Un debate sobre el proceso constituyente de Forcades-Oliveres y con la izquierda que lo aplaude

A junio de 2013 el Régimen del ‘78 es a ojos de millones un gran problema, un obstáculo para lograr resolver los grandes problemas sociales y democráticos que se están desarrollando y saliendo a la luz al calor de la crisis capitalista. En este contexto la discusión sobre la necesidad de abrir un proceso constituyente se está extendiendo por todo el Estado. En Catalunya éste ha recibido un fuerte impulso tras la propuesta política realizada por la monja benedictina Teresa Forcades y el economista y fundador de Justicia y Pau, Arcadi Oliveres. Dos activistas muy conocidos en diversos movimientos sociales catalanes y referentes de la Teología de la Liberación. El pasado 13 de abril hicieron público un manifiesto y su entrevista en el programa Singulars de TV3 sirvió para que facilitar su difusión.

En estos meses casi todas las organizaciones de la extrema izquierda y la izquierda independentista se han ido pronunciando sobre la propuesta. La mayor parte de ellas lo han hecho apoyándola sin ninguna diferencia, incluso la CUP y Revolta Global están siendo parte activa de la organización de diversos actos de presentación de la propuesta. También En Lluita ha mostrado su entusiasmo. Lluita Internacionalista ha manifestado muchas dudas y críticas, algunas de ellas las compartimos. Y Corriente Roja saluda el proceso como un paso adelante aunque le señala algunos “límites” en el programa. Clase contra Clase no nos hemos sumado a la lista de apoyos, y esto se debe a profundas diferencias tanto en la estrategia que se propone como en el programa, además de que el curriculum de los impulsores –no podemos olvidar a Arcadi siendo uno de los abanderados de la condena de los “violentos” en el cerco al Parlament del 15J, imaginamos que los 20 jóvenes encausados en la Audiencia Nacional por esta protesta tampoco- y sobre todo los “socios” a los que llaman a sumarse -desde ICV hasta sectores del PSC- creemos que marca de entrada cual es la verdadera naturaleza del proyecto. Más allá de esto la propuesta de Forcades y Oliveres permite abrir un necesario debate en la izquierda sobre cuál debe ser la estrategia y el programa para conquistar el derecho de autodeterminación, acabar con el actual régimen político y dar una salida a los graves problemas de paro, desahucios, recortes… que estamos padeciendo.

El proceso constituyente ¿Una tarea exclusivamente catalana?

Tanto el manifiesto como las declaraciones en prensa de sus dos principales promotores enmarcan la propuesta en un marco exclusivamente catalán. Las fuerzas sociales para poner en marcha el proceso constituyente nacerían de la “ciudadanía de Catalunya”. No se habla nunca de la relación entre el pueblo catalán y el resto de los sectores populares y la clase obrera del resto del Estado español. Pero ¿Acaso es posible resolver los grandes problemas democráticos y sociales de Catalunya sin acabar con el Régimen del ‘78? Y para una tarea de este tipo ¿No es necesaria y conveniente la unidad en la lucha con el resto de sectores obreros y populares que además padecen muchos problemas comunes? Una alianza de este tipo es imprescindible tanto para poder abrir un proceso constituyente que barra el Régimen del ‘78 -algo a lo que aspiran cada vez más sectores del Estado, no hay más que ver las manifestaciones de asedia el Congreso- como para conquistar el derecho de autodeterminación. Para que el pueblo catalán pueda decidir “de forma democrática y pacífica que modelo de Estado y de país es el que desea” como planeta el manifiesto, antes se tendrá que tumbar el régimen político que hoy por hoy lo impide. En esta tarea dividir la lucha de los oprimidos en líneas nacionales lejos de favorecer las demandas democrático nacionales catalanas, las debilita.

