Podemos, Izquierda Unida y la utopía de reformar el capitalismo

El programa económico de Podemos ha suscitado todo tipo de críticas desde el gobernante Partido Popular (PP) y la oposición social liberal del PSOE. Pero también dejó claras las coincidencias con Izquierda Unida, con quien comparten la visión de que es posible “democratizar” la economía capitalista. Ante este escenario, lo que hace falta en la izquierda española es una crítica radical del régimen político y la defensa un programa anticapitalista.

Tras meses de indefiniciones, hace dos semanas Pablo Iglesias presentó su programa económico en un documento redactado por los economistas Vicenç Navarro y Juan Torres, con el que pretende disputar la presidencia en las elecciones generales del 2015. Las propuestas no tardaron en recibir los ataques de los representantes de la casta política, aterrorizados por el crecimiento de Podemos en las encuestas.

“Aunque el populismo extremista se vista de seda, populismo extremista se queda”, declaró el secretario de organización del PSOE, César Luena. En la misma dirección atacó un funcionario del PP, Javier Arenas, para quien el programa económico de Podemos llevaría a España a “la ruina económica” y “un paro terrible”.

Pero “la casta” no se pone muy de acuerdo en cuál es el mejor ángulo de la crítica. Antonio Hernando, portavoz socialista en el Congreso, prefirió atacar por otro lado y le pareció “poco serio” que Podemos publique cada “tres semanas” un programa con medidas diferentes. Según Hernando, Podemos se presentó a las elecciones europeas “con un programa, luego otro, en su asamblea presentaron otro, ayer otro…”, una apreciación no muy lejana a la realidad.

Es comprensible que los representantes políticos del “PPSOE” –como la izquierda social española les ha bautizado hace tiempo- vean con preocupación el ascenso de Podemos. Desde la Transición han sido uno de los pilares del régimen político instaurado en 1978 que, con los Pactos de la Moncloa y la Constitución, permitió el retorno de la Monarquía, sepultó el derecho de autodeterminación de las nacionalidades, consagró la impunidad de los crímenes del Franquismo y estableció el actual sistema político bipartidista, basado en una casta política privilegiada y corrupta.

Pero las críticas de los voceros del PP y el PSOE carecen de toda objetividad. No sólo porque nacen del espanto a perder parte de sus privilegios, sino también porque le otorgan a Podemos y su programa económico más contenido “rupturista” del que realmente tiene.

El tronco común de Podemos e Izquierda Unida

Aunque no todas son críticas. También hay grandes coincidencias con otros partidos, como Izquierda Unida. Así lo reconoció Gaspar Llamazares, cuadro histórico del ala derecha de IU, emocionado con que el programa económico de Podemos “coincida al 95%” con las propuestas que IU lleva “defendiendo en solitario durante años”.

Aún más representativa es la lectura del diputado de IU Alberto Garzón, un joven economista proveniente del 15M y promesa de renovación en las filas del maltrecho partido dirigido por Cayo Lara. Para Garzón, el programa de Podemos incluye muchas de las propuestas que defiende IU. Es más, él mismo escribió tres libros con los economistas de Podemos, Vicenç Navarro y Juan Torres.

En efecto, las propuestas presentadas en el documento “Un proyecto económico para la gente”, son calcadas de las que aparecen en el libro “Hay Alternativas”, un ensayo publicado en 2011 por los tres economistas, en el que los tres economistas proponen 115 medidas a adoptar de forma urgente en España, que en su mayoría son reproducidas en el programa económico de Podemos.

Sus propuestas se pueden sintetizar en algunos ejes fundamentales (aumento del gasto público, persecución de la evasión fiscal, financiación pública frente a la banca privada, generación de crédito para desarrollar la economía, reestructuración ordenada de la deuda), que de conjunto constituyen un programa neo-desarrollista, de corte socialdemócrata, como sus mismos autores reconocen.

Así, tanto el programa económico de Podemos como el de IU, tallados sobre la misma madera reformista, se proponen el objetivo utópico (y reaccionario a la vez) de humanizar y “democratizar” el capitalismo imperialista español, siguiendo la fábula de que es posible desarrollar una economía “que contribuya al bien común”, sin superar los márgenes del propio sistema capitalista ni enfrentar a las corporaciones y los grandes empresarios. Al contrario, consideran que son aliados fundamentales con quienes sentarse a debatir como “reposicionar a la economía española en el mercado internacional”.

Añoranzas de la Transición

Las coincidencias entre Podemos e IU, sin embargo, no implican una absoluta identidad. Iglesias y los suyos reniegan explícitamente de la ideología de “izquierdas” y consideran superada la lucha de clases y el período histórico que dio lugar a las “hipótesis insurreccionales”, en tanto IU sigue manteniendo simbólicamente –aunque cada vez menos- un discurso que apela a la clase trabajadora y, para los días de fiesta, incluso a la “revolución”.

