¿Aliados u obstáculos para conquistar el derecho de autodeterminación?

Como ya pasara en 2012, la Diada de 2013 va a pasar a la historia como otra jornada histórica de movilización en favor de la independencia de Catalunya. Más de un millón y medio de personas, según las cifras de la Assemblea Nacional Catalana, colmaron el recorrido de la Vía Catalana, la cadena humana que recorrió de Norte a Sur Cataluña y los primeros kilómetros de El Rosellón y el Pais Valencià.   Ya es un hecho que la inmensa mayoría del pueblo catalán está a favor del derecho a la autodeterminación o derecho a decidir. Todas las encuestas le dan entre un 70% y un 80% de apoyos. Y jornadas como la Diada muestran que las aspiraciones a la independencia están cada vez más extendidas en amplios sectores populares. Una situación que ubica el horizonte de la secesión de Catalunya como una hipótesis mucho más plausible para muchos. En general se piensa como algo que se podría conseguir de una forma gradual y pacífica, mediante movilizaciones ciudadanas y procesos electorales. Sin embargo son varios y muy importantes los escollos por delante que impiden que los catalanes puedan decidir libremente su futuro. Después de dos históricas movilizaciones como las dos últimas Diadas cabe preguntarse ¿y ahora qué?

Convergencia empieza a enseñar sus cartas

El primer gran obstáculo no merece presentación, ya que es evidente. Todas las instituciones y partidos del Régimen español, se ubican en la trinchera de enfrente. Mantienen una oposición firme no solo a la independencia, sino  a cualquier forma de expresión de la voluntad democrática del pueblo catalán sobre su relación con el resto delEstado. Son ellos los que mutilaron el Estatut en las Cortes y en el Tribunal Constitucional, quienes han declarado fuera de la legalidad hasta la declaración en favor del derecho a decidir del Parlament, quienes todos los días señalan que la línea roja de la soberanía nacional única no se podrá traspasar… Es así tanto para el PP, como para el PSOE e incluso IU, que condicionan todo paso en favor de la autodeterminación al respeto de la legalidad. Esdecir respetando el marco fijado por la Constitución de 1978, la misma que niega el derecho de autodeterminación y confía la unidad nacional española a la Corona y las Fuerzas Armadas. Por si fuera poco, las declaraciones de la Comisión Europea amenazando con la expulsión de la UE a una Catalunya independiente han tirado un capote al Gobierno de Rajoy. ¿Cómo superar este obstáculo de primer orden? Hasta el momento la idea que viene siendo hegemónica en el movimiento es la “unidad nacional catalana”. Todos contra el centralismo español. Y aquí entran también los representantes políticos de la burguesía catalana, o una parte significativa de ellos. Pero no en cualquier puesto, sino a la cabeza, como capitanes del barco. Esta es la línea defendida abiertamente por la ANC y por supuesto también por partidos como ERC, CiU o ICV. Pero incluso desde la izquierda independentista, aglutinada en las CUP, se mantienen posiciones que van en esta dirección. Desde el cogobierno municipal con estos partidos, hasta la participación en la misma ANC u organismos institucionales del proceso nacional impulsado por Arthur Mas, como el Pacte Nacional per el Dret a Decidir. Ya estamos viendo como Convergencia empieza a vacilar y a buscar una salida negociada con el Estado central. Primero fueron las reuniones secretas con Rajoy durante el verano. Después viendo la forma de posponer la consulta más allá del 2014. Y ahora, después de que en la Diada una de las reclamaciones más sentidas fue la de “2014, sí o sí”, viendo la forma de transformar la consulta en una suerte de encuesta con varias opciones (régimen actual, federal, confederal, independencia). Todo siempre “dentro de la legalidad” que marca el Régimen del 78. Su socio, Unió, va marcando más claramente distancias, apostando por una salida negociada que avance hacia un modelo confederal. Los últimos movimientos de Mas empiezan a sembrar dudas en algunos sectores, sobre todo de la izquierda independentista, sobre si Convergencia y ERC son los “capitanes” que necesita el proceso. Pero más allá de sus zig-zag constantes -no está descartado un nuevo giro soberanista de Convergencia en los próximos meses si las negociaciones con Rajoy y Montoro fracasan- cabe preguntarse si los representantes políticos de la burguesía catalana, o incluso sus hermanos menores de ERC, pueden llevar adelante una lucha consecuente por el derecho a la autodeterminación.