En nuestra opinión la apertura de un proceso constituyente es pues una tarea común de los trabajadores y sectores populares catalanes, vascos, castellanos, aragoneses, andaluces… algo que solos desde una nacionalidad y con el Régimen del ‘78 vigente, no podremos hacer. Sobre sus ruinas es el único escenario en el que el pueblo catalán podrá ejercer su derecho a la autodeterminación y abrir un proceso constituyente propio, hacia la independencia, si una mayoría así lo quiere, o hacia la libre federación con el resto de trabajadores del Estado español.

La movilización social ¿De qué tipo? ¿Qué rol debe jugar?

La estrategia para lograr este proceso constituyente combina “la auto-organización y la movilización social continuada”, con una “candidatura lo más amplia posible para las próximas elecciones al Parlament de Catalunya con el objetivo de defender la convocatoria de una Asamblea Constituyente para definir qué nuevo modelo de Estado y de ordenación socio-económica queremos”.

Insisten en que la movilización debe ser “ciudadana” y “pacífica”. ¿Qué quieren decir estos dos términos para Forcades y Oliveres? La respuesta a esta pregunta la encontramos en la segunda premisa de su estrategia, entender la conquista de espacios institucionales como la vía desde donde se podrán acometer las reformas sociales y políticas que contiene su programa. Es decir la movilización es entendida como una especie de acompañante necesario a la labor institucional, y por lo tanto respetuosa con los márgenes del mismo régimen político actual que se proponen reformar. Unos márgenes muy estrechos, cada vez más de hecho, y que siempre han sido respetados por ambos impulsores. Sirva de botón de muestra la actitud de Arcadi Oliveres ante la protesta contra el Parlament de Catalunya el 15J de 2011. Lo que simplemente fue una concentración para evitar la entrada de los parlamentarios al hemiciclo -el mismo día que iban a votar los peores recortes sociales de la historia- fue condenado contundentemente por este profesor, que lo consideraba un atentado inaceptable contra una institución democrática. Muchos activistas estudiantiles de la UAB también conocen los límites permitidos por Oliveres a la movilización estudiantil, que siempre debe respetar los marcos de la anti-democracia universitaria.

Con lo de “ciudadana” dejan claro que además de en los métodos de lucha, Forcades y Oliveres marcan también serios límites al carácter de clase de las movilizaciones. El discurso de “ciudadanía” lo que busca es tratar de diluir la fuerza de la movilización de la clase trabajadora, tratando de que ésta se exprese como un ciudadano más, en las manifestaciones y acciones de este tipo, pero limitando que ponga en marcha su verdadera fuerza. Nos referimos sobre todo a la huelga general, la ocupación de las empresas… es decir paralizar y hacerse con el control de los principales resortes que producen la riqueza. Los medios y los fines siempre tienen una relación muy estrecha. Al entender que el proceso constituyente es posible abrirse desde la conquista de espacios institucionales en el actual Régimen –por medio de una candidatura en las siguientes elecciones autonómicas- las movilizaciones que se proponen deben estar limitadas a no hacerlo saltar. Y en este marco y “con la que está cayendo”, una salida a escena de la clase trabajadora a luchar con sus propios métodos -como vimos en la huelga minera- es menos “apropiada” que las manifestaciones ciudadanas y pacíficas.

Revolta Global asume plenamente estos planteamientos [1], que de hecho son muy acordes con el giro que está dando su organización a nivel estatal e internacional. Izquierda Anticapitalista y varios grupos y sectores de su corriente internacional, después de décadas en las que habían renunciado explícitamente a formular estrategias para la conquista del poder por parte de los explotados, han resuelto esta cuestión en clave reformista. En varios países alientan la formación de coaliciones amplias de izquierda -en el Estado español incluso con IU, como es su proyecto de “Alternativas desde Abajo” [2]- para formar Gobiernos de izquierda que renegocien la deuda e implementen algunos paquetes de reformas urgentes. Gobiernos que en definitiva hagan una “gestión de izquierda” de la crisis capitalista, sin tocar los pilares fundamentales de este sistema de explotación.

