El derecho a decidir, entre el frente españolista y la dirección del 3%

El derecho a decidir en un momento crítico. La campaña españolista alcanza una escalada nunca vista. Las contradicciones de clase de CDC, el punto más débil del proceso. La reforma del régimen desde adentro de Podemos y la “mano extendida” de la CUP se muestran impotentes en esta encrucijada.

 

Esta semana se hacía público uno de los primeros acuerdos de las negociaciones secretas entre JxSí y la CUP. La resolución de “desconexión” con el Estado ha despertado una brutal campaña españolista capitaneada por el presidente del gobierno. Mientras, en Catalunya las presiones sobre CDC para que recule crecen día a día. Un difícil escenario para la lucha por el derecho a decidir en el que las propuestas de reforma del régimen desde adentro y la dirección burguesa del proceso se muestran impotentes.

El frente españolista y la impostura de Podemos

En estos días hemos visto como desde el PP se amenazaba con aplicar el artículo 155 de la Constitución o la nueva Ley Orgánica del Tribunal Constitucional. El PSOE se ha sumado sin dudarlo a esta campaña. Ciudadanos exigía que le abran la puerta. Y hasta Pablo Iglesias lamentó que Rajoy no le hubiera tenido en cuenta. Pero parece que Rajoy ha decidido atender las demandas de Rivera e Iglesias y los recibirá este viernes en Moncloa para intentar formalizar un gran frente anti-soberanista.

Rivera llevará una propuesta de pacto que le viene al dedo al eje PP-PSOE: recurrir ante el TC la admisión a trámite por la mesa del parlament catalán de la resolución independentista. Tanto Podemos como IU han rechazado dicha resolución por unilateral. Sin embargo aceptar el pacto de Rivera sería ir mucho más lejos de lo que su propio electorado en Catalunya y el resto del Estado estaría dispuesto a tolerar.

Iglesias parece que pretende optar a la silla vacante dejada por Pedro Sánchez con su abrazo a Rajoy. En estos días el PSOE ha abandonado toda referencia a su prometida reforma constitucional para buscar un “nuevo encaje institucional” a Catalunya. Sánchez y Rajoy son, como Rivera, tres almas trillizas. Podemos toma el relevo y pretende llevar a la reunión en Moncloa una propuesta de cinco reformas a la Carta Magna entre las que se incluiría la posibilidad de realizarse un referéndum vinculante en Catalunya.

Alberto Garzón, de IU, y los portavoces de Catalunya Sí que es Pot en Barcelona, se mantienen en una propuesta parecida. Ante la ofensiva españolista en curso, oponen la estéril alternativa de que las Cortes salidas de las elecciones del 20D otorguen un referéndum.

Más allá de que es probable que Podemos termine sumándose al frente que propone Rajoy, su actuación en estos días está reproduciendo a lo grande la misma política que puso en marcha en otro de los picos de tensión contra el proceso catalán. Nos referimos a los días previos a la consulta del 9N tras la prohibición del TC. En aquellos días la formación morada hizo “mutis por el foro”. Nunca llegó a sumarse a la condena de esta consulta, pero no movió un dedo para defenderla.

Hoy, mientras el gobierno central, las instituciones y los principales partidos del Régimen del 78, están amenazando con una intervención sobre las instituciones catalanas, Iglesias pide audiencia con el capitán de esta ofensiva y hace campaña por una “alternativa” que, aunque habla de “referéndum vinculante”, lo supedita a que éste sea “otorgado” por unas Cortes donde muy probablemente el tripartidismo de PP-PSOE-Cs ocuparán 3 de cada 4 escaños.

Cualquier fuerza estatal que esté realmente comprometida con la defensa del derecho de autodeterminación de los catalanes está en la obligación de, en primer lugar, rechazar la brutal ofensiva españolista en curso. En vez de pedir “audiencia” con Rajoy, lo que es necesario es llamar a la movilización social en todo el Estado en favor de los derechos democráticos del pueblo catalán. Hay que decir bien alto que si el Estado central decide intervenir en Catalunya tendrá que enfrentarse a un fuerte movimiento también en Madrid y el resto del territorio.

