Hipócrates agoniza en la sanidad pública

Hipócrates, cuenta la historia de Benjamín (Vincent Lacoste), uno de tantos estudiantes de medicina que hace prácticas en hospitales, pero el film no sólo es eso. También podría ser la historia sacrificada de Abdel (Reda Kateb), un médico argelino que para poder ejercer en Francia tiene que realizar prácticas, como si fuera un estudiante más, aguantando no solo la discriminación, sino también las relaciones de dominación jerárquicas.

Curiosamente no estamos ante un film al uso, donde se salven vidas heroicamente, ni se caiga en el otro extremo, el de la condena total, tampoco es el héroe anónimo que salva vidas en la sombra.

La película trata de mostrar dos caras de una misma moneda, tanto bajo la mirada de Benjamín, como la de Abdel que representa según el director a esos “médicos extranjeros que conocí durante mi trabajo en el hospital. Ellos son los que me enseñaron medicina. Ellos son los que cubren los turnos de noche, los que están ahí cuando las cosas se ponen feas. Son extranjeros de entre 35 y 45 años con mucha experiencia y con los que estableces vínculos de amistad y fraternidad.”

Estamos ante una historia donde los dos protagonistas principales dibujan como es la vida en un hospital, aprenden mutuamente a partir de la experiencia y de la práctica diaria. Es una película, donde se muestran los miedos, cuando las cosas salen mal y no da orgullo sacar pecho, para decir “Yo soy médico”, como el protagonista Benjamín ensaya al inicio de la película, orgullosamente ante un espejo.

Se suele decir que las películas sobre médicos no suelen representar bien la realidad, porque sus creadores nunca han ejercido la profesión sobre la que gira la historia. En este caso, el director Thomas Lilti, es un tipo particular que combina su profesión de director con la de guionista y médico de familia, ejerciendo en la actualidad.

En su largometraje nos muestra múltiples realidades. En cualquier caso no estamos ante una crónica hiperrealista de las bajezas que se dan entre los muros de un hospital, ni ante un cuento bucólico. En una entrevista al director, este se expresaba así: “…Hipócrates es una película autobiográfica pero no es una historia real. Benjamín soy yo, pero sigue siendo un álter ego ficticio. Es un médico interno muy joven, como fui yo. Pero aparte de mi experiencia personal en el mundo de la medicina, quería hablar de la estructura y los métodos de trabajo en un hospital a través de mi protagonista.”

La película realiza una denuncia social de las relaciones de dominación del médico sobre los pacientes y del médico sobre el resto de personal sanitario. Asimismo, la denuncia más importante radica en los recortes en sanidad, buscando rentabilidad a costa de la salud de los pacientes. Priorizando el uso de las camas, sobre la vida y legitimando con ello todas las injusticias y discursos tranquilizadores falsos que se dan a los pacientes y sus familiares.

En este contexto, es donde Benjamín aprende lo que significa la palabra -hoy día tan olvidada- como es la integridad. Pero no la aprende por arte de magia, ni por ser el protagonista, sino como explica el director: “muestro los efectos perversos que se generan en un entorno jerárquico: que protege [al estamento] pero no evita la culpa, no impide que la gente tenga dudas. Cuando era un joven interno, esa relación con la impunidad es lo que me resultó más doloroso porque te permite pasar de la ética a la moral ya que te preguntas que si no se castiga un error se puede deducir que nunca se cometió. Y es una disyuntiva aún más importante para un interno joven como Benjamín.”

Por último cabe citar la denuncia sobre la burocratización, que afecta a todos los servicios públicos en Europa (sanidad, educación, etc.), dedicándose más tiempo al papeleo que a ocuparse de los enfermos y en que la falta de camas orienta de forma perversamente lógica a tomar decisiones inhumanas, bajo la determinación de consideraciones económicas y de rentabilidad capitalista.

Al final, el juramento hipocrático, al que hace referencia el título, responde más a un principio (o a un deseo), que a la dura realidad que afecta diariamente a los trabajadores de la sanidad. Y queda planteado como una meta, por la que vale la pena luchar como colectivo.

La película trata de mostrar lo importante y determinante que es la lucha, como colectivo, huyendo de la figura individualista heroica que la sociedad nos impone como modelo.

Juan Romero

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