Estrategia esta que no está tan lejos de la defendida por las CUP-AE en su programa a las elecciones al Parlament. En él combinaban la movilización social con la conquista de espacios institucionales como vía para lograr las transformaciones sociales y democráticas. El viejo debate de reforma o ruptura vuelve a escena, como también señalan correctamente los compañeros de Lluita Internacionalista [3]. Y es que Forcades y Oliveres están promoviendo un proyecto político que puede empalmar perfectamente con las líneas maestras que IU e ICV se han fijado para los próximos meses, que no son otras que constituir bloques políticos en las que ellos sean la pieza hegemónica para desviar la movilización social hacia una refundación o reforma del actual Régimen político. Los herederos del PCE, quieren re-editar la gesta de Carrillo en 1978, sólo que esta vez ante el duro desgaste de sus formaciones -implicadas en Gobiernos tan anti-populares y represivos como el Tripartit- les obliga a valerse de dos figuras venidas del cristianismo progresista.

¿Es posible resolver los grandes problemas sociales y democráticos sin una “ruptura”?

Desde nuestro punto de vista es totalmente utópico pensar que se puede acabar con la Corona, la opresión nacional, la Judicatura y Fuerzas represivas al servicio de esta democracia para ricos, la casta política vendida a empresarios y banqueros… por medio de las mismas instituciones que han sido creadas para defenderles. No despreciamos la utilización de las elecciones como un escenario de lucha política, pero la entendemos como una herramienta para popularizar un programa y una estrategia orientados a derribar el Régimen, nunca como una vía para su reforma o refundación.

El esbozo de programa que se plantea en el manifiesto Forcades-Oliveres olvida algunas cuestiones democráticas fundamentales, como por ejemplo la necesaria separación definitiva de la Iglesia y el Estado, la anulación del Concordato, el fin de todo subsidio y la expropiación de las riquezas e inmuebles de su propiedad, incluyendo la residencia de Forcades, el Monasterio de Montserrat. Esto no es de extrañar ya que la monja benedictina mantiene un total respecto a la reaccionaria institución de la Iglesia Católica, como ha manifestado abiertamente al asegurar que su salto a la política ha contado con el permiso de su obispo.

Tampoco hacen mención ni denuncia alguna a la UE o la troika, y como lograr -o si es necesario o no- derribar a la Europa del capital. Algo que también cuadra con las intenciones de sumar a este proyecto a sectores de ICV, el PSC… o incluso individuos de derechas, como la misma Forcades declaró en una reciente entrevista en ARA-TV [4]. Sí recoge algunos de los grandes problemas sociales, y algunos lineamientos generales para su resolución. Muchos de estos puntos mantienen formulaciones claramente tibias o insuficientes, que creemos son parte del espíritu general del manifiesto y su estrategia, y que apuntan hacia un programa de reformas sociales y políticas que no se aleja del que puede levantar IU u otras fuerzas del arco reformista.

Así frente al problema de la deuda se habla de “auditoría de la deuda e impago de la deuda ilegítima”, una formulación que también es levantada por grupos como Revolta Global o las CUP-AE, y que parte de hacer una falsa división entre deuda legítima e ilegítima. Como si los trabajadores y el pueblo debiéramos asumir una parte de lo endeudado por el Estado de los capitalistas. De hecho esta fórmula es la que usaba Syriza, que cuando se veía como posible un “Gobierno de izquierdas” en Grecia, la re-formuló como renegociación del pago de la deuda.

Algunos puntos como la “expropiación de la banca privada” y “de las empresas energéticas”, son los que más resortes anticapitalista tienen, sin embargo ya Forcades se encargó de tranquilizar a los defensores de la economía de mercado en el programa Singulars, alegando que sólo se querían poner cierto control sobre la misma. Las recetas del profesor Oliveres contra la crisis son más que conocidas, sobre todo por limitarse a medidas de control y reforma fiscal, pero siempre sin molestar a la deificada propiedad privada de los medios de producción.

