Tras el 27S, cuatro claves sobre el proceso catalán

Los resultados del 27S marcan un punto de inflexión en el proceso catalán. La victoria del independentismo, el crecimiento de la CUP, el fortalecimiento del ultra-españolismo de C´s y el fracaso de Podemos; algunas de las claves del escenario de los próximos meses.

Los resultados de las elecciones catalanas del 27S han dado una clara victoria a las fuerzas partidarias de la independencia. Lo han hecho con la mayor participación en unas elecciones autonómicas catalanas, un 77,4% del censo.

Su carácter plebiscitario era un hecho. Había sido proclamado por las fuerzas independentistas. El resto de las candidaturas lo negaban de palabra. Pero en los hechos sus campañas se han centrado igualmente en el debate sobre la independencia y el derecho a decidir. Tanto ha sido así que el gobierno ha trabajado para que las principales cancillerías mundiales se pronunciaran sobre estas elecciones supuestamente “autonómicas”.

Ambos hechos las convierten en un punto de inflexión muy importante para el proceso catalán. Veamos cuatro de las claves que se desprenden de los primeros números y los retos que plantean al movimiento democrático que desde 2012 viene reclamando en las calles los derechos democrático-nacionales de Catalunya.

Una victoria clara del independentismo

Lo más destacable es obviamente la victoria del independentismo. La suma de escaños de Junts pel Sí (JxSí) y la CUP es de 72, cuatro por encima de los 68 necesarios para la mayoría absoluta. En votos rozan el 48%, frente al poco más del 52% del resto de candidaturas.

Sin embargo no se puede asociar todo el 52 al bloque del No. En él están partidos abiertamente contrarios a la independencia y el derecho a decidir, como Ciutadans (Cs), el PP o el PSC, que suma el 39,15. Dentro de ese 52 también hay otros como Catalunya Sí que es Pot (CSQEP) -8,92- o Unió -2,51- que no tienen una posición unánime sobre la independencia pero son partidarios de la realización de un referéndum.

Los resultados de este 27S han expresado electoralmente el clamor por el derecho a decidir y por la independencia que hemos visto en las últimas cuatro Díadas o en la consulta del 9N. Millones de catalanes vienen saliendo a la calle desde 2012 para exigirlo. Esta expresión se da con los límites estratégicos del mismo movimiento.

La victoria electoral recae en la candidatura impulsada y dirigida por CDC y ERC, los representantes políticos de la burguesía catalana. Una dirección que pretende seguir “gestionando” el resultado en una hoja de ruta de negociación con el Estado y negándose a impulsar la movilización social necesaria para conquistar realmente el derecho de autodeterminación.

Ante esta demanda democrática fundamental el Régimen del 78 y sus partidos sólo han respondido hasta el momento con “palo”: medidas re-centralizadoras, demandas judiciales y amenazas. Una dinámica que se ha repetido durante toda la campaña electoral. La judicatura, el gobierno central, el principal partido de la oposición y todo el cuerpo diplomático, han trabajado en una campaña de miedo sobre las consecuencias de una victoria de las fuerzas independentistas.

De abrirse un proceso de negociación después de las elecciones generales de diciembre, no se puede descartar que haya algo de “zanahoria” en el marco de alguno de los proyectos de “regeneración” democrática o reforma constitucional que plantean desde el PSOE hasta Podemos.

De ser así, el desvío deseado por Artur Mas desde 2012 podría encontrar una vía para concretarse. Si no, las posibilidades de una salida abiertamente reaccionaria se incrementarían. Estas son las dos amenazas principales que pueden hacer descarrilar el movimiento democrático por distintas vías en el próximo periodo.

El fortalecimiento de la izquierda independentista

El voto independentista sube ligeramente respecto al obtenido por CiU, ERC y CUP en 2012. Si le sacaramos lo obtenido hoy por Unió, se habría pasado del 45,37% al 47,86%. aunque el bloque soberanista baja en dos diputados. Pero lo más significativo es que este resultado aparece escorado a la izquierda por la subida de las CUP, que doblan su resultado de 2012. Si en 2012 CiU obtenía 50 escaños, ERC 21 y la CUP 3, hoy JxSí sólo suman 62 -9 menos que CiU y ERC- y la CUP pasa a tener 10.