Revisitar el pasado de los partidos de la burguesía catalanista…

El historial de la burguesía catalanista ilustra bastante bien cuál ha sido su verdadera posición frente a los derechos democráticos nacionales de Catalunya. Podemos remontarnos al primer regionalismo de comienzos del Siglo XX, los Cambó y De la Riva que tan buenos negocios llegaron a realizar por medio de la colaboración con el Régimen de la Restauración borbónica, sobre todo en su última etapa de la Dictadura de Primo de Rivera. Cuando sus “negocios” podían ser puestos en peligro por el movimiento obrero y los sectores populares (durante el llamado trienio bolchevique de 1917-1920) buscaban refugio en las faldas de Alfonso XIII y dejaban para otro lado eso de las libertades catalanas. O sin irnos tan lejos, tenemos el papel de Jordi Pujol y los sectores democráticos de la burguesía catalana, como el padre de la Constitución Miquel Roca. Quienes encabezaron las reivindicaciones autonomistas para desviar la lucha por los derechos democráticos hacia el sistema autonómico actual. No obstante, la burguesía catalana y su principal coalición, CiU, fueron -junto al PSUC en el movimiento obrero- los verdaderos agentes de hacer pasar la Constitución del 78 y el modelo autonómico. Se relegó la pelea por el derecho de autodeterminación a cambio de una jugosa integración en el nuevo Régimen y las beneficiosas consecuencias de esto para la burguesía catalana, que ha hecho en estos 30 años magníficos negocios no solo enel Estado español sino también siendo parte de la expansión del imperialismo español de la mano del Rey. Cabe destacar como buena muestra de estafructuosa unión las últimas palabras del máximo dirigente de Unió Democràtica de Catalunya en el programa de RAC1, donde definía los 23 años de mandato del President Jordi Pujol como los de mayor prosperidad económica y social en Catalunya desde 1714.

…y de la pequeña burguesía catalanista

Pero quizá el ejemplo más clarividente sea el de la ERC en la década de 1930. Puesta en evidencia la actitud cipaya del regionalismo moderado de la Lliga, la ERC se convirtió en el principal partido nacionalista, con una composición esta vez más pequeñoburguesa. Su radicalismo nacionalista iba, sin embargo, a ser frenado por los mismos dirigentes que momentos antes lo estaban azuzando.   Dos escenas ejemplificaron esta actitud demagógica, en la que el agitar la bandera de los derechos nacionales catalanes era utilizado para ganarse el apoyo de las masas y tratar de negociar o defender una relación con el Estado central más autonomista. La primera es la proclamación de la “República catalana, en el marco de la República federal española” que realizaron Maciá y Compayns en la Plaza San Jaume el 14 de Abril de 1931. El Gobierno provisional de la II República nunca reconocerá esta primera declaración de una República catalana, y la ERC no moverá ni un dedo para lo contrario. La única manera de haberlo hecho era apelando a la movilización popular, pero tanto la ERC como la burguesía republicana -mucha de ella monárquica hasta hacía muy poco como Maura o el mismo Presidente Alcalá Zamora- trabajaron enérgicamente para la “vuelta a la normalidad” después de las manifestaciones del ‘14. Finalmente, los nuevos representantes del nacionalismo catalán se conformarán con el limitado Estatuto de 1932. La segunda escena se producirá enOctubre de 1934. En medio de la insurrección a la que llamaban varias organizaciones obreras en otras regiones del Estado, que tendrá su mayor expresión en la Comuna asturiana, Compayns decide ponerse él mismo al frente de este movimiento revolucionario en Catalunya. Trataba así de oponerse al Gobierno de las derechas, que venía atacando la limitada autonomía catalana de 1932. La ERC llegará a sacar a la calle cuerpos civiles armados, los escamots, además de unidades de los Mossos D´Escuadra. Sin embargo, y a pesar de que sectores de la clase trabajadora salieron a la calle para sumarse a la insurrección, finalmente Compayns se rendirá sin presentar la más mínima resistencia al Estado central.

