de trabajo. Agregan que durante la década que comenzó en 2012, la Oficina de Estadísticas Laborales proyectó un crecimiento anual de la fuerza de trabajo de sólo un 0,5%, por debajo de un promedio cercano al 1% de las dos décadas anteriores, a lo que se agrega el dinamismo declinante del mercado laboral norteamericano.

Irracional

El bajo crecimiento poblacional como explicación de la tesis del estancamiento secular aparece como un sinsentido desde el punto de vista lógico e histórico. En realidad, la cuestión, estaría poniendo de manifiesto que existe un exceso de capital frente a las posibilidades del crecimiento poblacional. Representa de por sí un reconocimiento de la incompatibilidad entre las necesidades del capital y las necesidades históricas de desarrollo de la humanidad. Un verdadero problema entre forma y contenido se pone de manifiesto. La forma de valor por oposición a la riqueza que, como dice Marx, está dada por el contenido material de los valores de uso, se presenta como incompatible. En el caso de los países centrales y en los términos de la teoría burguesa, empieza a aparecer notablemente separada la necesidad de producción de valor por parte del capital y las necesidades de valores de uso de la sociedad. De este modo, lo genérico, el valor de uso, se distancia de su forma específicamente capitalista, el valor, poniendo en escena el problema como manifestación de los límites históricos del modo de producción capitalista.

El capital y la humanidad

Sin embargo, desde el punto de vista de la teoría burguesa, el dilema no resulta absurdo en absoluto. Expresa que a pesar de los índices de desocupación alarmantes en muchos países centrales, el capital ve con terror lo que en un sentido es obra del desarrollo de las fuerzas productivas. Esto es que la combinación de la extensión de la expectativa de vida y un índice relativamente bajo de nacimientos, no es compatible con las necesidades crecientes de succión de plusvalor por parte del capital. En el contexto de los países centrales, dada una mayor longevidad y una menor natalidad, autores como Davies plantean abiertamente que la productividad tendrá que contrarrestar la situación demográfica. En otros términos, los jóvenes tendrán que pagar con más plusvalía relativa la vida “improductiva” (en el sentido de la producción de plusvalor) de los viejos o mejor aún, tendrán que producir una cuota mayor de plusvalor cuando jóvenes, para pagarse una prolongación “improductiva” de sus vidas. Evidentemente la conquista de “tiempo libre”, aunque más no sea por el aumento de la expectativa de vida y no por la reducción del tiempo de trabajo, se la mire por donde se la mire, aparece como un obstáculo histórico para el desarrollo del capital. Pensada en estos términos la cuestión plantea claramente una contradicción entre el devenir del capital y el devenir de la humanidad y pone en escena los estrechos límites del reformismo burgués en los tiempos actuales. A decir verdad, este asunto actualiza en gran parte la discusión sobre las posibilidades de desarrollo de las fuerzas productivas bajo el capitalismo, en la medida en que opone el incremento de la expectativa de vida a las necesidades del capital como una cuestión que sólo podría resolverse incrementando la productividad en un contexto de “estancamiento secular”. Y precisamente porque este es el contexto, el problema aparece como una suerte de círculo vicioso. En los términos del capital, tal como explicamos en artículos anteriores, la cuestión choca nuevamente con el asunto de la escasa inversión y los declinantes índices de crecimiento de la productividad. Por ello las fuentes de plusvalía absoluta (nuevos oasis de trabajo abundante y barato) suenan siempre como una bendición y en gran parte una contratendencia al bajo crecimiento capitalista de las últimas décadas. En este contexto y ante el aparente –aunque aún relativo- agotamiento de las condiciones para la inversión del capital internacional en China, la India estaría apareciendo como nuevo objetivo, aunque en una situación económica, política y geopolítica cualitativamente más compleja para el capital que en las décadas previas.

El granito de arena de Piketty

Por último la “preocupación” por la desigualdad –en la medida en que limita la realización del plusvalor- y la lucha por la obtención de una cuota mayor de trabajo no pago, parecen términos contradictorios. Por supuesto que a la teoría económica burguesa la desigualdad no le preocupa en lo más mínimo salvo en la medida en que puede limitar la realización del plusvalor. Y esto es lo que parece estar sucediendo desde la recuperación de 2010 cuando debido a los grandes niveles de endeudamiento de los hogares, el crédito al consumo ya no puede cumplir el rol de antaño. La única salida pensable para la burguesía en los países centrales, consiste en aumentar la plusvalía relativa. Cuestión que hasta cierto punto y a la vez que eleva la desigualdad en términos relativos, sería compatible con incrementos salariales que regeneren a la “clase media” norteamericana. Pero el asunto es que esta vía sólo podría lograrse mediante el incremento de la productividad, lo que nos hace retornar otra vez al mismo punto. El caso de Estados Unidos es paradigmático.

Según Davies, más allá de lo que los datos oficiales norteamericanos puedan estar ocultando gran parte de la realidad (ya que existe una masa muy significativa de trabajadores por fuera de los índices oficiales), el empleo estaría aumentando de forma inesperadamente rápida en relación con los índices moderados de crecimiento de la economía. La caída del crecimiento de la productividad en el último período, sería la explicación de esta contradicción. Durante los últimos cuatro años la productividad en Estados Unidos habría estado aumentando a una tasa del 0,6% en comparación con la norma del 2% de hace una década. Y durante 2014 el incremento se redujo aún más, rondando una tasa de crecimiento cercana a cero. Pero y como también señala Davies, la desaceleración de la productividad se inició mucho antes de la crisis financiera por lo que se espera que persista. Una vez más los límites a la inversión y las condiciones de estancamiento secular, hacen poco probable una reversión de esta situación que vuelve a mostrarse bajo la forma de un círculo vicioso para el capital.

*Publicado originalmente en La Izquierda Diario

Paula Bach

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