Esta subida de la CUP deja el interrogante de quien será el siguiente president de la Generalitat. Durante la campaña y en la misma noche electoral los portavoces de la CUP han repetido que ellos no votarían a favor una investidura de Artur Mas, aunque no descartaban abstenerse. Sin embargo los números no dejan espacio a un “dejar pasar” a Mas por medio de la abstención. Los 62 diputados de JxSÍ son uno menos que la suma de Cs, PSC, PP y CSQEP que ya han anunciado que votarán en contra de la investidura de Mas. Se necesitaría al menos dos votos afirmativos de la CUP para investirlo.

La CUP rechaza esta opción y ofrece a cambio la conformación de un gobierno de concentración con otro president y que tenga una hoja de ruta marcada por la desobediencia a la legalidad española y un plan de emergencia social. Una variable táctica de la misma política de “mano extendida” hacia los representantes políticos de la burguesía catalana que vienen sosteniendo desde 2012. Un gobierno sin Mas, pero con CDC y ERC, los responsables de la mayor ofensiva de recortes y ajustes de las últimas décadas en Catalunya.

En las próximas semanas la CUP deberá escoger entre seguir siendo el ala izquierda de la hoja de ruta de CDC y ERC, para “empujarles” y “vigilarles”, o empezar a plantear una alternativa de independencia política y con eje en la movilización social con la clase trabajadora al frente para conquistar el derecho de autodeterminación.

Crece también y se radicaliza el bloque del No

El bloque del No -Cs, PSC y PP- no llega al 40% de los votos y se queda en 52 escaños. Un resultado que convierte en ridículas las declaraciones de sus dirigentes que han salido a “celebrar” la supuesta derrota de los partidarios de la independencia y el derecho a decidir.

Aún así no hay que perder de vista que este resultado supone una subida de 5 puntos y 4 escaños y que sale reforzada la opción más abierta y brutalmente españolista, Cs. Lo más preocupante es que los mejores resultados de las fuerzas del bloque del No se obtienen en las principales ciudades y barrios obreros del área metropolitana. Cs y el PSC han salido como primera y/o segunda fuerza en ciudades como Hospitalet, Cornellá, Sant Boi, El Prat o Santa Coloma entre otras.

Lejos de reducir este hecho al origen no catalán de buena parte de la clase obrera catalana, como ha intentado Pablo Iglesias durante la campaña, hay que plantearse cuál está siendo el efecto de la hegemonía de los representantes de la burguesía catalana al frente del llamado “proceso”, y sobre todo la ausencia de una posición clara de independencia de clase dentro del mismo.

Por un lado la política de “mano extendida” de la CUP es vista por miles como el furgón de cola de un proyecto y una hoja de ruta, la de Mas, que en ningún caso toma las demandas sociales de los sectores populares.

Por otro lado la política de CSQEP ha pretendido atraer al electorado del PSC e incluso Ciutadans. Para ello ha mantenido un discurso sectario hacia el movimiento democrático, minusvalorando las demandas democráticas y sin proponerse tampoco incorporar a los trabajadores a la lucha por el derecho de autodeterminación con una política independiente a CDC y ERC.

Es fundamental que esta importante porción de la clase trabajadora catalana sea parte del movimiento por el derecho a decidir. Que lo sea con una posición y un peso propios, con sus métodos de lucha. Por otra parte la única forma de poder poner en marcha las fuerzas sociales capaces de doblarle el brazo al Régimen del 78.

Hacia esta tarea debería dirigirse la izquierda independentista y la CUP, rechazando todo apoyo político a JxSí y la hoja de ruta de CDC-ERC, rompiendo con la política de “mano extendida” y levantando una hoja de ruta propia de os trabajadores y sectores populares para conquistar el derecho a decidir e imponer una salida anticapitalista a la crisis.