Los lazos con el capitalismo español…

¿Por qué los partidos de la burguesía y pequeña burguesía catalanista vacilaron entre posiciones abiertamente cipayas y otras sencillamente cobardes? ¿Se debió al carácter de sus dirigentes? De ser así olvidémonos de que la ERC hoy, o mucho menos CiU, puedan mejorar la obra de Maciá y Compayns. Pues como personalidades políticas e históricas los Junqueras y los Mas son una caricatura de sus “predecesores”. Las razones son mucho más de fondo. En primer lugar, los representantes políticos más ligados a la alta burguesía catalana han mantenido históricamente una actitud de utilización demagógica de las banderas catalanistas. Han estado siempre dispuestos a agitarla, incluso a apelar a movilizaciones controladas de masas que les respaldasen, pero siempre con el objetivo de ganar margen de autonomía respecto al Estado central. La ruptura con el Estado español aún no les resulta rentable, o cuanto menos es considerada como demasiado arriesgada para sus buenos negocios. No olvidemos los lazos de los industriales catalanes con las colonias de ultra-mar del Imperio español desaparecido en 1898, su participación en la empresa marroquí o su alianza con el Franquismo, que favoreció el fortalecimiento de Catalunya como uno de los motores de la industrialización de los ‘60. Esto no ha hecho más que profundizarse, sobre todo desde los 90, con la expansión imperialista del capitalismo español. Multinacionales catalanas como Aguas de Barcelona, Red Eléctrica de España o Gas Natural, por nombrar algunas de las más conocidas, han sido parte de la misma avanzada expoliadora sobre todo en países de América Latina, que las españolas como Endesa o Repsol. Como los Cambó y De la Riva de los 20, o los Pujol y Roca de los 70, sus herederos de CiU no apuntan a que se pueda ejercer efectivamente el derecho de autodeterminación. Porque no les salen las cuentas, y como desarrollamos más abajo, porque la vía para conquistarlo tampoco es de su agrado. Si bien han considerado que la mejor manera de controlar el potente movimiento popular es poniéndose ellos al frente. Pero justamente para ver si por medio del desgaste y el desvío se puede “reconducir” a una nueva negociación con el Estado central en la que a cambio de alguna nueva concesión (mejora de la autonomía, concierto financiero) poder enterrar unas décadas más la lucha por el derecho de autodeterminación. Las divergencias entre Convergencia y Unió expresan hasta dónde considera cada sector que se puede estirar la cuerda. Unió por el momento es el ala que más fielmente representa el sentir de Foment de Treball o el Círculo de Economía, los portavoces de las 400 grandes familias catalanas, nada partidarios de estrategias arriesgadas.

