Diada 2015, una encrucijada entre el “desvío de Mas” y las “terceras vías”

Nueva Diada histórica de cara a un 27S que será un punto de inflexión. El “desvío” de Mas y los proyectos de “tercera vía” aspiran a desactivar la cuestión catalana. La CUP y “Catalunya sí que es pot” aparecen como el flanco izquierdo de estas dos “vías” muertas.

Hoy Barcelona volverá a vivir una nueva jornada de movilización masiva por el derecho a decidir. Será la cuarta Diada desde que en 2012 la masiva manifestación marcara el retorno de la cuestión nacional catalana en medio de la crisis del Régimen del 78.

En esta ocasión el escenario elegido por las entidades convocantes -la Asamblea Nacional Catalana y Omnium Cultural- será la Avenida de la Meridiana. El acto ha sido denominado como “Via Lluire” (Vía Libre) y se presenta como una jornada de movilización histórica de cara a las próximas elecciones catalanas en clave plebiscitaria.

Las entidades esperan colmar la calzada con más de medio millón de personas. Según han hecho público ya son más de 485.000 los inscritos para participar. La “Via” se distribuirá por tramos y colores que simbolizan distintos ejes temáticos como la sostenibilidad ambiental, la educación, los derechos sociales o la apertura al mundo.

Con toda seguridad será una movilización masiva, como fue la “Vía catalana” de 2013 que formó una cadena humana de norte a sur de todo Catalunya o la “V” de 2014 que colmó la Diagonal y la Gran Vía con más de un millón y medio de personas.

Una Diada con el “bloque soberanista” dividido

Sin embargo en esta ocasión la unidad del bloque soberanista ha quedado cuestionada respecto a las Diadas anteriores. La “Via Lluire” es apoyada exclusivamente por los partidos que conforman la candidatura de “Junts pel Sí”, CDC y ERC. La CUP, que se negó a integrarse en esta lista aunque comparte el sentido plebiscitario del 27S y ha anunciado que sus diputados y votos deberán sumarse a los obtenidos por ella, no ha anunciado si participará y por el momento mantiene un calendario de actos de la izquierda independentista que no la incluyen.

Por otro lado UDC, el ex-socio de CDC, continúa su acercamiento a la llamada “tercera vía” federalista que proponen el PSOE y PSC, como “sucedáneo” al derecho a decidir.

Los eco-socialistas de ICV -hasta hace unos meses parte del bloque soberanista que dirige Mas- vienen marcando distancias con la hoja de ruta impuesta por CDC. Integrados junto a Podem en la lista “Catalunya sí que es pot” (Cataluña sí se puede) han declinado participar en la “Via Lliure” por considerarla que es una acto de campaña de la lista de “Junts pel Sí”. No les falta razón, ya que sus dos convocantes, ANC y Omnium, son promotores y forman parte de la lista del President. Lo mismo hará la alcaldesa de Barcelona, Ada Colau, que ha aludido motivos de prudencia institucional, aunque otros regidores y tenientes de alcalde, como Gerardo Pissarelo o Jaume Asens, sí han anunciado que participarán. Por último el Procés Constituent de Teresa Forcades realizará un acto propio en Glorias -cerca de la “Vía pero no en la Vía”- en el que anunciaron se tratará de unir la reivindicación nacional con las políticas sociales.

11S-27S ¿A dónde va el movimiento por el derecho a decidir?

Esta radiografía del bloque soberanista, conformado a finales de 2013 y que se mantuvo unido hasta la consulta del 9N, expresa en qué punto está el vasto movimiento que emergió hace ahora tres años.

Por un lado, y a pesar de las divisiones, la hegemonía alcanzada por CDC y en particular Artur Mas es abrumadora. UCD ha quedado casi liquidada y es posible que ni si quiera logre representación en el próximo Parlament. Es Mas quien viene marcando el paso, modificando y dosificando su hoja de ruta, en un “alargar el proceso” que persigue desgastar por abajo, seguir conteniéndolo desde arriba y darle tiempo al Régimen del 78 para que alguna “regeneración” controlada ofrezca una salida que sea capaz de desactivar las hondas aspiraciones de millones en favor de poder ejercer el derecho de autodeterminación.

La nueva maniobra en este sentido la estamos viendo en las declaraciones de contención de los últimos días. Al igual que pasó con el 9N -en donde se plegó a la prohibición del Tribunal Constitucional pasando de una consulta vinculante a una consulta simbólica- ahora ya rebaja el 27S y su carácter plebiscitario a que en el caso de ganar los partidarios del Sí, eso no implicaría la efectivización de su voluntad de independencia, sino la apertura de un proceso negociador con el Estado central de 18 meses.

Una estrategia que encuentra su contra-parte en las promesas de “reforma constitucional” que se lanzan desde distintos agentes del Régimen del 78, con especial mención a encontrar un nuevo encaje y modelo de financiación para Cataluña. Hasta ahora el principal abanderado de esta “tercera vía” es el PSOE y el PSC, pero hasta el PP lanza algunos “polis buenos” como el Ministro de Exteriores Margallo, que ayer mismo se manifestó a favor de una posible reforma en este sentido. Aún así lo que prima es la línea dura de Albiol, el refuerzo de militares y policías para el 27S y los discursos “golpistas” del Ministro de Defensa Morenés.