Pero sobretodo, lo que no tiene Podemos, y si tiene IU, es pasado, aunque este no sea glorioso sino todo lo contrario. IU lleva consigo la herencia política de su principal componente, el PCE, y su rol en la Transición como garante del “control de la calle”, para que nada impidiera el contubernio con la Corona, los franquistas reciclados y el PSOE que permitiera el “retorno de la democracia”. Esto por no remontarnos al papel contrarrevolucionario jugado por el PCE en la propia revolución española.

Y si no todo tiempo pasado fue mejor, tampoco lo es el presente, en el que IU es vista por amplios sectores –no sin razón- como parte de la casta política, participando del gobierno austeritario de Andalucía con el PSOE, con decenas de dirigentes implicados en las corruptelas de Caja Madrid y Bankia, o sosteniendo una alianza estratégica con la burocracia sindical de CCOO que dejó pasar la reforma laboral y todos los ataques al movimiento obrero de las últimas décadas.

La dura disputa interna dentro de IU por renovar su dirección, que hace pocos días tuvo un primer desenlace con el triunfo de Tania Sánchez y Mauricio Valiente en las primarias de IU Madrid, es parte del intento de reciclaje ante los profundos síntomas de descomposición que los acechan.

Pero esto no significa que en el balance de la Transición hay diferencias sustanciales entre Iglesias y los portavoces de Podemos con el PCE e IU. En un reciente debate sobre el “populismo” realizado en el programa Fort Apache, conducido por Pablo Iglesias, el líder de Podemos y otro de sus portavoces, Iñigo Errejón, defienden abiertamente el papel central del PCI para reinstaurar la democracia burguesa en Italia después de la Segunda Guerra Mundial. Este papel será la antesala del posterior giro “eurocomunista”, en el que el PCI asume explicitamente las reglas de juego de la democracia burguesa y sobre el cual Iglesias y Errejón no se explayan en el debate. Un intento vergonzante de escapar a la reivindicación del otro eurocomunismo, el de Santiago Carrillo, espejo español (en la Transición) de la “responsabilidad de estado” que mostró el PC italiano.

Esto no debería sorprender a nadie. Varios de los “cuadros” del núcleo duro de Podemos provienen del PC e IU, empezando por el propio Iglesias o Juan Carlos Monedero, que durante años fue asesor de Llamazares y, según dicen algunas fuentes, muy cercano al núcleo más rancio de la dirección de IU Madrid… la misma que acaba de ser desplazada.

Bajo el prisma de estas experiencias, resulta más sencillo comprender el contenido de las consignas marketineras como “rescatar la democracia” que tanto gusta decir a los dirigentes de Podemos e IU, entre quienes, en definitiva, hay muchas más coincidencias programáticas y estratégicas que las que muchos piensan.

La necesidad de una crítica anticapitalista

Pablo Iglesias sostiene que su programa económico, el mismo que defiende IU, es “realista y pragmático”. Sin embargo, resulta difícil considerar realista un programa que se propone superar la crisis generada por los propios capitalistas sin afectar sus intereses. Esta sencilla verdad, la imposibilidad de conquistar una “economía al servicio de la gente” sin enfrentar y superar el capitalismo, es uno de los principales debates que se plantean hoy en la izquierda española.

Lamentablemente, sectores que se reivindican anticapitalistas dentro de Podemos, como la dirección de Izquierda Anticapitalista, lejos de defender estas ideas se han subordinado a la estrategia y el programa de Pablo Iglesias, asumiendo casi sin criticas el programa económico de Podemos.

En la izquierda española urge desarrollar una crítica anticapitalista radical, que muestre los límites insalvables de un programa de “democratización” de la economía capitalista y que, a su vez, combata la estrategia de regeneración democrática del régimen político español, compartida tanto por Podemos como por IU, que opone la gestión de los recursos del estado capitalista a la movilización de las masas.

Miles de personas, entre ellos militantes de IU y otras organizaciones, cantaban en las recientes Marchas de la Dignidad del 29N “No hay otra manera, o con la patronal o con la clase obrera”. Con toda justicia una idea correcta. Sin embargo, para que ese canto se pueda transformar en una realidad, es necesario imponer un programa que partiendo de las demandas más urgentes de la población trabajadora (defender el trabajo, acabar con el paro de millones, viviendas dignas, terminar con la estafa de los bancos, salud y educación gratuita y de calidad, derechos democráticos, etc.) avance en cuestionar el poder de la banca y los grandes capitales del Estado español y las multinacionales. Y eso no puede hacerse en los marcos del actual régimen político ni con sus reglas de juego, sino mediante una estrategia que tenga por centro la movilización revolucionaria de los trabajadores y la mayoría del pueblo pobre.

De no ser así, sea con un gobierno de Podemos o una coalición de Podemos-IU-PSOE o la variante que “cierre” para alcanzar la mayoría, los poderes reales del capitalismo español lograrán, una vez más, asimilar un nuevo personal político para sobrevivirse a sí mismos.