…y el miedo a las masas populares y la clase trabajadora

Por otro lado, una formación como ERC, que hoy expresa mucho más a los sectores de la pequeña burguesía urbana y rural y a los pequeños patrones catalanistas, puede mantener un discurso más encendido e incluso pasar a una oposición frontal en clave nacional en caso de que CiU termine realizando una traición abierta. Ahora bien, los límites de sus intenciones independentistas se los marca la cruda realidad de cuál es la única vía de conseguirlo. Hoy, como en 1931 o 1934, la burguesía española no está dispuesta ni siquiera a discutir sobre su dominación territorial. Imponer una consulta, y que pueda hacerse efectiva si su resultado fuera favorable a la secesión, no es posible sin un proceso de choque violento con el Estado español y sus instituciones, incluyendo las Fuerzas Armadas. No es posible por medio de un proceso pacífico y canalizado por la vía electoral, sino que será necesaria la movilización revolucionaria de las masas para derribar el Régimen del 78. Esto es lo que entendió perfectamente Compayns en Octubre de 1934. Si quería realmente que la República catalana fuera una realidad no le bastaba con su declaración y demostraciones simbólicas en las calles. Debía impulsar la insurrección que estaba en marcha. Y no lo podía hacer sin la movilización de la clase trabajadora, como estaba ya ocurriendo en Asturias, ligándola a la que debía producirse en el resto del Estado. Ahora bien, era perfectamente conocedor de que los trabajadores no se iban a detener en la defensa de la República catalana, sino que iban a querer ir por más. Querrían solucionar el problema del paro, de la carestía de la vida, de la vivienda, de la tierra… y hacerlo “a las bravas” , es decir sin respetar la sacrosanta propiedad privada de la burguesía catalana. En 1934 Compayns “le vio las orejas al lobo” y temió entonces lo que sucedería en julio de 1936 cuando la clase obrera de Barcelona se puso a la cabeza de la revolución española. Nada puede hacernos pensar que el Régimen del 78, heredero de la Dictadura de Franco, vaya a ser más “blandito” que la II República. Por lo tanto es totalmente utópico pensar que el derecho de autodeterminación pueda ser “otorgado” por la buena voluntad del PP y el PSOE por medio de una reforma constitucional, y menos aún por la Corona. Tendrá que ser arrancado por medio de la movilización revolucionaria de los sectores populares, con la clase trabajadora al frente. Además esta pelea no puede ser planteada sólo con las fuerzas obreras y populares catalanas, sino que será clave la unión en la lucha con la clase trabajadora y sectores populares del resto del Estado. Esta perspectiva en ningún caso puede compartirla un partido como ERC, de composición pequeño-burguesa y ligado por múltiples lazos a la burguesía catalana que tiene a CiU como su partido histórico. Por lo tanto, antes de recurrir a los únicos métodos capaces de hacer realidad las aspiraciones democráticas que se expresaron en la Diada, reeditarán (esta vez seguramente como farsa) las hazañas de Compayns en 1931 y 1934.

Construir una alternativa de clase y revolucionaria para los combates por venir

Estos hechos del pasado, pero también los movimientos del presente, ilustran bastante contra la ilusión de que la conquista del derecho de autodeterminación puede ser un proceso pacífico y democrático, canalizado por la vía electoral. Esta visión es complementaria con que CiU y ERC sean considerados como necesarios“compañeros de viaje” incluso por sectores de la extrema izquierda y la izquierda independentista. No olvidemos que son estos dos partidos los responsables de los gravísimos ataques y recortes antisociales del Govern de Arthur Mas: los 1.300 millones de recorte en sanidad, el 12% menos de presupuesto para universidad, los 6.600 interinos que se prevén vayan a la calle en los últimos meses, etc. En contra de esta visión, los revolucionarios de Clase contra Clase creemos que es necesario prepararse para escenarios mucho menos armónicos. Donde será imprescindible una política de independencia de clase respecto a toda ala de la burguesía catalana y sus partidos, tanto sus “históricos” como los que aún siendo más bien su sombra, como la ERC, mantienen la misma estrategia incapaz de resolver los grandes problemas democráticos. Una alternativa que busque la movilización de la clase trabajadora en Catalunya y el resto del Estado en favor de los derechos democráticos de las nacionalidades, para que pueda arrastrar tras de sí a los sectores populares golpeados por la crisis y aquellos que encabezan las aspiraciones democráticas, como es el caso de los sectores más humildes de la pequeña burguesía catalana. Una alternativa que luche en la perspectiva de derribar el Régimen del 78, para que sobre sus ruinas podamos levantar un Gobierno de los trabajadores y el pueblo. Y para que los catalanes, vascos y gallegos puedan elegir libremente su relación con el resto de los trabajadores del Estado, este proceso de lucha común es el único que puede garantizar el efectivo ejercicio del derecho de autodeterminación y que puede sentar las bases para construir una Federación de Repúblicas Socialistas de la Península Ibérica, la salida por la que peleamos.

 

Santiago Lupe

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