¿Acaso podemos pensar en acabar con el problema del paro sin expropiar y poner bajo control obrero las empresas que cierran y despiden? O la “reducción de la jornada laboral y reparto de todos los trabajos” que recoge el manifiesto ¿Es posible imponérsela a los capitalistas sin reducción de salario –pues no queremos repartir la miseria- sin imponer el control de la producción por parte de los trabajadores? ¿Cómo vamos a resolver el problema de la vivienda sin expropiar todo el parque de casas en propiedad de bancos y especuladores? ¿Se pueden sostener las pensiones, la sanidad y la educación sin dejar de pagar inmediatamente la deuda, sin expropiar las principales empresas del país y sin grandes impuestos confiscatorios a las principales fortunas? Son todas medidas que necesariamente son despóticas con la propiedad privada de los capitalistas, pero resultan vitales para los trabajadores y el pueblo. En contra de los buenos deseos del cristianismo progresista, y la izquierda que le sigue, los graves problemas democráticos y sociales generados por el capitalismo español, no pueden resolverse desde el camino de la reforma -“de la ley a la ley” como dijo Suárez, y repitió Carrillo- sino mediante una ruptura que tendrá que echar abajo con la movilización de los trabajadores y el pueblo el actual Régimen político y sus instituciones.

¿Cómo podemos avanzar hacia la “ruptura”? ¿Qué “ruptura”?

Es utópico pensar que todas estas medidas democráticas, sociales y económicas puedan ser conquistadas desde un grupo parlamentario -e incluso desde un “Govern de esquerra” en la Generalitat o un “Gobierno de izquierdas” en Moncloa- y con movilizaciones “ciudadanas” y “pacíficas”.

El único camino verdaderamente realista es la movilización sostenida de todos los sectores populares, con la clase trabajadora al frente paralizando y haciéndose dueña de los principales resortes de la producción. Hoy por hoy la burocracia sindical de CCOO y UGT son un gran obstáculo para que el movimiento obrero salga a escena y los trabajadores hagan valer su potencial para poner en jaque al Régimen, y articular en torno a ellos al resto de sectores populares en lucha.

Es por ello que desde Clase contra Clase damos una importancia crucial a la pelea contra esta burocracia, a apoyar todas las luchas obreras, tratar de acompañarlas, ayudar a los sectores más combativos y de izquierda de nuestra clase… con el fin de que podamos recuperar métodos de democracia directa en las luchas obreras, defenestrar a estos burócratas de los sindicatos y comités de empresa, y lograr que el movimiento obrero pueda salir a luchar -como lo ha hecho cuando la burocracia no lo ha podido seguir frenando, como en las huelgas generales, la huelga minera o los trabajadores públicos de Madrid- y a su vez asumiendo entre sus demandas las de otros sectores sociales, y todas aquellas que miles levantan en contra del Régimen del ‘78, como el derecho de autodeterminación. Es una tarea que justamente está muy subvaluada por gran parte de las corrientes de izquierda, y esto creemos que explica en parte su apoyo acrítico a proyectos políticos de carácter reformistas y capitaneados por sectores intermedios, en este caso por una monja progresista obediente de su obispo y un profesor universitario del movimiento cristiano-. Revolta Global, En Lluita o las CUP-AE, si bien hablan en ocasiones de las luchas de los trabajadores, lo hacen como una más, sin entender que el lugar que ocupan en la sociedad capitalista las convierte en el sujeto clave para lograr derrotar el régimen político y el capitalismo.