La encrucijada de CDC y los riesgos de un “recule” histórico

En Catalunya el principal obstáculo para que los catalanes puedan llegar a decidir libre y soberanamente su relación con el resto del Estado, incluida la opción de la secesión, sigue estando en la misma dirección del proceso. Sin duda los términos más “rupturistas” de la resolución presentada no estaban en la mente de los dirigentes de CDC. Su idea era una declaración de inicio de proceso mucho más suave, que los ubicara en una buena posición de negociación con el siguiente gobierno español, con la confianza que no sería ya Rajoy quien lo presidiera.

Sin embargo los resultados del 27S les han dejado en una posición difícil. Necesitan dos votos afirmativos de la CUP para envestir president y para sacar adelante su hoja de ruta. Hasta ahora las negociaciones entre JxSí y la CUP se mantienen dentro de la “diplomacia secreta”. Con el discurso de que no se conviertan en un espectáculo mediático, nadie, empezando por sus propios votantes, sabe en qué términos se está discutiendo. Ni siquiera quien negocia se ha querido hacer público, aunque ayer ya trascendió en varios medios que es el mismo Artur Mas quien está acudiendo a las reuniones con el fin de desencallar el principal desacuerdo: su posible o no investidura.

Las presiones sobre la CUP están siendo enormes y ya se nota en sus posiciones. Aunque se mantienen por el momento firmes en negarse a votar por Mas, se ha terminado reduciendo las diferencias con los representantes políticos de la burguesía catalana a esta cuestión. La misma resolución que es muy radical para CDC, es toda una renuncia para la CUP al aceptar ésta que el proceso en última instancia se tendrá que negociar con el Estado y la UE ¿De qué ruptura se trata entonces? De hecho al día siguiente de presentarlo la Consellería de Interior obedecía una de tantas instrucciones injustas de la Audiencia Nacional llevando adelante una operación más del caso Pandora contra el movimiento libertario.

Pero también las presiones sobre CDC para que abandone sus planes crecen. Muchos medios han puesto el grito en el cielo por su “dependencia” de la CUP, sobre la que se están oyendo todo tipo de apelativos como “abertzales”, “pro-etarras” o “radicales”. La patronal catalana también ha salido a “llamar al orden” a su partido. E inclusolos últimos episodios policiales de la trama del 3% además de hacia CDC están apuntando a grandes familias como los Grifols o los Daurella con una clara intención: que la burguesía catalana se implique más en disciplinar al “irresponsable” de Mas. La editorial de ayer de El País, titulada Adiós, Artur Mas, es un buen ejemplo de cual es el “seny“ al que se demanda retornar a los representantes históricos de las grandes familias catalanas.

Que el proceso esté dirigido por un partido con uno y mil lazos con las grandes familias y empresas catalanas y podrido hasta el tuétano por la corrupción es su verdadero talón de Aquiles. Aunque la aritmética parlamentaria le obligue a hacer “muestras” de radicalidad que asusten a El País, lo cierto es que los canales orgánicos con la burguesía catalana y las espadas de Damócles que las instituciones judiciales pueden ir sacando sobre los gestores y beneficiarios de tres décadas de corrupción desenfrenada, terminarán pesando más.

¿Cómo encarar semejante situación? Hasta el momento la CUP ha optado por profundizar su política de “mano extendida” con el partido del 3% y los recortes. Lo que necesita el movimiento democrático catalán no es “unidad” con quienes lo vienen dirigiendo y gestionando, y cuyas propias contradicciones frutos de su composición de clase amenazan con llevarlo a un verdadero precipicio. Es necesario romper toda negociación con JxSí y poner todo el esfuerzo en construir una alternativa independiente de la burguesía catalana y basada en la movilización social para imponer el derecho de autodeterminación y la apertura de un verdadero proceso constituyente catalán.

De mantenerse a la zaga de CDC, la CUP se estará condenando a la impotencia política ante un muy posible recule de CDC en las próximas semanas o meses -sobre todo si el siguiente gobierno abre la mano a negociar-.

Tanto en el Estado español como en Catalunya no hay “atajos” parlamentarios ni “aliados” entre los partidos del régimen -y CDC ha sido eso en los 35 años de autonomía- para conquistar el derecho de autodeterminación y el resto de demandas democráticas pendientes. Retomar una estrategia de lucha de clases es la única alternativa realista para conquistarlas y resolver al mismo tiempo los grandes problemas sociales que son el trasfondo de la crisis del Régimen del 78.

Santiago Lupe

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