Podemos, y a la zaga “Catalunya sí que es pot”, juegan el papel de garantes de izquierda de esta “tercera vía”, defendiendo la supeditación del derecho a decidir de los catalanes a la apertura de un proceso constituyente por arriba en el Estado español. Es decir aceptan que la soberanía de los catalanes para decidir debe contar con la venía de las Cortes españolas.

El movimiento por el derecho a decidir está en una encrucijada que puede ser fatal. Por un lado están los distintos proyectos regeneracionistas que aspiran a salvar los muebles del Régimen del 78, con mayor o menor grado de gatopardismo. Pero en el otro el problema estratégico de mantener como dirección al principal partido de la burguesía catalana que “gestiona” el proceso para “canalizarlo”, pues es consciente de que llevar hasta sus últimas consecuencias la lucha por el derecho a decidir implica una ruptura con el Régimen del 78 que sólo es posible mediante la movilización obrera y popular en Catalunya y en alianza con los sectores populares del resto del Estado. Una perspectiva que se opone por el vértice a la imposible de asumir por el representante de las grandes familias catalanas.

¿Y la CUP? La encerrona de la “mano extendida”

Lo que cabe preguntarse es si hay alguna fuerza que esté planteando una estrategia de este tipo. “Catalunya sí que es pot” sustenta su posición de esperar a un proceso constituyente español -Podemos e ICV- o abrirlo en Catalunya -Procés Constituient- en la estrategia del nuevo reformismo de ganar las instituciones por vía electoral. La movilización como vía de transformación social se cambia por la política de gestión, respeto a la legalidad vigente y aceptación de la “miseria de lo posible” que estamos viendo en los llamados ayuntamientos del cambio.

La izquierda independentista irá al 27S con su propia lista y planteando la necesidad de que el nuevo Parlament tenga un carácter constituyente de una República catalana independiente. Mantienen demandas y denuncias anticapitalistas. Habla también de desarrollar la movilización popular pero la hoja de ruta es demasiado “optimista” de las potencialidades de un futuro Parlament salido de unas elecciones autonómicas. Es una visión que no rompe con la lógica parlamentarista y que es rehén de la que viene siendo su principal contradicción desde 2012.

La concepción de la “unidad popular”, es decir la unión de todos los sectores sociales del pueblo catalán -desde los trabajadores a la burguesía y pequeña-burguesía- en la “etapa” nacional de la lucha, les ha llevado a ser parte del bloque soberanista en todo este tiempo y a compartir en última instancia que las vías para conseguirlo eran las institucionales en dialogo y colaboración con las fuerzas políticas de la burguesía catalanista.

Esto ha llevado a que CDC no haya contado con ninguna fuerza significativa que denunciase su maniobra de desvío y presentase una estrategia alternativa basada en la movilización obrera y popular con total independencia de la burguesía catalana. La única forma realista no sólo de conseguir el ejercicio efectivo del derecho a decidir, sino de poder resolver los grandes problemas sociales que padecen las amplias mayorías.

La delimitación de la hoja de ruta de CDC en estas elecciones, no siendo parte de la lista “Junts pel Sí”, es una buena noticia. Al igual que la oposición que vienen haciendo en el Ayuntamiento de Barcelona gobernado por Ada Colau y su política de gestión “amable” del capitalismo metropolitano. Sin embargo no hay una revisión de esta estratégica de colaboración de clases, con los partidos de la burguesía catalana, en la lucha nacional. Sus principales figuras siguen reivindicando la política de “mano extendida” de estos años, y ésta puede tener, de mantenerse, graves consecuencias.

Las últimas encuestas -de diversos medios de comunicación o la del CIS- dan resultados ajustados para “Junts pel Sí”. Lo más probable es que no alcance la mayoría absoluta y que la hoja de ruta de Mas -ser investido President y abrir un “proceso de negociación” con el Estado de 18 meses, mientras sigue aplicando su programa de austeridad- necesite de la abstención o votos favorables de los diputados de la CUP.

Hasta ahora la CUP no ha dicho en ningún momento de darle el apoyo y ha rechazado el integrarse en un gobierno con “Junts pel Sí”. Una decisión así pasaría por sus asambleas de base y éstas serían las que tendrían la última palabra. El problema es que sin romper con la lógica de considerar a CDC como compañeros de viaje necesarios, la aritmética electoral sitúa a la CUP en un callejón de difícil salida. ¿Darían el voto a Artur Mas? ¿Darían un No?

Esta última opción sería la correcta, aunque después de tres años de “mano extendida” seguramente les costaría explicar a gran parte de sus votantes e incluso militantes. Aunque fuera tarde, es la única posibilidad de que la CUP pueda empezar a marcar una hoja de ruta alternativa, que apueste por la independencia política de la burguesía catalana, denuncie sus operaciones de desvío y se disponga a apostar por una vía de conquista del derecho de autodeterminación y las demandas anticapitalistas desde la movilización obrera y popular.

Santiago Lupe

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