El caso Assange y la hipocresía de Gran Bretaña

En septiembre de 1998 el dictador chileno Pinochet viajaba a Londres, donde fue alcanzando por un pedido de captura y extradición librado a instancias del juez Baltasar Garzón de España, para juzgarlo por el caso de ciudadanos españoles asesinados por su dictadura. La defensa de Pinochet primero se amparó en sus fueros como senador vitalicio y finalmente – luego de una disputa judicial que duró 17 meses – Gran Bretaña negó la extradición y lo dejó libre para volver a su país, apelando a razones “humanitarias” por su estado de salud. De este modo Pinochet vivió tranquilamente en Chile varios años más hasta su fallecimiento, sin haber sido nunca condenado por los miles de asesinados, torturados y desaparecidos durante la dictadura.

A diferencia de aquel caso, hoy Gran Bretaña insiste con hacer cumplir el pedido de extradición de Assange por parte de Suecia. El fundador de WikiLeaks se encuentra con asilo político en la embajada ecuatoriana en Inglaterra luego de perder su apelación contra el pedido de extradición a Suecia, país que pide su entrega para comparecer ante acusaciones de delitos sexuales serios. Ni bien Ecuador le dio refugio a Assange, el gobierno británico ordenó rodear el edificio con la policía metropolitana y amenazó con emplear un decreto de 1987 que dejaría sin efecto el artículo de la Convención de Viena de 1961 que estipula que los gobiernos nacionales no pueden ingresar a las embajadas. El gobierno británico no tiene ninguna autoridad para entrar en la embajada ecuatoriana, por otra parte, de recurrir a este método sentaría un precedente muy peligroso. Con tal motivo, denunciamos la conducta del gobierno británico y su injerencia en asuntos extranjeros propio de una potencia imperialista. Este nuevo episodio de la “trama Assange” vuelve a mostrar la hipocresía y el cinismo de Inglaterra y en general de la política internacional de los países imperialistas.

En el caso de Pinochet, Inglaterra negó su extradición por razones “humanitarias” (sic) pagando de este modo los “favores recibidos” por parte del dictador, cuando por ejemplo apoyó a Inglaterra contra Argentina durante la guerra de Malvinas, y más en general por haber sido siempre un gran defensor de los intereses imperialistas en el Cono sur latinoamericano.

En la actualidad Inglaterra protege sus propios intereses así como los de EEUU contra Assange, quien mediante la difusión de cientos de miles de documentos y memorandos secretos causó daños importantes a la imagen de la diplomacia norteamericana en el mundo entero. Aunque no fueron difundidos documentos de “alto secreto” o que pudieran considerarse seriamente dañinos para la “seguridad militar” de EEUU, si se pusieron en evidencia mecanismos de espionaje y control sobre gobiernos y funcionarios extranjeros, opiniones despectivas sobre gobernantes de diversos países por parte de sus embajadores, operaciones de “presión” en defensa de sus intereses o los de sus empresas, etc. Y una de las revelaciones más escandalosas quizás, la de cientos de miles de fichas y documentos que testimonian los asesinatos a sangre fría, torturas y maltratos a miles de personas en Irak y Afganistán por parte de las tropas norteamericanas, así como también de parte sus aliados títeres. En estas denuncias también se vieron involucrados militares del ejército británico. Los casi 400.000 documentos que conformaron los “papeles de Irak” muestran la política de asesinatos y torturas de los ejércitos imperialistas de ocupación, y al mismo tiempo confirman que todo esto ocurría bajo absoluto conocimiento del Pentágono, que recibió cada uno de estos informes. El mantener esta información en “secreto” no respondía a razones de “seguridad nacional” como argumentaron políticos demócratas y republicanos en EEUU, sino más bien para evitar el repudio internacional a estas bárbaras acciones cotidianas. Como lo explicaba bien un artículo del diario El País de octubre de 2010: “Los documentos de la guerra de Irak difundidos por la web WikiLeaks demuestran que la seguridad de las tropas no es, como alega el Pentágono, la principal razón por la que se oculta información. En muchos de los casi 400.000 informes filtrados figura la siguiente leyenda: “Events that may elicit political, media or international reaction [Hechos que quiza provoquen reacciones políticas, de los medios de comunicación o internacionales]”. Uno de los incidentes que recibió esta calificación tuvo lugar el 9 de junio de 2007 en el campo de prisioneros de Camp Bucca, al sur de Irak, y en el mismo resultaron heridos 58 iraquíes y otros seis muertos, por solo un herido de las fuerzas de la coalición. La nota está clasificada como secreta.”

No está claro cómo se resolverá la actual situación de Assange, recluido en la embajada de Ecuador. El gobierno británico primero amenazó por escrito al gobierno de Correa, planteando que ingresaría en la embajada para detener a Assange. Luego tuvo que retroceder, dado el repudio internacional que provocaría, pero sigue firme en que si Assange pone un pie fuera de la embajada será detenido. La defensa de Assange plantea que la extradición a Suecia por la acusación de delitos sexuales significaría una “parada” transitoria para su extradición final a EEUU, donde el soldado Manning (acusado de ser el que filtró documentos secretos a WikiLeaks) está detenido hace dos años en una base militar y le espera la cadena perpetua. Dicha posibilidad puede ser cierta, y nadie duda que EEUU presiona para castigar a Assange, al que viene hostigando y amenazando desde hace años. Por esto defendemos el derecho a Assange a solicitar asilo político en Ecuador u otro país.

Pero desde la izquierda no podemos ignorar las acusaciones de serio delito sexual diciendo que se trata de un ‘delito menor’ y tampoco nos hacemos eco de los argumentos empleados por los defensores de Assange que dicen que cuando una mujer acepta tener relaciones con un hombre una vez, en todas las ocasiones siguientes debe estar dispuesta a ello. Defendemos el derecho de WikiLeaks a que se publiquen los documentos y denunciamos la hipocresía de los gobiernos de EEUU y Gran Bretaña. Pero al mismo tiempo las acusaciones de delitos sexuales deben ser investigadas, por una comisión de investigación independiente, formada por personalidades reconocidas de los derechos humanos y organizaciones por los derechos de las mujeres, sin ningún compromiso con los gobiernos comprometidos en el caso.

Correa ha cosechado en estas semanas el apoyo del UNASUR y uno más tibio por parte de la OEA (ya que por presión de EEUU se eliminó toda mención a la “amenaza” efectuada por Inglaterra) y ha reiterado su intención de “negociar” con Inglaterra. Correa quiere mostrarse a partir de este caso como el máximo defensor de la “libertad de expresión” y los derechos humanos, buscando así represtigiarse de las críticas internas en Ecuador, tanto por parte de la oposición de derecha como por parte de sectores del movimiento estudiantil, campesinos, trabajadores y la limitación a la expresión de los medios de prensa críticos, con el cierre de 17 estaciones de radio y los 150 casos de agresión a periodistas como ha sido denunciado por organizaciones que defienden el derecho de Julian Assange a publicar en WikiLeaks los documentos confidenciales

Más allá de cómo se desarrollen los acontecimientos (una negociación entre Gran Bretaña y Ecuador, o una reclusión de “larga duración” para Assange) la “tramaWikiLeaks” sigue mostrando tanto la declinación hegemónica norteamericana como la hipocresía de las “relaciones internacionales” del capitalismo imperialista. Esta historia continuará… 2-09-2012

Corriente Revolucionaria de Trabajadores y Trabajadoras (CRT)

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