El pinchazo de Podemos y los nubarrones para su proyecto regeneracionista

CSQEP, la coalición impulsada por IVC-EUiA y Podem, ha obtenido unos resultados peores que los que sacó ICV-EUiA en solitario en 2012. Dos diputados y un punto menos, del 9,9% al 8,9%. Sus portavoces han alegado que la campaña ha estado muy polarizada por la discusión en torno al eje nacional.

El problema no ha sido dónde estaba el eje del debate, si no qué respuesta se da a esa cuestión. Su cabeza de lista Lluis Rabell casi lo ha presentado como una suerte de “distracción” para no hablar de los grandes problemas sociales. Este es el mismo discurso que emplean desde Cs hasta el PSC respecto al movimiento democrático que irrumpió con fuerza en septiembre de 2012. Un discurso que sólo fortalece el hecho de que las ideas “españolistas” sigan obteniendo un amplio respaldo en el histórico cinturón rojo del área metropolitana.

En contra de las previsiones de Pablo Iglesias, esta “política de Estado” como la ha definido en sus declaraciones de valoración, no les ha dado buenos resultados electorales. Podemos pretendía ampliar el electorado tradicional de ICV-EUiA con votos obtenidos explotando los prejuicios contrarios a la cuestión nacional en los sectores obreros y populares. Pero ese terreno ya tiene “dueño”: Cs y PSC han sabido ganar o retener bastante bien ese tipo de voto.

Este pinchazo de Podemos en Catalunya indica tres cuestiones muy importantes para el mismo futuro del Régimen del 78 y el movimiento democrático catalán.

Por un lado corroboran que el proyecto de Pablo Iglesias pretende ser el mejor remedio a la crisis del régimen, poniendo todo su capital político para colaborar en la desactivación de su principal “patata caliente”: el movimiento democrático catalán. Prueba de ello ha sido su vuelco diario en la campaña de CSQEP.

Como bien ha dicho en la noche electoral, él quiere ser el presidente de un gobierno que logre mantener a Catalunya dentro de España. Pero ¿cómo? La “regeneración” del régimen por la que apuesta Iglesias quiere ofrecer un nuevo encaje constitucional para Catalunya por medio de una reforma constitucional. Su defensa del derecho a decidir no deja de ser un verso suelto, pues la vía que propone necesitará nada menos que de 2/3 de los diputados de las Cortes. Así que lo único que le queda es una negociación y alguna oferta “seductora” en materia de competencias y fiscalidad que vuelva a cerrar el candado del derecho de autodeterminación.

Pero para hacer pasar alguna oferta “seductora” de este tipo -similar a la que también piensan desde el PSOE de Pedro Sánchez o incluso sectores del PP- necesitaba de una posición fuerte sobre el terreno, y no es precisamente eso el espacio de ICV-EUiA mermado. Queda por detrás del PSC y casi empatado nada menos que con el PP.

Justamente Iglesias presumía recientemente en una entrevista de que las encuestas daban a su formación mejores resultados que al PP y al PSOE en las nacionalidades históricas. Eso le convertía en un activo para atajar la emergencia de la cuestión catalana. Al final este activo no se ha confirmado.

Por último el pinchazo en Catalunya, después del de Andalucía, hacen muy improbable que Podemos resulte fuerza más votada en las generales de diciembre o incluso pueda superar al PSOE. A diferencia de un año atrás, hay posibilidades de que se reedite a nivel nacional lo que hemos visto en Andalucia o Madrid: gobiernos del PSOE o el PP con apoyo de C’s. La única opción para que Podemos entrara en la Moncloa sería de la mano del PSOE. Este difícil mapa sin duda va a debilitar todo proyecto “regeneracionista” del régimen político, que ganará aún más en gatopardismo y se hace aún menos creíble.

El fracaso catalán de Podemos no sólo es un palo en la rueda para el intento de desvío desde Moncloa del proceso -a lo que también apuestan los dirigentes de JxSí- sino del mismo proyecto de restauración del régimen político que encarna la dirección de Iglesias y Errejón.

Santiago Lupe

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