Otras corrientes, como Corriente Roja, reconocen formalmente esta centralidad, pero convierten las dificultades reales que hay hoy en el movimiento obrero en una excusa para justificar su suma al proyecto impulsado por estos dos militantes cristianos. Así en su declaración sobre el manifiesto Forcades-Oliveres señalan: “En una situación en que el movimiento obrero no se ha liberado todavía de la camisa de fuerza de CCOO-UGT y la clase obrera industrial permanece a la defensiva, esta iniciativa constituye el punto más avanzado del movimiento puesto en marcha el 15M, protagonizado por la juventud precaria, los empleados públicos e importantes sectores de las clases medias asalariadas.” [5] Sin percatarse que la dirección en la que apunta esta iniciativa no es a resolver la situación en la que se encuentra el movimiento obrero, sino más bien a reforzarla, llevando la indignación de los trabajadores y la juventud detrás de un proyecto de reforma y electoral, no de pelea contra la burocracia sindical, por un programa anti-capitalista y de ruptura y para avanzar en el derribo revolucionario del Régimen del ‘78. Una posición que nos resulta contradictoria con las críticas que Corriente Roja plantea a nivel estatal hacia IU y la burocracia de CCOO-UGT, llamando a formar un frente de izquierda que agrupe al sindicalismo combativo, promueva la coordinación de las luchas desde abajo y pelee por un programa anticapitalista, el no pago de la deuda y la ruptura con el Régimen. En nuestra opinión, nos parece que pelear verdaderamente por una alternativa de independencia de clase de la izquierda anticapitalista y los trabajadores, no se corresponde con subordinarse al proyecto reformista de Forcades-Oliveres.

Los “atajos” como el de Forcades-Oliveres, y otros por el estilo que puede proponer por ejemplo IU, no van al mismo destino que persiguen los cientos de miles que salen a la calle para pelear por el derecho de auto-determinación, contra la corrupción, la Corona, el paro, los desahucios… Más bien preparan salidas, bajo la etiqueta de proceso constituyente, que como en el ‘78, deriven la indignación de la calle a las instituciones, y en las que algo cambie para que todo siga igual.

En vez de estos “atajos” desde Clase contra Clase creemos que hay que pelear en todos los frentes -en la calle, las empresas, los centros de estudio, también en el terreno electoral- por conseguir que la clase trabajadora rompa el corsé que aún constituyen las direcciones de CCOO y UGT, saliendo a luchar con sus propios métodos y levantando un programa que de salida a todos los grandes problemas sociales y democráticos.

Sólo así se podrá desatar una movilización que logre tirar abajo el Régimen del ‘78 y permitan la apertura de un proceso constituyente sobre sus ruinas. Un proceso constituyente revolucionario, el único donde un programa para hacer pagar la crisis a los capitalistas, el derecho de autodeterminación, el fin de la Monarquía… podrá llevarse hasta el final. Un proceso de este tipo no nacerá del actual Parlament o del Congreso de los Diputados, sino que solamente podrá abrirlo un Gobierno de los trabajadores y el pueblo, asentado en los organismos de democracia directa que vayamos levantando al calor de la lucha.

Para esta tarea, y en oposición a la actitud de seguidismo hacia proyectos de carácter reformistas que práctica la mayor parte de las organizaciones de la extrema izquierda, desde Clase contra Clase vemos urgente poder formar un gran Frente de la izquierda anticapitalista y revolucionaria y los trabajadores, que levante un programa y una perspectiva de ruptura revolucionaria, y que sin descartar la participación en las contiendas electorales que se presenten, ponga el eje en poder defender y pelear por este programa en el movimiento obrero, estudiantil y el resto de luchas populares que se desarrollan por todo el Estado.

 

[1] “Por un proceso Constituyente en Catalunya” Esther Vivas, Público, 17/04/13

[2] http://alternativasdesdeabajo.org/

[3] Dudas sobre el proceso constituyente de Arcadi Oliveres y Teresa Forcades. Josep Lluis del Alcázar, http://luchainternacionalista.org/s….

[4] http://www.ara.cat/entrevistes/Tere…

[5] Convocatoria para un proceso constituyente en Cataluña, por Felipe Alegría, Evaristo Espigares, Pilar León, Núria Campanera de Corrent Roig. http://www.litci.org/inicio/newspai…

 

Santiago Lupe

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